Las cuentas fiscales en rojo subido

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Hemos leído la información de octubre sobre las cuentas fiscales con honda preocupación. Se registra un déficit de 777,3 millones de nuevos pesos sobre un ingreso de N$ 1.577,7 millones. Aún ajustando estacionalmente los ingresos y egresos, se arriba a un déficit muy cercano al 30% de las entradas.

Tomando los diez primeros meses del año, el déficit acumulado de N$ 819,3 millones representa 4,8% de los ingresos. Nosotros pronosticamos un déficit entre el 5 y el 6% para fin de año, una vez conocido el virtual equilibrio global alcanzado en setiembre. Ahora no sabemos cómo revisar nuestro estimado, porque las cifras parecen fluctuar erráticamente. El Ministro Arismendi sabrá disculparnos, pero nos resulta difícil alejar el pensamiento que las excelentes cifras de setiembre reflejaron un ajuste más cosmético que sustancial.

El problema sigue estando centrado claramente del lado de los gastos, hallándose los de octubre 36,6% por encima del promedio de los nueve meses previos. Por razones de estacionalidad no debería situarse más del 12% por encima de dicha media.

Evidentemente algo ocurrió con los gastos del gobierno a mediados de este año, que por ahora no ha logrado ser resuelto. El cónclave prometió la rebaja del gasto público. A esta altura nosotros estamos dispuestos a tirar cohetes si el gasto no aumenta desmesuradamente.

Lo que sorprende y es de lamentar es la ausencia de información. Las autoridades están enfrentando una verdadera crisis de credibilidad. Sin embargo omiten explicar un fenómeno tan grave como el que estamos comentando, y dejan consiguientemente abiertas las puertas a los rumores y a las conjeturas, lo que no puede menos que agravar la situación.

Si las autoridades se hallan sinceramente resueltas a restablecer el orden ejemplar que por algo más de dos años ostentaron sus cuentas fiscales, en el cual dicho sea de paso se ha basado el crédito que algunos comentaristas les hemos dispensado, tendrán que informar cómo se ha originado esa tremenda hinchazón de las expensas, y precisar la manera en que se proponen restituirlas a su tamaño normal. De lo contrario la batalla de las expectativas tomará para ellas un sesgo francamente adverso.

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