En la redacción me han dado para comentar el volumen publicado por el Colegio de Contadores y Doctores en Ciencias Económicas sobre la economía uruguaya. No es una tarea sencilla.
La primera dificultad radica en clasificar la obra por su género. Una hipótesis es que se trata de un trabajo de economía aplicada y política económica. Otra es que se trata de una encuesta de opinión pública calificada.
Como es obvio, una y otra hipótesis implican criterios totalmente diferentes para valorarlas. Si se trata de una encuesta de opinión pública calificada no cabe, por ejemplo, entrar al análisis de los fundamentos de las posiciones. Por ejemplo, cuando el volumen recomienda que la tasa pasiva real de interés no supere el 1% (p. 157) sólo procede tomar nota de que esa es la opinión de los encuestados, y no inquirir sobre la razón de ser de tal parámetro, ni sobre sus consecuencias sobre la balanza de pagos, o sobre alguna otra área de la economía. La única tarea del cronista ante semejante clase de publicación consistiría en la valoración de sus aspectos formales. ¿Cómo están presentadas las opiniones? ¿Lo están en una forma clara y sistemática, que permita su fácil comprensión como un todo? Sus partes, ¿se hallan redactadas en un lenguaje claro y sencillo, que transmita fluidamente el pensamiento de los encuestados?
En este aspecto el volumen no sale bien parado. Carece de un índice general. Cada una de sus siete partes se inicia con un índice, pero lo que sigue no siempre se ajusta a lo anunciado. Tomemos por ejemplo la parte IV, dedicada al sector financiero. A una sección descriptiva sigue otra de propuestas, en que se suceden tres correlativamente numeradas. Qué relación guardan entre sí es algo que nunca se informa al lector. La N° 1 tiene título, las otras dos no. Al lector se le dice que fueron presentadas por distintos integrantes de la comisión respectiva; pero en el índice aludido el capítulo de "propuestas" aparece titulado "Puntos de acuerdo general". ¿Se trata de propuestas alternativas o complementarias? No es fácil saberlo. Pero hay más. Al terminar las "Propuestas" figura una sección de "Proposiciones". ¿Es más de lo mismo? ¿O las proposiciones son algo diferente? Encima, las "proposiciones" no figuran en el índice, como tampoco las otras secciones descriptivas o analíticas que se insertan seguidamente, cuya relación con las iniciales no es objeto de aclaración. Con frecuencia la redacción es poco clara. En la p. 158, por ejemplo, se ofrece la siguiente alternativa cambiaria: "Doble mercado, Comercial y Financiero, pero sin limitaciones en cuanto a la posición propia en moneda extranjera de los agentes económicos, o b) Fijación del tipo de cambio y correcciones periódicas —crawling peg—, también sin limitaciones en cuanto a posición propia.".
El énfasis sobre pero y también ha sido agregado por este cronista, que fracasó en descifrar la misión que uno y otro desempeñan en la oración. En la p. 350 se nos informa, crípticamente, que mientras "... en ANTEL, PLUNA y AFE, aumentó la cantidad de personal y esto se reflejó en un aumento de la producción, en ANP bajó la cantidad de personal y esto también se reflejó en un menor volumen de cargas despachadas" (¿Será que sin que yo lo supiera le han cambiado el sentido al adverbio "también"?).
Pero si bien es posible que el volumen de 415 páginas constituya, en esencia una encuesta de opinión pública, en la intención de sus autores, o inspiradores, u organizadores, debe haber sido algo más que eso. En efecto, los numerosos cuadros de cifras, y no menos numerosas páginas dedicadas a la descripción o al análisis, traduce el propósito del volumen de llegar a ser una obra de economía aplicada, o algún otro trabajo de índole académica. Este propósito, ¿lo logra?
Sin duda la dificultad principal está en el número de contribuyentes; en la autoría colectiva, y anónima, del libro. Es como si Fuenteovejuna hubiese escrito un tratado de politicología, en lugar de haberse expresado en una jornada de acción.
En su introducción, el volumen informa que "176 colegas" se inscribieron para participar en el "estudio". Los multitudinarios contribuyentes fueron luego distribuidos en grupos separados de trabajo, "para aprovechar de la mejor manera posible la competencia profesional especializada", según se nos participa, pero también, supuesta y comprensiblemente, por razones locativas. Luego, sigue comunicándonos la introducción, se "dio absoluta libertad a las comisiones en el establecimiento de los temas específicos a considerar".
Sobre semejantes bases era imposible construir una obra provista de unidad. Ni unidad en el pensamiento, ni en los prejuicios, ni en la competencia profesional, ni en la metodología, ninguna clase de unidad podía, en efecto, haber adornado un edificio asentado sobre tales cimientos.
La primera traducción al griego del texto hebreo de las Sagradas Escrituras, o Septuaginto, fue, según la leyenda, obra de setenta monjes, cada cual laborando en su celda individual. La "traducción de los 70", como suele llamársela, disfrutó con todo de unidad razonable, pero es osado intentar emular tal hazaña, cuando los autores sobrepasan largamente los 70, y no hay razones fundadas para esperar la asistencia de poderes sobrenaturales.
El trabajo de los 176 es, pues, ante todo, inevitablemente desparejo. El grueso volumen contiene páginas interesantes, que traducen la versación de sus autores referente a los respectivos temas. Las leímos con gusto, por ejemplo, dentro de la Parte VI, dedicada al sector público, en particular dentro de la sección sobre ingresos, y de la sección sobre empresas. Lamentablemente ellas componen una ínfima minoría del total. El resto, de hecho casi todo el volumen, se halla tan desprovisto de mérito académico como podría haberse temido a partir del método seguido para elaborarlo.
En parte la debilidad del trabajo se manifiesta en errores elementales —v. gr. en la p. 150 se dice que una tasa nominal del 45% con 40% de inflación implica una tasa real del 5%, lo que exagera el nivel correcto de 3,6% en casi el 40%; en la p. 100 se alude a "un aumento sostenido de las remesas financieras enviadas al exterior" respecto del período 1976-81, siendo así que la serie, recogida en la misma página, muestra una tendencia no significativamente distinta de cero— o en proposiciones vacías de verdadero contenido —v. gr. "la protección arancelaria debe procurar no transformarse en un factor de encubrimiento de ineficiencias" (p. 153), "los bienes de capital y materias primas deben gravarse al nivel mínimo posible" (ibid.), los aranceles y otros instrumentos de protección comercial deben ser "coherentes y adecuados a la realidad de los sectores" (p. 159), las tasas de interés activas deben fijarse "tratando de lograr una tasa de interés positiva lo suficientemente baja como para permitir la expansión progresiva, y estable como para desestimular el uso de créditos para fines especulativos" (p. 165).
Otras veces se desatienden enseñanzas bien establecidas de la ciencia económica. En la p. 283 se atribuye un carácter particularmente distorsionante a la imposición a las exportaciones, cuando tal cualidad la comparte esa tributación con los aranceles a las importaciones de manera totalmente simétrica (teorema de Lerner). En la pág. 132 se reclama una política selectiva, mientras enseguida, según ya citamos, se pide la desgravación de las materias primas, tanto lo cual implica la imposibilidad práctica de conocer el nivel de protección efectiva de los distintos sectores, y resulta por lo tanto contradictorio con el concepto mismo de protección selectiva. Tanto en la p. 159 como en la 223 se compara la tasa real de interés con la tasa media de rendimiento del capital físico, en un contexto en el cual la variable pertinente es la tasa marginal esperada sobre la inversión corriente.
Como es natural, los autores emplean una gran variedad de modelos, lamentablemente sin hacerlos nunca explícitos. En el trabajo sólo encontré la palabra modelo empleada en su acepción vulgar, de estilo u orientación general de política, en la pág. 17 poniendo el término correctamente entre comillas, pero en el resto, v. gr. en la p. 246, sin esa precaución. A veces la terminología revela la genealogía del modelo, en sentido técnico, que los autores implícitamente usan. Así, por ejemplo, en la p. 21 la frase "redistribución del excedente" denota la inspiración cepalina del enfoque. El modelo que se deja ver tras el texto en la p. 159 parece ser monetarista, cuando se dice que debe ir regulándose la inflación, "frenándola o acelerándola, con instrumentos de política monetaria, p. ej. encajes, redescuentos, mercado secundario, etc." Lamentablemente, la literatura moderna sobre teoría monetaria no presta apoyo a la idea de que la autoridad monetaria pueda tener en el corto plazo el grado de control sobre la inflación que el texto citado parece presumir. De modo más general, sin embargo, los modelos parecen pertenecer a la especie voluntarista, que predominó en la literatura económica en la etapa pre-smithiana de su desarrollo, y sigue dominando en los escritos no profesionales sobre la materia. La característica de esos modelos consiste en que la economía es totalmente plástica a los dictados de la autoridad gubernamental.
(Si se me excusa un paréntesis dedicado a los lectores profesionales, diré que un sistema voluntarista es formatizable mediante la ecuación matricial D x = Y donde x es un vector de las n variables endógenas, Y es el vector de un instrumento de política económica y D es una matriz diagonal n x n, lo que vuelve trivial, una vez asignados valores objetivos a las variables endógenas, hallar los niveles adecuados de los instrumentos. Más aún, el pensamiento implícito en la literatura voluntarista determina que cierto número de los elementos no nulos de D sean iguales a 1, siendo D en el caso extremo igual a I, la matriz identidad).
Dicho ahora lo mismo en lenguaje más fácilmente comprensible: en un sistema voluntarista la autoridad puede determinar todas las variables significativas de la economía, como las tasas de inflación, de desempleo, de interés, el tipo de cambio, las exportaciones, las importaciones, el flujo de capital, el crecimiento real de la economía y sus distintos actores, etc., o bien directamente, por decreto, o bien manipulando variables instrumentales que inciden de manera sencilla sobre los objetivos. La característica esencial de los modelos voluntaristas, más específicamente, consiste en que, cuando la autoridad fija por decreto una variable, o manipula una de sus palancas instrumentales, influye sobre sus objetivos sin perturbar ninguna otra parte de la economía.
La realidad de la estructura económica es casi directamente opuesta a la visión voluntarista. La matriz de interrelaciones es complejísima (contiene, desgraciadamente, muy pocos ceros) y es casi imposible tomar una medida sin ocasionar complicaciones e incurrir en contraindicaciones. Por eso el voluntarismo en el poder ha tenido a la desilusión y a la frustración por compañeras inseparables.
El voluntarismo tiene una sola virtud: es la sencillez con que permite formular planes económicos. Más que una doctrina —nunca lo ha sido conscientemente de nadie— es una tentación. Los 176 autores del volumen del Colegio de Contadores, en conjunto, se dejaron arrastrar por ella con muy poca resistencia.
La ruta voluntarista tiene el inconveniente de no conducir a la realidad, pero ese no es el único. Padece, además, el de haber sido —merced a su facilidad— sumamente transitada anteriormente. Gran parte del grueso volumen produce una fuerte impresión de dejà vu. Tal vez por esa razón sus 415 páginas parecen nada menos que interminables. Este cronista confiesa que, aquí y allá, su lectura fue algo menos que prolija. Al mismo tiempo duda que sean muchos los lectores que, en definitiva, otorguen al texto una atención más minuciosa que la suya. Lo más probable es que los capítulos de recomendaciones monopolicen el contacto del libro con su público. De hecho, el volumen funcionará, después de todo, básicamente como una encuesta de opinión pública calificada, que es en realidad lo que llega a ser.