Posiciones conservadoras

Descargar PDF

El Dr. Juan Vicente Chiarino, en la entrevista que concedió recientemente a Búsqueda y apareció en nuestra última edición, afirma que la Unión Cívica no es un partido conservador.

En nuestro presente el vocabulario político asume un interés particular, y hoy queremos preguntarnos cómo debe entenderse ese adjetivo, que el Dr. Chiarino ha rechazado como apropiado para describir a su partido, postura ésa de rechazo que, nos atrevemos a presumir, llegado el caso reproducirían todos los otros dirigentes políticos del país. Y queremos asimismo inquirir en qué medida ellas reflejarían la realidad.

Aunque esto es debatible, pensamos que las palabras "conservador" y "conservadurismo" suelen usarse con dos significados distintos, sin perjuicio de que uno y otro reconozcan una diversidad de matices.

El significado que, por importancia, mencionaremos primero es raramente encontrado fuera de la literatura de filosofía política. Alude a la corriente de pensamiento que tiene origen en las "Reflexiones sobre la revolución en Francia" de Edmund Burke, libro aparecido en 1790, en la cual cabría inscribir como principales figuras a Benjamin Constant, Alexis de Tocqueville, Lord Acton, José Ortega y Gasset y Friedrich von Hayek, cuyo rasgo principal consiste en la afirmación de una razón histórica, distinta de la razón matemática, aplicable a los asuntos humanos, lo que excluye la concepción del progreso social como una serie de discontinuidades, de nuevos comienzos a partir de cero, y erige la continuidad como un valor primordial en la evolución de los pueblos y sus instituciones.

La figura de Burke es definitoria de esta actitud intelectual. No perteneció al partido tory, que terminó llamándose conservador, sino al whig, que terminó denominándose liberal. Su ideal de cambio histórico se veía reflejado en la revolución inglesa de 1688, que había representado un paso fundamental hacia la plenitud de las libertades individuales, manteniendo intactas las instituciones inglesas tradicionales. Desde el propio Parlamento británico, Burke apoyó la revolución independentista norteamericana, otra revolución "conservadora", que había tomado las armas en defensa de los derechos individuales asentados en una larga tradición, y no de una concepción abstracta de la sociedad, a construirse a partir de una tabula rasa, como poco después harían en Francia los hombres del '89.

En este sentido, "conservador" no es alguien que se opone al cambio, sino que afirma el valor de una clase de cambio: un cambio orgánico, semejante al crecimiento biológico, respetuoso de la identidad subyacente del ente social que se transforma.

En el segundo significado de "conservador", sin duda el más corriente y, en la práctica de nuestros foros políticos, prácticamente el único que oímos emplear, el término alude a la persona que se opone al cambio, querría preservar una determinada configuración institucional y, por supuesto, una determinada constelación de privilegios, indefinidamente. El término se usa en contextos de abominación, o invectiva, y nadie lo asume voluntariamente como aplicable a sí mismo. Inútil, por tanto, hurgar en los programas, plataformas, declaraciones de principios y otros documentos similares, en busca de una posible admisión de "conservadurismo".

Es preciso, pues, atenerse a los hechos, para decidir si tal persona o tal grupo es o no "conservador", en este segundo significado. Al plantearse tal cuestión conviene tener presente la relatividad del término en esta acepción. Una postura de rechazo del cambio, y de consiguiente afirmación del orden establecido, no nos dice nada acerca de cual pueda ser éste. En la Unión Soviética el Partido Comunista, como es natural, es un partido "conservador" y aquel país no conoce un grupo más tenazmente adverso a cualquier transformación social que el Politburó, ni el mundo sabe de una organización más ferozmente represiva de todo radicalismo que la KGB.

Volviendo al reportaje al Dr. Chiarino, en sus declaraciones encontramos un solo elemento de juicio que abona su rechazo del adjetivo "conservador" respecto de su partido, si bien es un elemento de juicio de gran importancia. Nos referimos a la vehemente adhesión que formuló al principio de la libertad de enseñanza, con el consiguiente ataque al monopolio de la educación superior en manos del estado. En el Uruguay esa posición implica un acusado radicalismo.

Si uno repasa otras declaraciones políticas es difícil encontrar propuestas análogamente radicales. Ningún grupo plantea, que sepamos, un cambio estructural en el campo de la justicia, ni de la enseñanza, ni de la salud, ni del sistema de empresas y monopolios estatales. Apenas en unos pocos sectores, como la banca y la propiedad rural, se proponen innovaciones, y aun ello por lo general en base a ideas tremendamente anticuadas. Puede ser que se trate de una actitud inducida por la coyuntura presente, pero es difícil evitar la impresión de que la tónica general de nuestros grupos políticos es en la actualidad decididamente conservadora.

Vista previa del documento