Leyendo los semanarios

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De regreso de un breve viaje estuve poniéndome al día con la prensa. He aquí algunos comentarios que tal lectura me sugirió.

En la primera plana de Opinar del 12 de noviembre se muestra al Cr. Faroppa, en caricatura, dándole una lección al Ministro de Economía y al Presidente del Banco Central. Al pie se dice que el neoliberalismo económico pereció en el aula, y se augura que, habiendo muerto en teoría, pronto desaparecerá en la práctica.

En la sección de economía y bajo el título "El modelo no es viable" se reseña la conferencia del Cr. Faroppa, pronunciada el 10 de noviembre, a que se alude en la tapa. Pero al llegar a la base teórica de la tesis del expositor, la deja elíptica. La crónica dice:

"Calificando a la política monetaria como 'la espina dorsal de la actual concepción económica' el conferencista se detuvo en su análisis. Se sumió en su descripción..."

Pero sobre el contenido del análisis y de la descripción la reseña nos deja sumidos en la oscuridad. El arma letal del conferencista permanece oculta. Se representó Hamlet, pero el príncipe estaba de licencia.

Yo asistí a la conferencia, y la verdad es que no reconocí en la exposición del Cr. Faroppa la teoría monetaria que se expone en la literatura generalmente considerada representativa. Habrá que aguardar a la publicación de la conferencia para continuar esta importantísima cuestión.

En todo caso, el enfoque de Opinar es decididamente indiscreto para el Cr. Faroppa, un hombre que indudablemente cuenta la modestia entre sus virtudes, y cuyo tono en modo alguno dio pie a la pose de magister con que se ha pretendido retratarlo.

En "Correo" del 13 de noviembre el Sr. H.T. me llama Doctor Insólito y dice que soy un hombre de sorprendentes iniciativas.

Ser insólito y proponer cosas sorprendentes no es necesariamente malo. No todo lo sorprendente es original y valioso, pero todo lo que sí lo es resulta siempre sorprendente e insólito al principio.

El Sr. H.T. parece participar de una aversión muy uruguaya a todo lo que sale de lo común. Se ve claro que él y sus compañeros sólo se sienten seguros si siguen un trillo bien marcado. Es una lástima. Quién sabe si no es eso mismo lo que está obstando a que alguna vez se les ocurra sobre algo alguna idea nueva.

Insólito no es, como decía, algo malo. Se aprecia, por ejemplo, en la proposición siguiente: En la misma edición de "Correo" se publica un artículo del Sr. Francisco Forteza cuya calidad es insólita para el estilo de análisis económico de ese semanario.

¿Está claro?

En Búsqueda del 11 de noviembre aparecen en la última página sendas entrevistas a dos jóvenes dirigentes políticos. Ante la pregunta dirigida a ambos sobre los defectos del viejo sistema político, el Dr. Alberto Brause expresa que por cierto tenía defectos, pero que no es del caso reseñarlos ahora.

No estoy de acuerdo. Lo que necesitamos es fortalecer nuestro sistema de partidos, y nada más vital para ello que demostrar que poseen capacidad de autocrítica. Incluso la respuesta del restante entrevistado —el Dr. Juan Andrés Ramírez— es excesivamente general. Se refiere a la demagogia, que es un defecto en alguna medida imputable a todos los partidos del área democrática. Pero aquí en el Uruguay ocurrieron cosas que no pasan en todos los países. Un estancamiento económico totalmente sin paralelo en el mundo entero, la emigración de alrededor del 10 % de la población, la quiebra del estado de derecho durante la vigencia, al menos aparente, del régimen constitucional: todo eso tiene que revisarse y explicarse.

Por mi parte, no estoy dispuesto a dar mi voto a ningún candidato ni a ningún grupo político que pretenda esconder los fragmentos del jarrón roto debajo de la alfombra. Sólo teniendo un diagnóstico de lo acontecido puede concebirse la esperanza de no repetirlo. Por cierto que no se trata de buscar responsables. Eso lo somos en mayor o menor medida todos, y no es lo que importa. Lo que importa es verificar que nuestros líderes sabrán conducirnos, y no nos llevarán a tropezar otra vez con la misma piedra.

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