Redistribución regresiva

Descargar PDF

Bajo el título "Educación superior: la elitización y el descontento", el semanario "Aquí" publica los resultados de una encuesta efectuada en la Facultad de Ingeniería, en la cual los estudiantes fueron interrogados sobre dos temas: su posición económica y su opinión sobre la calidad de los servicios que la Universidad les está brindando. El contenido de esa nota es sumamente interesante en todas sus partes, pero hoy voy a concentrarme en los datos que arroja la encuesta sobre el nivel económico de los hogares que envían sus hijos a dicha Facultad. El artículo afirma que "gran parte de la información es representativa y válida incluso para toda la Universidad." Tal vez la información sobre la condición económica de la población estudiantil deba incluirse en aquella que es generalizable a toda la institución titular del monopolio de la enseñanza superior en nuestro país. En efecto, no parece plausible que la elección de carrera pueda hallarse estrechamente vinculada al estrato económico del hogar de cada estudiante. Una hipótesis plausible diría que la elección de Ingeniería como rama de estudios debe hallarse fuertemente correlacionada con la afición a las ciencias más que a las letras, y sobre todo con la aptitud para aprender y usar matemáticas, rasgos ambos que parecen ser más bien genética que socialmente determinados.

El nivel económico de donde los estudiantes de Ingeniería provienen es elevado, mientras que en la población global del país algo menos de la mitad de las familias son propietarias de su vivienda, este porcentaje sube a 80% entre los alumnos de aquella Facultad. "mientras que en Montevideo", expresa asimismo el artículo, "los arrendatarios representan un 42% de la población, a nivel de los estudiantes de Ingeniería sólo uno de cada 6 es inquilino o pensionista (sic)". Una división de la ciudad en zonas socioeconómicas efectuada por los encuestadores les permitió ubicar sólo el 7% de los estudiantes encuestados en barrios suburbanos o populares. Casi el 40% había cursado Preparatorios en institutos privados. La mayoría no trabaja, mientras que "casi el 60%" de los estudiantes universitarios sí lo hacen, y el 61% de los que trabajan lo hacen por menos de 30 horas semanales.

¿Qué conclusiones extrae "Aquí" de estos datos? Ellos permiten apreciar, expresa, "el carácter elitista de nuestra Universidad". El propósito de este artículo es procurar llevar más lejos el análisis de los interesantes datos aportados por el artículo, pero antes querría formular una precisión previa. El título del artículo contiene la palabra "elitización", que transmite la idea de que el carácter elitista de la Universidad, que no parece controvertible, se ha incrementado recientemente. Me parece oportuno señalar que "Aquí" no suministra información capaz de sostener la hipótesis implícita en ese vocablo. Razonando "a priori" uno no ve razón alguna por la cual semejante cambio podría haberse producido.

Una universidad "gratuita" como la nuestra tiende a generar lo que "Aquí" llama "elitismo" por dos razones básicas: una, que el subsidio implícito en la "gratuidad" universitaria no contribuye a financiar la parte probablemente mayor del costo de recibir educación superior, que está representada por el valor del tiempo que el proceso educativo insume al estudiante. La segunda, que los hogares suministran una parte muy importante de la educación preuniversitaria —en cierto modo, tanto más importante cuanto menor sea el nivel de la educación impartida por los institutos docentes— y la calidad de ésta, a través de la disponibilidad de recursos materiales (libros, diarios, revistas, discos, juguetes, viajes) y otros elementos, como base cultural de los adultos, disponibilidad de tiempo de los adultos para discutir en casa temas de interés general, y disposición de ánimo para hacerlo, es presumible que se halle positivamente correlacionada con el nivel económico de la familia.

"Elitismo", pues, acepto sin problemas; "elitización", pongo en duda, y en principio me inclino a rechazar.

Si acepto "elitismo", me asaltan en seguida dos problemas distintos. Uno, el del efecto sobre la distribución del ingreso y la riqueza derivado de la forma de financiar la educación superior en nuestro país. Otro, el de por qué tan pocos entre mis compatriotas, incluso entre los más sensibles a las cuestiones distributivas, perciban el primer problema, que a mí me parece tan conspicuo.

A ojo de buen cubero —no es posible mayor precisión que ésa, pero los cuberos no se equivocan tanto si realmente son buenos— diría que la población estudiantil encuestada debe ser en su casi totalidad cómodamente insertable dentro del cuartil superior de la población, que recibe algo así como la mitad del total de los ingresos.

Puesto que la presión tributaria se ejerce sin duda con cierta regresividad entre nosotros, esperaríamos que el 25% de la población con ingresos mayores pagara algo menos de la mitad de los impuestos, y por lo tanto que soportara menos de la mitad del costo de todos los servicios que se financiaran con recursos fiscales generales. Lo que es el caso de la educación superior.

Por lo tanto, el conjunto de las familias obreras están financiando más de la mitad de un servicio que aprovecha a las familias por así decirlo burguesas, del cual las primeras aprovechan sólo de manera marginal o nada significativa.

Las familias que realizan un cierto sacrificio económico para enviar a sus hijos a escuelas y liceos privados (un 40% del total de la población universitaria, según la misma encuesta nos hace suponer) ven reducirse de pronto tal gravamen, al llegar sus vástagos al nivel de la enseñanza superior. En los EE.UU. y en muchos otros países, éste es el período del esfuerzo económico máximo para una familia de clase media, para enfrentar el cual se ahorra antes, y que genera deudas sólo reembolsables, laboriosamente, más tarde, a través de los años. En el Uruguay es al revés. Las familias de clase media emiten suspiros de alivio cuando sus chicos llegan a la edad universitaria. ¿Cuál es el secreto? Es muy sencillo: las familias de clase media y alta se las han arreglado para que las familias de nivel económico más humilde soporten más de la mitad de la educación superior de sus hijos.

La educación superior representa una inversión en capital humano. Los que la completan reciben por lo general de su trabajo ingresos varias veces superiores a los que el resto puede alcanzar. Es conveniente para las familias acomodadas hacer que las familias trabajadoras les den una mano importante —la mano derecha, como quien dice— para costear la carrera universitaria de sus hijos, y perpetuar de tal modo su posición social; pero, ¿es al mismo tiempo justo?

Compárese el uso alternativo que podría hacerse con los mismos fondos si como regla se cobrase a los estudiantes el costo de los servicios universitarios, financiar becas, o préstamos, para estudiantes cuyos hogares careciesen de los medios adecuados para costear su educación superior, incluso naturalmente, el costo de oportunidad, resultante de demorarse la entrada plena en el mercado de trabajo de los alumnos. Esto haría que la Universidad fuera menos "elitista" y la fiscalidad menos regresiva entre nosotros. El sistema que de hecho tenemos implantado contribuye a la regresión y al elitismo de manera flagrante.

Sin embargo, quienes se consideran en una actitud progresista en materia social, suelen mantener, frente a nuestro sistema de servicios universitarios "gratuitos", una actitud de total complacencia. Al comenzar, como se recordará, expresé que dicho sistema me planteaba dos problemas: el de sus efectos sobre la distribución del ingreso y la riqueza, que según se ha visto resuelvo sin dificultad, atribuyéndole sin ambigüedades a ese sistema carácter regresivo, y, en segundo lugar, el de por qué los demás no ven lo que yo veo, o si lo ven prefieren callarlo. Y este segundo problema no sólo no sé resolverlo, sino que me mantiene sumido en el más completo estupor. Con suerte, gracias a este artículo, encontraré a alguien que quiera sacarme de las tinieblas con que esta enigmática cuestión me tiene rodeado.

Vista previa del documento