Opciones limitadas

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Según versiones que emanan reiteradamente de círculos políticos, la profunda recesión en que nuestra economía se halla sumida obedece al "modelo monetarista" que aplicó el gobierno, en cuya cuenta hay que cargar asimismo el elevado endeudamiento externo en que hemos incurrido. Ese cuasi consenso de los partidos tradicionales se complementa con la tesis de que hay otro "modelo", un "modelo dirigista", que habría sido capaz de resguardarnos de esos males y está en condiciones de reconducirnos hacia la salud económica, a la vez que hacia una distribución menos desigual de la riqueza y el ingreso.

Este enfoque folclórico —en sentido riguroso del término, que apunta hacia creencias populares no surgidas del análisis ni cernidas por la crítica— es uno de los peligros más graves que se ciernen sobre la nueva etapa institucional en que nos aprestamos a ingresar. Es nuestra convicción que el camino hacia el estado de derecho, que todos deseamos recorrer, está pavimentado de razonable estabilidad monetaria, y del grado de crecimiento económico necesario para infundir en los jóvenes la idea de que la construcción del país es una empresa viable, en la que vale la pena poner el hombro, así como para limar las aristas más agudas de los conflictos de intereses sectoriales. Para que estas metas instrumentales se vuelvan asequibles, a su vez, un diálogo nacional asentado sobre bases racionales es un requisito indispensable. El folclore mejor dejémoslo para los ratos de esparcimiento.

Este es un mensaje que querríamos hacer llegar a los políticos, a la vez que a la opinión pública, al ciudadano en general. En éste querríamos inflamar la conciencia de su responsabilidad por la calidad del debate político que va a desarrollarse. El ciudadano puede verse a sí mismo como el integrante del coro en una obra en que la mayor parte del diálogo está escrito para los líderes políticos, pero no debe escapársele que, por más que los personajes parezcan hablar entre sí, fundamentalmente se dirigen al coro, cuyas son las preguntas que orientan el discurso, y que es por ello el verdadero protagonista. O, si prefiere una imagen más cotidiana, puede verse a sí mismo como un participante en el mercado de ideas políticas, del lado del consumo, abrigando la convicción de que, si bien del lado empresarial van a hacer ostensiblemente publicidad para influirlo, todo el tiempo de alguna manera van a estar haciendo también investigación de mercado para averiguar qué producto él está dispuesto a comprar.

¿Cómo influir? Si algún grado de militancia está en su repertorio vital, milite. Si no, trate de comunicarse con los candidatos o precandidatos. Cuando estos organicen reuniones, asista. Escríbales. Insiste a otros a que lo hagan. Esta no es una costumbre uruguaya, pero está entre lo mucho que tiene que cambiar. En definitiva, hable del tema con sus amigos. No olvide que los políticos son gente con antenas sensibles.

Pregunte. Mantenga una actitud crítica en permanente alerta. Si oye decir que el "modelo monetarista" es el causante de nuestros males, inquiera qué significa "monetarista". Pregunte si Mitterrand es monetarista, si el adjetivo le cuadra a Delfim Neto, a Herrera Campins, al PRI mexicano, a los gobiernos de Polonia y Rumania, etc. Esto no significa que sugiramos que nuestros problemas vienen todos de fuera. Implica que ha habido algo en el mundo que posibilitó, o aún instigó, muchos errores comunes. Y, yendo a los específicamente nuestros, pregunte si un déficit global del sector público del 12% del PBI (cifra de la carta de intención del gobierno uruguayo al FMI) es una expresión de la política monetarista. Y si un incremento del 21% al año en términos reales de las transferencias pagadas por la seguridad social en 1980 y 1981 puede haber sido aconsejado por Milton Friedman. Y si el aumento del crédito del BHU en 1982, que según la carta de intención sumó U$S 530 millones, puede haber resultado de aplicar la cartilla de la Escuela de Chicago. Cerciórese de si, cuando dicen "monetarista", no están queriendo decir, en definitiva, "irresponsable".

Pregunte cuáles son las opciones. No deje que le digan que van a proteger a todos los sectores. Nunca pierda de vista que el estado carece de recursos propios y, por ende, sólo puede proteger a unos desprotegiendo a otros. Recuerde que todo beneficio implica costos: no deje que se los escamoteen. Búsquelos exhaustivamente, y exija que le digan quién los va a pagar.

¿Quieren cerrar la economía? ¿Comercialmente? En un país con menos de 3 millones de habitantes sería franca locura. ¿Financieramente? En un país con la inclinación espontánea al ahorro de Uruguay, significaría estancamiento. ¿Quieren abrir la economía? Eso fuerza a una disciplina estricta en lo fiscal y monetario. A algo semejante al menos a las verdaderas recetas monetaristas.

¿Qué alternativas hay? ¿Por ventura hay alguien que piense que el secreto está en una ampliación del sector público, en una expansión de las empresas estatales, en otra vuelta de tuerca burocrática? Y si no, ¿de qué nos hablan, qué es lo que proponen? Pregunte sin descanso, no deje que meras barreras verbales detengan su curiosidad.

Para los políticos, o para algunos de entre ellos, también tenemos un mensaje. Comprendemos que tienen que pensar en las elecciones, y que el problema de gobernar es sólo para los que ganan, y viene después. Pero miremos la escena mundial. Los resultados electorales de Francia y de Alemania están diciendo algo. Lo mismo que el panorama político británico, donde el Partido Conservador muestra ventajas abrumadoras en las encuestas, y donde nadie piensa que el liderazgo claramente "monetarista" de Margaret Thatcher pueda ser puesto en tela de juicio, pese al desempleo record y a la libra maltrecha. La ola de los políticos que prometen dádivas parece ser la que se retira, la de los que hablan un lenguaje de responsabilidad y realismo luce ser la que eleva su cresta espumosa... ¿Qué el Uruguay es diferente? Nosotros no estaríamos tan seguros.

En todo caso, es un hecho que en el mercado de ideas políticas la oferta está demasiado concentrada en el sector paternalista-intervencionista-populista. Los políticos deberían aceptar el consejo que la mercadotecnia ofrece en parecidas circunstancias: diversificar el producto. La vieja prosperidad uruguaya se hizo con trabajo, con credibilidad frente al exterior, con ahorro, y un segmento importante del mercado que todavía crea en esa clase de cosas. Y está flagrantemente desabastecido.

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