El comunicado de DINARP expresa que el Dr. Vladimir Roslik falleció, mientras se hallaba detenido en averiguación por autoridades militares, a causa de un paro cardio-respiratorio sin muestras de violencia.
Es una manera sumamente lacónica de dar cuenta de un episodio que ha conmovido a la opinión pública. ¿Acaso está pidiendo que dejemos atrás el hecho, sin reparar más en él, puesto que no hay "muestras de violencia" que indiquen que el accidente cardio-respiratorio que causó la muerte al Dr. Roslik fue otro que una eventualidad fortuita, sin indicios de una conexión entre el mismo y los interrogatorios a que presuntamente el mismo estaba siendo sometido?. Sin embargo los procesos vitales de un hombre cuya edad hace presumir en la plenitud del vigor no se detienen normalmente de manera fortuita, incausada ni misteriosa.
El comunicado da cuenta de que "los antecedentes del caso se hallan radicados en la órbita judicial correspondiente." ¿Debemos entender que habrá una investigación sobre las causas que determinaron la muerte del detenido? La comunicación oficial no es del todo clara al respecto. En cuanto continúa expresando que "mientras (tanto) prosiguen las actuaciones para el total esclarecimiento de las actividades subversivas...." nos hace temer que el deceso de uno de los investigados no forme ya parte de la pesquisa en curso.
Formulamos votos para que sea la redacción infeliz del mensaje la que origine esa impresión, y que, en lugar de lo que de aquél colegimos la autoridad judicial competente se halle abocada a esclarecer plenamente también lo acontecido al Dr. Vladimir Roslik, y que en su oportunidad la opinión pública sea adecuadamente informada sobre sus resultados.
La alusión a un rebrotamiento de actividades subversivas en el comunicado nos trae a la memoria, como sin duda a todo el mundo, vivencias muy ingratas y muy frescas. En lo que nos es particular, entre otras cosas nos trae el recuerdo de la aguda inquietud que llegamos a experimentar por el progreso de la guerrilla marxista, en su intento de conquistar el poder, resultado que nosotros —cualquiera fuera la variante utópica que movía a los insurgentes— no vacilábamos en identificar con la esclavización del país. Ciertamente que queremos que cualquier rebrote de una actividad guerrillera sea enfrentado con la dureza necesaria para reprimirlo eficazmente.
Ello no significa, sin embargo, que estemos dispuestos a pagar cualquier precio por la seguridad contra semejante amenaza. Si no queremos ser esclavos, y abominamos por ello la de la insurrección marxista, es porque la vida en libertad nos resulta poderosamente atractiva, y ello acontece sólo porque tenemos la gran fortuna de poder respetarnos moralmente a nosotros mismos. Quien se desprecia moralmente a sí mismo no puede tener a la libertad en alta estima, ya que la libertad no es sino el terreno donde los actos del individuo alcanzan significación ética; e invariablemente tal género de personas termina negociando la suya con algún totalitarismo de izquierda o de derecha. Pero el respeto en sí mismo es un bien costoso de preservar, que ciertamente no nos dejaría defender la libertad despreocupándonos de los medios utilizados para ello.
Vale otro tanto decir que la libertad entrega prendas al enemigo, al sujetar su propia defensa a ciertas normas, como son la defensa del propio orden jurídico, y la santidad de los valores que éste tutela. Por cierto que los enemigos de la libertad no se autolimitan de parecida manera, pero quienes aman la libertad aprenden en definitiva a aceptar el riesgo que ella conlleva, y aun a estimarlo como uno de sus ingredientes.
Con todo lo cual queremos decir que el comunicado de DINARP, si aspira a suscitar nuestra inquietud al informarnos sobre actividades subversivas recientemente reanudadas en algún lugar de Río Negro, consigue ciertamente su objetivo. Pero no en grado suficiente para que no insistamos en querer saber qué fue lo que aconteció al Dr. Roslik.