El problema presupuestal

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Una de mis principales discrepancias con el informe de la Comisión Interpartidaria radica en que ésta no dedica prácticamente ninguna atención al problema presupuestal, y todo se reduce al otro problema, el cual, dentro del marco teórico glosado en el artículo anterior, reconocemos como el problema de la transferencia, mientras que en mi opinión el problema presupuestal ocupa el centro de la cuestión.

Dicho de otra manera, para la Comisión el problema de servir la deuda consiste en poder reunir suficientes divisas para ese fin, sin perjuicio de las otras "necesidades" que el país experimenta de tales recursos. El enfoque presupuestario, en cambio, señala la dificultad de cobrar los impuestos que se requieren para aquel servicio. Este es el problema real y genuino, y lógicamente previo al de la transferencia. Resuelto éste, el de la transferencia resultaría por añadidura.

Como punto de partida, el Cuadro 1 reproduce el Cuadro 19 de la Comisión, con un agregado que pone de manifiesto la limitación de un enfoque de aquélla. El Cuadro 19 de la Comisión enfrenta los intereses sobre la deuda externa a las exportaciones de mercancías, éstas en carácter de primer fluente de divisas. El Cuadro 1 de este artículo lo reproduce en sus líneas 1, 2 y 4. Por mi parte, agrego la línea de ingresos fiscales.

Ello se debe a la caída drástica de los ingresos fiscales en 1982 y 1983, muy particularmente en el segundo semestre de esos años, cuando se los mide en dólares, mientras que las exportaciones se mantienen mucho mejor. Si bien éstas bajan respecto del pico de 1980, los ingresos fiscales se precipitan al abismo, y llegan a situarse, en 1983, en menos de 2/3 del promedio correspondiente a aquel quinquenio.

Podrá parecer a algún observador desprevenido que, a un estado actuando en el proceso, procura divisas a la vez que impuestos, que la moneda extranjera, o sea divisas, son bienes que por su esencia serán considerados refractarios a la proyección de los magistrados vernáculos. Pero no es así. Para apreciarlo mejor, hay que tomar conciencia de que el servicio de la deuda consiste en poder reunir suficientes divisas para ese fin, sin perjuicio del servicio de su deuda.

La primera forma consiste en cobrar impuestos en cantidad excedente a los demás gastos, y con ese saldo neto comprar divisas en el mercado. Es la forma paradigmática a que implícitamente hemos estado refiriéndonos.

La segunda manera consiste en imprimir dinero y salir al mercado a comprar las divisas. Ella, naturalmente, apareja más inflación. Si pensamos en la inflación como un impuesto, entonces se trata de una variante de la primera.

La tercera manera consiste en extraer las divisas del stock de reservas internacionales. Posee, como es obvio, el inconveniente que se deriva de la finitud de las reservas.

Y no hay más maneras. De modo que, si no queremos perder más reservas, ni queremos agravar más aún la inflación, ni sentimos que podemos reducir los gastos, tendremos que cobrar más impuestos. Cuando hablamos de impuestos en este contexto, debemos incluir las ganancias de las empresas estatales, que son impuestos indirectos desde el punto de vista económico, de la misma manera que sus pérdidas son subsidios. (De modo que cuando vemos que las tarifas de servicios públicos y los precios de los derivados del petróleo suben más de prisa que los demás precios, como viene ocurriendo acentuadamente desde fines de 1982, podemos suponer que se trata de recaudar más impuestos de esta clase, o de reducir los subsidios que estuvieran volcándose a los consumidores, y debemos vincular esos hechos desagradables con la deuda externa, igualmente desagradable, sólo que menos visible.)

A continuación voy a plantearme la pregunta de cómo la solución del problema presupuestario ayuda a resolver el problema de la transferencia. Con ese fin me valdré del Cuadro 2. Este está compuesto de tres paneles de cifras. En el primero, líneas 1.1 a 1.3, se muestra la "balanza" (o "saldo") de bienes y servicios —no sólo de mercancías como en el Cuadro 1— como la diferencia entre las exportaciones y las importaciones; en el segundo, líneas 2.1 a 2.4, mostramos la misma balanza como diferencia entre la oferta de bienes (PBI) y la demanda de bienes (consumo, privado y público, inversión). El tercer panel no es más que una variante del segundo, ya que el ahorro interno es igual al ingreso interno, que es igual a su vez al producto, u oferta de bienes y servicios, menos el consumo público y privado (o sea que la línea 3.1 equivale a la 2.1 menos la 2.2 y la 2.3). Un saldo positivo nos dice, entonces, una tercera cosa: que el ahorro interno superó la inversión interna y se volvió disponible para servir la deuda, mientras que un saldo negativo nos dice que el ahorro interno no alcanzó para financiar la inversión interna, y hubo que recurrir para ello a más endeudamiento externo.

Un saldo positivo nos dice que las exportaciones superaron a las importaciones (como ocurrió en 1981), pero también nos informa que la oferta de bienes excedió a la demanda, y que el sobrante fue usado por los turistas. Un saldo negativo (como el de los demás años) nos dice que las importaciones superaron a las exportaciones, pero también que la demanda de bienes excedió a la oferta, y que el faltante de oferta se colmó con bienes y servicios importados.

Ello deja ver bastante bien el peso fiscal, o impositivo, que la deuda implica para el ciudadano común, el hombre o la mujer que por su actividad tiene poco que ver directamente con las divisas. El General Perón pudo preguntarles a sus seguidores, en cierta famosa ocasión, "¿quién de ustedes vio alguna vez un dólar?", y en análogo sentido, el ciudadano común en nuestro país podría tácitamente caer en la tentación de pensar que, si el gobierno tiene que sacarle a alguien centenares de millones de dólares al año para servir la deuda externa pública, no va a ser a él que gana pesos, gasta pesos y tal vez tiene sus ahorros en pesos.

Este enfoque es de la mayor importancia y yo no podría encarecer demasiado al lector no especializado, siempre que se interese por estas cuestiones, que haga un esfuerzo por comprenderlo cabalmente. Yo diría que nada distingue tan pronto y tan claramente a una persona con un fundamento adecuado en teoría económica de otra que carezca de él que la manera de encarar una cuestión relativa a la balanza corriente. Pregúntele usted a la persona cuya preparación desea aquilatar cómo puede mejorarse la balanza comercial de un país. Si se queda en el análisis de exportaciones e importaciones, puede usted darle una mala calificación sin hesitaciones. Si piensa que basta con aumentar las exportaciones, como es tan frecuente que la gente crea, contra la más elemental experiencia (vea los Cuadros 1 y 2) bájele la nota todavía algunos puntos. Porque un aumento de exportaciones eleva también el ingreso y con él la demanda por bienes y servicios, y nada en la teoría económica lleva a esperar (salvo a veces en modelos elementales, de carácter pedagógico) que ese incremento de la demanda sea menor que el incremento de la oferta. Si el interrogado es un buen economista le dirá que un aumento de las exportaciones puede ayudar si la política fiscal es correcta, y si la política monetaria es coherente, y le dirá también que un superávit en balanza comercial puede conseguirse con medidas fiscales y cualquier nivel de exportaciones, si ellas son políticamente factibles.

Volvamos al problema presupuestal, o sea el de lograr un saldo positivo de balanza de bienes y servicios. ¿Cómo hacerlo? El panel 2 del Cuadro 2 nos recuerda que cuanto mayor el crecimiento (mayor producto, u oferta de bienes y servicios) mejores posibilidades habrá. De modo que las medidas del lado de la oferta que puedan mejorar la economía (y que no empeoren la situación monetaria) ayudarían. Pero no podemos suponer que el crecimiento de la oferta no influirá sobre la demanda en una dirección que la lamente, de modo que habrá que inhibir la demanda, para que no se convierta en más importaciones. Por supuesto, bajar el gasto público también ayuda, pero cuesta aún más. Asimismo, como tales medidas tendrán que rendir al mercado para comprar dólares, tal vez la Tesorería haya desarrollado la política al respecto para conseguir los pesos. No importa. Ella habrá estado ayudando implícitamente también a procurar las divisas.

En el próximo artículo me ocuparé de objeciones a este enfoque. Ellas tienen dos ilustres defensores (Keynes, Haberler) pero son relativas en su alcance. El problema que se plantean algunos sectores en el sentido de que un incremento de los impuestos alcanza para operar la transferencia, pero no el ahorro, lo cual todo economista que se precie pondría en duda, lo dejo para ingresar en el próximo. Pero eso es ya el tema de la semana próxima.

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