Así titularía el autor de las novelas de Patrick Quentin la historia de misterio que se ha desarrollado del otro lado del Plata, y que ha culminado días atrás, al concretarse el acuerdo entre el gobierno del Dr. Alfonsín y el FMI. Dicho acuerdo aprueba un programa económico, sobre la base del cual el Fondo concederá a Argentina un préstamo stand by, franqueándole con ello las negociaciones con los bancos internacionales a los argentinos, quienes adeudan una suma del orden de U\$S 45 mil millones.
La estructura del enigma puede delinearse a través de una secuencia de acontecimientos.
1983, período electoral. El Dr. Alfonsín promete no aceptar jamás las recetas recesivas del FMI. Afirma que es posible abatir la inflación, reactivar la economía, y mejorar el salario real y el consumo, todo a la vez. El misterio aquí consistía, no en que se afirmaran tales cosas, ya que las urnas proclamaron que la campaña no estuvo descaminada, sino en cuál sería la teoría económica en que el entonces candidato del Partido Radical se basaba. La historia y la teoría económica muestran que es muy difícil evitar un efecto recesivo en el proceso de "desinflación", habiendo sido la reforma monetaria de Erhard de 1948 una de las poquísimas excepciones. La teoría además enseña que las variables reales no pueden decretarse.
1983, entre las elecciones y la toma del mando. El ahora Presidente electo continúa hablando en el mismo lenguaje. La retórica parece abiertamente descaminada. Búsqueda editorializa expresando que el Dr. Alfonsín tiene en su discurso inaugural tal vez la última oportunidad válida para pronunciar la palabra austeridad.
Últimos días de 1983, primeros meses de 1984. La hoguera inflacionaria crepita cada vez con mayores bríos. A partir de marzo la aceleración se vuelve ominosa, como lo atestiguan las siguientes cifras de tasa de crecimiento de los precios al consumo en los últimos 12 meses: Marzo 1984, 479,1%; Abril 1984, 522,4%; Mayo 1984, 568,2%; Junio 1984, 580,2%; Julio 1984, 615,5%; Agosto 1984, 649,7%.
Mientras el Ing. Alsogaray evoca el espectro de la hiperinflación, es decir, la inflación desbocada que termina destruyendo la moneda, el gobierno sigue apegado a su vieja retórica, cristalizado en su estrategia. Los acontecimientos develan el primer enigma: la teoría en que se basaban el Dr. Alfonsín y su Ministro de Economía, Dr. Grinspun, es el voluntarismo, la doctrina que dice que las metas económicas pueden alcanzarse por decreto, y cuyo corolario consiste en afirmar que los intereses creados y la insensibilidad de los gobernantes son las causas eficientes del desempleo, la baja del salario real, y demás factores del sufrimiento de los trabajadores. Al develarse el primer misterio surge otro, sin embargo: ¿Cómo es que el voluntarismo, doctrina natural en el candidato, ha pervivido en el gobernante, al cual inevitablemente sólo va a complicarle la vida?
28 de junio. El Presidente por fin pronuncia la palabra. Se aprieta las narices y traga la amarga poción. Flanqueado por el Dr. Raúl Prebisch, que —mirabile dictu— desempeña el papel de economista ortodoxo, el Dr. Alfonsín lo dice: se requiere una política de austeridad. La hora del realismo ¿habrá llegado?
Julio, agosto, setiembre. No, no todavía. La reacción de los legisladores es robusta, incluso dentro del propio radicalismo. El Dr. Prebisch pierde influencia en la Casa Rosada. A mediados de agosto, en un nuevo discurso, el Presidente anuncia una meta de vigoroso aumento del salario real, y promete que no habrá más tarifazos, pues los precios administrados por el gobierno ya han recuperado su equilibrio. Al FMI se envía una "carta de intención" unilateralmente redactada por el gobierno argentino. Es un paso sin precedentes en el mundo —institucionalmente, para el FMI las cartas de intención son documentos negociados, como los contratos— y es seguro que el FMI rechazará terminantemente el intento de innovación. Lo hace. Los vencimientos bancarios desatendidos comienzan a multiplicarse. El fantasma del "default" (la quiebra de los países) no le da paz al Dr. Alfonsín. Puede uno imaginárselo rondando por los corredores de Olivos, como Hamlet en Elsinore, atormentado por una voz de ultratumba que le urge arreglar con el Fondo, pasarse del voluntarismo al realismo.
Setiembre 25. Finalmente ocurre. Hablando en la reunión del Fondo, en Washington, el Dr. Grinspún anuncia que se ha puesto de acuerdo con M. de Larosiére, el Presidente del FMI, sobre un "memorándum de entendimiento" (documento que detalla las líneas generales de la "carta de intención").
Setiembre 26, 27. Se conoce el texto del documento. El gobierno argentino se compromete a reducir gradualmente el control de precios, y a desfasar el ajuste de los salarios nominales, a restringir el crecimiento monetario, a elevar las tarifas públicas y los impuestos y a reducir el gasto público. Desde todos los ángulos se repite que el costo político que tendrá que pagar el Dr. Alfonsín por haber firmado lo que protestó nunca firmaría, por abandonar una meta explícita de alza del salario real, por admitir que el salario puede ser, al fin y a la postre, inevitablemente, una variable del ajuste, por anunciar que habrá más tarifazos, cuando la tinta de su promesa de que ya habían acabado los tales no está aún seca, va a ser un costo apabullante. Pero inevitable. Todo el mundo tiene que reconocer que la única alternativa era el "default": transitar por la ruta de Cuba; hacer de Buenos Aires otra Managua; lo inaceptable, lo impensable, lo imposible.
¿Por qué? ¿Por qué esa capitalización del costo político a interés compuesto? Cuando tenía que ser obvio para el Dr. Alfonsín, y todos sus Ministros y asesores, que el costo debería ser asumido. ¿Por qué esperar que asumiese tamaño tal? ¿Por qué huir de la bola de nieve para terminar debajo de la avalancha? Este es el enigma para políticos, la novela que ninguno de los candidatos orientales debe dejar de leer con atención.
El Ministro del Interior, Dr. Tróccoli, comentando el acuerdo con el Fondo, ha resumido sus implicaciones manifestando: "Nadie puede presuponer que la recuperación de la economía argentina no se va a hacer sobre la base de mantener un estado de voluntarismo y sin transitar el camino del sacrificio".
Dicho con torpeza, pero dicho al fin. Lo que sin embargo permanece impronunciable es el gran secreto: si ya sabían esto, si hubieran podido cargar la austeridad a la cuenta del régimen militar, ¿por qué demoraron tanto en reconocerlo?
Como Edipo a la Esfinge, así querríamos ver a nuestros políticos enfrentar este enigma.