El Sr. Ferber me ataca personalmente en una carta abierta que ha hecho publicar en la prensa. Yo no creo haberle atacado personalmente a él. Cuanto hice fue indicar que, al mismo tiempo que hacía ostentación de no entender de economía, se ocupaba públicamente de temas económicos de gran trascendencia, inclusive recomendando una devaluación de enormes proporciones. Quien se descalificó para tratar esas cuestiones fue él mismo. No está claro en qué ofendió al Sr. Ferber que yo simplemente lo señalara a mis lectores. Tal vez se haya visto a sí mismo en una posición desairada. No es mi culpa. Un minuto de reflexión le bastará para apreciar que él mismo se situó en ella.
Hay una sola cosa que me preocupa en la carta abierta del Sr. Ferber, y es su alusión a un artículo mío aparecido en BUSQUEDA de setiembre 23, donde digo que "hay animales que hablan, aunque no entiendan de qué, y los hay que se ríen, aunque nosotros no entendamos de qué...". Extrañamente el Sr. Ferber cita este pasaje (con inexactitudes) y da a entender que la palabra animales está usada como invectiva, para caracterizar a quienes no entienden algo, presuntamente de economía. El contexto de mi artículo excluye toda posible confusión. Junto con los animales que hablan (claramente loros) y se ríen (claramente hienas) están expresamente mencionados los pájaros, los leones, las abejas, las hormigas, y aludidos todos los mamíferos superiores. El pasaje tiene el inocente propósito de demostrar que el intercambio es una actividad específicamente humana, y que mientras los animales poseen mucho en común con los seres humanos, ninguno ha sido visto jamás dedicado a trocar objetos, cosa que no dejamos de presenciar cada vez que nos detenemos a mirar el juego de un par de infantes. Este último aspecto me llevaba a referirme al "trueque de autitos por figuritas", frase que el Sr. Ferber también cita en su epístola, por razones más crípticas aún.
Sé de gente que ha justificado la ira del Sr. Ferber alegando: "Después de todo, al pobre Sr. Ferber lo han tratado de animal". Y hay quienes me afirman que el Sr. Ferber usó la cita de mala fe, para atraer la simpatía del público, ya que no pudo encontrar en mi artículo una sola palabra citable en apoyo de su furiosa reacción. No sé si será cierto. La alternativa es que el Sr. Ferber sea totalmente incapaz de entender un sencillo texto escrito en su propia lengua. Esto sería grave. De ser así, el Sr. Ferber no debería hablar públicamente, no ya sobre economía, sino sobre nada. Con todo, esta hipótesis es para él la más favorable de las dos.
De las otras cosas que el Sr. Ferber dice sobre mí, un verdadero cúmulo de cosas, ninguna elogiosa, no he de ocuparme. Para mí son cosas importantes, pero no por ello lo son para los lectores de BUSQUEDA. Contra la imputación de que he tratado de animal a alguien que padece dificultades de comprensión me defiendo, porque pienso que, de ser cierta, reflejaría una luz muy desfavorable sobre este semanario. Personalmente yo no compraría una publicación cuyo director tratara de animales a quienes discreparan con él, o no entendieran algo. Las otras acusaciones, en cambio, -v.gr. que soy poco limpio en la polémica, que soy torpe en ella, que ataco con falta de dignidad, que soy inhumano, que no entiendo nada de algunos temas sobre los que escribo, que carezco de sentido común- son tales que el público puede formar su propio juicio leyendo esta misma publicación.
Es inexacto que yo tenga a mi disposición un periódico. Ni BUSQUEDA es mía, ni está a disposición de nadie. BUSQUEDA fue fundada y existe para servir la causa de la libertad en todos los terrenos. Ocurre que en el Uruguay la causa de la libertad en el terreno económico había quedado mucho tiempo sin defensa pública, y nuestra modesta revista al ser tal vez la primera en enarbolar su bandera, hace ya bastantes años, quedó en cierto modo identificada con ella. Pero se trata de una gran causa, fuera de toda proporción con nuestro tamaño, sin lugar a dudas dominante en el mundo académico de Occidente, lo que viene repercutiendo en el terreno político, en el mundo entero y con creciente frecuencia. Si el Sr. Ferber se tomara el trabajo de informarse -no tendría que hacerse economista para ello- se convencería de que ni somos una secta, ni nos limitamos a formar una conspiración para evitar que los uruguayos que deben pesos logren licuar sus pasivos a costa de sus compatriotas ahorristas.