Keynesianismo

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John Maynard Keynes poseía una personalidad muy rica, de fuerte contenido idiosincrático. Esta parte de su personalidad siempre se mantuvo estrechamente vinculada con su obra científica. Si uno lee los escritos de Paul Samuelson se entera relativamente poco sobre Samuelson el hombre, más allá de Samuelson el economista, pese a que ellos abarcan un texto elemental y una gran cantidad de artículos periodísticos. Keynes no escribió ningún libro de texto —nunca habría reunido bastante paciencia para el primer capítulo— pero en cambio dejó una profusión de escritos periodísticos y polémicos donde es natural que volcara muchas de sus preferencias personales. Pero, además de ello, cuando escribió su obra científica cumbre, la Teoría General, aparte de rehusarse a afectar la prosa gris e impersonal que suele considerarse "de rigueur" en el mundo académico, incluyó un Libro entero (el VI) que, pese a su título —"Breves consideraciones sugeridas por la Teoría General"— con frecuencia guarda con el meollo de la obra sólo el más tenue de los vínculos, y consiste en cambio en un receptáculo de opiniones basadas en el prejuicio o la ideología. Allí es donde, por ejemplo, pronostica que en el futuro la influencia del autor y empresario germano-argentino Silvio Gesell (usted tal vez oyó hablar de Villa Gesell pero menos probablemente de "El orden económico natural") superaría la de Karl Marx. Allí defiende las leyes de usura y el mercantilismo en general. Allí da rienda suelta a su aversión hacia la virtud de la frugalidad y redondea su tesis sobre la eutanasia del rentista, elaborada según Alvin Hansen —un discípulo entusiasta— "en uno de sus momentos menos responsables". A propósito de él es que Joseph Schumpeter escribió: "Cuanto menos se diga del último libro, mejor".

Otras sentencias y frases idiosincráticas son más antiguas. La archifamosa "En el largo plazo nos habremos muerto todos" es del Tract (1923; la Teoría General es del '36). La expresión "reliquia bárbara" para referirse al oro no he podido ubicarla, pero buscándola encontré este pasaje de 1914: "Si resulta que, como uno de los efectos de la presente guerra, el oro es por fin depuesto de su control despótico sobre nosotros, y reducido a la posición de un monarca constitucional, se abrirá un nuevo capítulo de la historia".

Otro aspecto, vinculado al anterior, que marcó una discrepancia temprana con sus colegas de Cambridge y en el que sus correligionarios del Partido Liberal no le acompañaron, fue lo que su biógrafo, y célebre economista, Roy Harrod llamó la "presunción de Harvey Road", o sea que la política estaría en manos de un pequeño núcleo de personas caracterizadas por la ilustración y la honestidad como los vecinos de Keynes de la calle Harvey, o sea la casa de su familia en Cambridge, donde ya su padre era profesor. Esa confianza en la integridad y el desinterés de los funcionarios y gobernantes es el presupuesto de la literatura hortatoria en que gran parte de los escritos keynesianos y poskeynesianos consisten. Es igualmente un prerrequisito de la hostilidad que Keynes sentía respecto del patrón oro y su disciplina automática.

Aparte de componentes idiosincráticos, la Teoría General contiene una verdadera revolución de la Teoría Económica. Todavía los economistas no se han puesto de acuerdo acerca de cuál sea la innovación esencial de Keynes, pese a la incesante corriente de interpretaciones. Su obra fue ante todo fermental. La parte de ella que cristalizó en una nueva ortodoxia —la Nueva Economía— no era sin duda la más valiosa, y la insistencia en aplicarla en la coyuntura de elevado empleo que caracterizó la última posguerra tiene sin duda mucho que ver con la explosión inflacionaria que ha sacudido al mundo a partir de fines de la década de los años '60. Al mismo tiempo, como enfoque de las fases contractivas del ciclo económico, como instrumento para pensar en una situación como la actual, creo que el sistema keynesiano es insustituible. Robert Mundell piensa que hay lugar en el mundo a la vez para el sistema clásico y para el keynesiano, y yo, que me siento perdido en los modelos "monetaristas" del ciclo, como los de Lucas y Sargent, confío en que tenga razón.

Al mismo tiempo siento muy poco apego al sistema keynesiano de prejuicios, a lo que podría llamar la parte idiosincrática de su legado. Temo que muchos que se consideran a sí mismos keynesianos no pasen de compartir algunas actitudes vitales de Keynes, como la "presunción de Harvey Road" y lo que podríamos llamar el "penchant de Keynes-Cavallo" hacia las tasas reales de interés negativas. Tal vez por eso me encuentre con tanta frecuencia, ante cuestiones concretas, en las antípodas de muchos autodenominados keynesianos, sintiendo como siento por el sistema de pensamiento de Keynes tanto interés y tanto respeto.

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