El estilo de la oposición

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Las críticas de la oposición a la política económica son importantes desde dos puntos de vista.

El primero es el del mejoramiento de la acción gubernamental. Como uno de los opositores ha señalado, sin embargo, las contribuciones susceptibles de lograr este resultado suelen ser de detalle, y no podrían pedirse a quienes no participan de las bases filosóficas y sociales de la política actual. En efecto, no habría sido razonable, digamos, reprochar a Lenin opositor su falta de comentarios sobre la política de mercado abierto del banco central zarista.

El segundo aspecto es de alcance más universal. Las críticas de la oposición deben ayudar a los ciudadanos a formar juicio sobre la gestión de las autoridades presentes, y sobre los posibles esquemas alternativos.

Esta función ciertamente no se cumple si la oposición se limita a trasmitir su percepción de una situación económica desastrosa. El desastre debería ser asociado con rasgos particulares de la política, y el mecanismo causal debería dilucidarse.

No puede bastar con colgar un rótulo a la política, como hace un crítico cuando recientemente se refiere "al asfixiante mecanismo monetarista en que se embarcó el... gobierno", ni afirmar, como hace él mismo, que la recesión ha sido provocada por el "dogma monetario". ¿En qué consiste ese dogma? ¿Cómo ha influido para moldear la política actual? Y esa política, ¿cómo ha incidido en la coyuntura? No parece imprudente pedir respuesta a esa clase de preguntas. Alguien al menos en cada tendencia debería suministrarlas.

Una forma sencilla en que los opositores pueden ilustrar al público sobre el sentido de sus críticas consiste en precisar si existe alguna manifestación concreta de política económica, en el país o en el exterior, en el presente o en el pasado, con la que se sienten identificados.

Un planteamiento de ese orden puede suministrar criterios útiles para la evaluación de sus planteos. Por ejemplo, varios opositores han enfatizado recientemente la precedencia de las soluciones políticas sobre las económicas, aún en el sentido de que aquéllas abrirían paso a éstas. El retorno a la normalidad constitucional es deseado por la enorme mayoría de los uruguayos. Más aún, gran número dentro de esa mayoría, en el cual no vacilamos en contarnos, sitúa el objetivo de la vuelta al estado de derecho muy por encima de cualquier meta de prosperidad material. Eso no significa que todos quienes abrigan esos deseos, y abrazan esos valores, crean que la libertad política constituye una salvaguardia de política económica sensata. Quienes pretenden tal cosa deberían referirse, digamos, al lapso 1955-73, cuando la catástrofe ni fue coyuntural ni se debió a influencias externas. En ese período, ¿faltó la libertad política? ¿Fue la libertad política entonces de un carácter diferente a la que debemos implantar ahora? Tampoco parece excesivo pedir que las preguntas de ese orden sean contestadas.

Un destacado crítico del gobierno ha explicado recientemente por qué no propone una estrategia económica alternativa. "Las propuestas", ha escrito, "tienen que ser viables. Un modelo alternativo sería sustancialmente distinto del vigente y no podría concretarse en un régimen autoritario".

No entendemos. Sencillamente este enfoque carece para nosotros de todo sentido. El modelo, en un régimen democrático, ¿podría concretarse? En caso afirmativo, ¿cuál es? No podemos apreciar de qué manera el carácter autoritario del régimen vigente está bloqueando las soluciones económicas genuinas mientras no se aclaren estos aspectos.

Ese mismo crítico desempeñó un alto cargo de gobierno en la Administración del Presidente Gestido. ¿Se siente identificado con la política económica que entonces desarrolló? Y si no, ¿en qué aspectos discrepa? Sería sumamente útil conocer sus respuestas.

Según otro periodista, la intensidad con que la recesión externa se ha sentido "se debe a este modelo económico que liquidó la protección y abrió nuestras fronteras". ¿Se sentirá consustanciado este opositor con la vieja estrategia autarquizante que cerró drásticamente nuestra economía? Convendría que lo precisara.

Ojalá que el futuro no demore en depararnos una buena zafra de contestaciones.

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