Defensa del liberalismo

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La condena paralela al marxismo colectivista y al liberalismo capitalista en la carta de los obispos sugiere poderosamente la idea de que estos dos "sistemas" son entes de la misma naturaleza. Ambos ¿no son "ismos"? ¿No le suministran sendas bases ideológicas a los dos centros de poder que se disputan la preminencia mundial? Su enfrentamiento, ¿no oculta el hecho de que hay una tercera opción abierta al hombre, la de un "sistema" basado en el reconocimiento de la dignidad de la persona humana y su dimensión espiritual?

Uno se siente tentado de presentar esta oposición en términos de dialéctica hegeliana: tesis: liberalismo capitalista; antítesis: marxismo colectivista; síntesis: humanismo cristiano.

Pero las cosas son totalmente distintas a como este esquema nos las presenta. Para apreciarlo me propongo realizar una breve excursión semántica por los cuatro "ismos" que se hallan en juego, y por sus combinaciones.

Colectivismo. Denota un sistema social en que la sociedad a través del estado mantiene la propiedad del capital, y organiza la producción mediante un régimen de planificación centralizada. Denota también al conjunto de las doctrinas que abogan por la instauración de tal sistema, o creen en su superioridad frente al capitalismo. El adjetivo "colectivista" aplicado a una persona sirve para atribuirle esa clase de actitud o creencia. En la primera de dichas acepciones, como hecho, el colectivismo en Occidente ha resultado de su imposición por medios revolucionarios (Rusia, China, Cuba, etc.) o por medios imperialistas (RDA, Checoslovaquia, Hungría, Bulgaria, etc.).

Es posible sostener que las civilizaciones desarrolladas desde el IV milenio A.C. en Egipto, Mesopotamia, China, India y América (precolombina) poseían características esencialmente colectivistas, y que surgieron espontáneamente merced a la evolución histórica, no por medios violentos. Sin embargo un hiato histórico prolongado separa aquellos protocolectivismos de los actuales, resultados en su totalidad del designio político de una fuerza revolucionaria triunfante, o de un ejército conquistador.

Marxismo. Denota la doctrina de Karl Marx y sus discípulos, notablemente Friedrich Engels y Vladimir Ulianov (Lenin). Su contenido básico se divide en dos partes: una crítica del capitalismo, y una visión del desenvolvimiento de la historia y su culminación en el establecimiento del comunismo en el mundo entero. Esta segunda parte, conocida como "materialismo dialéctico", suministra a la doctrina su columna vertebral. La crítica del capitalismo alcanza pleno sentido por referencia a ésta, como lente magnificador de la última etapa en el devenir histórico, al llegar a nivel crítico la altura de los tiempos y prepararse el acontecimiento apocalíptico —la revolución proletaria— que alumbrará la etapa final de la historia a un paso ya de la culminación gloriosa en el "millenium" comunista. Contra difundidas convicciones, el marxismo no contiene una teoría del socialismo ni del colectivismo. La pretensión marxista de haber construido un socialismo científico no se refiere por tanto a una explicación cabal y sistemática de las consecuencias de la colectivización del capital y la adopción de la planificación central como medio de asignar recursos, en lugar del mercado, sino a su tesis de que el advenimiento del socialismo en el mundo entero se haya garantizado, no por la bondad intrínseca del sistema —postura utopista— sino por una ley inmanente al devenir histórico, cuyo descubrimiento representa, a los ojos de los marxistas, la principal contribución de Marx a la cultura universal. Desde tal perspectiva, sería tarea vana en los marxistas ponerse a discurrir sobre cuáles fueran los rasgos deseables en el sistema socialista, ya que es la historia la que, actuando conforme a su legalidad inmanente, se encarga de estructurarle sus atributos. Apenas si Marx se permite algunos atisbos, encaramado en su prodigiosa atalaya de la humanidad en la plenitud de los tiempos, y procedió a transmitirlos con un lenguaje pleno de reminiscencias mesiánicas.

Marxismo colectivista. Designación pleonástica del marxismo. No existe escuela ni secta marxista a la que falte la nota del colectivismo.

Colectivismo marxista. Designación de la corriente mayoritaria de la doctrina colectivista, a la que pertenecen todos los regímenes que han implantado sistema colectivistas en una variedad de países de cuatro continentes.

Capitalismo. Denota el sistema económico basado en la propiedad privada del capital, y en la organización de la producción a través de las decisiones de innumerables unidades llamadas empresas, de cuya compatibilización recíproca se encargan sus instituciones económicas más características, llamadas mercados, cuyo funcionamiento interconectado forma un poderoso instrumento para el procesamiento y transmisión de información acerca de la escasez relativa de los distintos bienes y los distintos recursos productivos. En el plano jurídico, su instrumento clave es el contrato, que desplaza al estatuto —complejo heredado de deberes y derechos— que había caracterizado todos los sistemas anteriores. El gobierno aparece encargado de funciones necesarias —declaración y aplicación del derecho, defensa ante ataques del exterior— más un área contingente y polémica, pero en conjunto, y en términos histórico-comparativos, sumamente limitadas. Más aún, en su evolución histórica el capitalismo nos muestra, a partir de mediados del siglo XIX una fase en que el gobierno se despoja de gran parte de las funciones contingentes que anteriormente se le habían atribuido, si bien a raíz de la gran peripecia traumática de la Gran Depresión, se ha asistido, en el último medio siglo, a un reflujo de actividades de promoción económicas hacia el centro estatal. El sistema sube a la escena histórica en las ciudades libres del medievo, etapa en que coexiste con el feudalismo. Es el suyo un surgimiento espontáneo, cuyos detalles las brumas que rodean los siglos IX y X no nos permiten discernir con claridad. El hecho, de todos modos, es que este sistema —el primero en el decurso de las civilizaciones que usa íntegramente trabajo libre— es una realidad cuando sobreviene el notable renacimiento económico de los siglos XII y XIII. En los siglos XVI y XVII llevamos, en su etapa mercantilista, asociada a la restauración del poder político central en los nuevos estados nacionales: España, Francia e Inglaterra. Dentro de esta etapa sobreviene la revolución científica que prepara la revolución tecnológica e industrial del siglo XVIII. En el siglo XIX el sistema rompe el equilibrio ecológico en que, en términos generales, la humanidad había permanecido desde sus orígenes —el equilibrio malthusiano, como muchos lo llaman— y comienza la explosión demográfica que aún perdura. Pese al portentoso crecimiento de sus números, ya en el siglo XIX las masas en los países capitalistas, EE.UU., Inglaterra, Alemania, Francia, Holanda, Bélgica, los países escandinavos, Suiza —España se había desplazado hacia la periferia del sistema, y había terminado por caer fuera de él junto con su imperio colonial— alcanzan un análogamente portentoso progreso en sus niveles de vida. En medio del éxito material el sistema enfrenta el desafío a muerte del marxismo, cuyo propio fracaso material no parece inhibir su capacidad de competencia en la captación de voluntades, merced sobre todo al arrollador influjo que ejerce sobre los intelectuales —escritores, artistas, maestros, burócratas, clérigos— y el resultado final de la confrontación permanece incierto.

Liberalismo. Voz que sirve para designar a una persona que atribuye a la libertad una dignidad particular entre los valores que atañen a la convivencia humana, y que recibe de reflejo de esta palabra —de la que deriva su propia ambivalencia semántica. En esta presentación no puedo prescindir del dualismo que Tocqueville delinea cuando escribe:

"Del siglo XVIII y de la revolución, como de una común fuente, habían surgido dos ríos: el primero conducía a los hombres hacia instituciones libres, mientras que el segundo los conducía al poder absoluto."

Hoy vemos dos nociones de la libertad coexistir sin que la mayor parte de las veces ni quienes la usan ni sus destinatarios puedan desenredar la madeja. Una proviene del pensamiento de Rousseau, y se entronca con el marxismo. Desde este punto de vista el titular de la libertad es la comunidad. Por ejemplo, si ésta elige que haya de haber una única universidad, tal decisión, con tal de haber sido democráticamente adoptada, realiza el valor libertad, por más que al estudiante individual le despoje de toda elección. El otro concepto de libertad, de la libertad como derecho individual, proviene de Locke, y tiene en Hume, Adam Smith, Burke, Madison, Macaulay, Tocqueville, Acton, Ortega y Hayek sus propulsores más conspicuos. Su meollo es una teoría de la sociedad. Ella explica cómo es posible que pueda dejarse al individuo optar libremente, elegir sin otras restricciones que las resultantes de la ley general, y procurar sus fines particulares sin alterar el orden social, más aún, promoviendo con ello su buen funcionamiento. En el plano económico esta teoría tiene en la metáfora de la "mano invisible" de Adam Smith su expresión paradigmática. La praxis consistió en una campaña para adecuar las instituciones mercantilistas, que habían partido del viejo concepto del estado como ordenador y promotor esencial, al nuevo concepto de la sociedad como un orden espontáneo, capaz de ordenarse y promoverse a sí mismo, con tal de que el estado le sirviera como adminículo para declarar el derecho y mantener la paz pública. Dicha campaña culminó en un éxito notable en Inglaterra, aproximadamente tres cuartos de siglo después de la formulación paradigmática de la doctrina, y de allí se extendió a buena parte del mundo.

Liberalismo capitalista. Designación pleonástica del liberalismo. Ningún autor liberal, en el verdadero sentido de la palabra, aboga por la imposición del colectivismo. Claro está que no es que abogue por la imposición del capitalismo —como el colectivista propugna por la imposición de su sistema— porque entiende que el capitalismo es el sistema de Occidente, el fruto de la evolución histórica a largo de los lineamientos culturales de nuestra civilización. Allí donde el liberal ve implantado el colectivismo, no es que abogue por una restauración capitalista; apenas desea que cese un instante la represión de las instituciones libres, que en tal caso volverían a florecer espontáneamente sin demora.

Capitalismo liberal. Fase del capitalismo caracterizada por el predominio de las ideas liberales. Su apogeo puede ubicarse entre la década de los 1840 y la primera guerra mundial. Al menos por ahora.

Pienso que disponemos ahora de algunos elementos conceptuales más para echar un nuevo y último vistazo a la condena paralela del marxismo y el liberalismo en la carta de los obispos —no del "marxismo colectivista" y del "liberalismo capitalista" como pleonásticamente dice el documento.

Deseo proponer al respecto, al cabo de esta miniserie sobre el tema, algunas conclusiones.

  • Ni el marxismo ni el liberalismo son "economicismos", en particular, con su fuerte contenido apocalíptico-mesiánico-escatológico ello es manifiestamente inadecuado. El liberalismo, por su parte, abarca una teoría económica, que a su vez abarca una demostración de que el libre funcionamiento de los mercados comporta, en principio, un óptimo social. Supongo que si hay algo en la realidad que merezca que le coloquen ese adefesio de rótulo, la teoría económica liberal es ello. Pero no lo es el liberalismo como un todo. Un liberal está orgulloso de pertenecer a una civilización cuyo sistema económico haya posibilitado un desarrollo de la riqueza y del nivel de vida de las masas como la humanidad nunca había imaginado, pero más orgulloso aún está de que el sistema pueda ostentar la creación del estado de derecho entre sus indiscutidas realizaciones, y, por lo tanto, pueda jactarse de haber sido el primero y único en la historia capaz de asegurar a los individuos el bien inapreciable de la libertad.
  • El hecho del capitalismo no se propone por el liberal como objeto propio para el culto religioso. Se le muestra como un objeto, que aun mostrando las flaquezas del hombre, asombra por haberlas compaginado tan bien dentro de un todo que permite la realización al menos parcial de algunos valores fundamentales. En el lenguaje de Blas Pascal, un adelantado del liberalismo, podría decirse: "La razón de los efectos marca la grandeza del hombre, al haber construido con su concupiscencia un orden tan bello."
  • El marxismo no tiene en realidad nada que mostrar al hombre que suscite su aprobación. La tentativa de mostrar aspectos parciales de la URSS, China o Cuba a título de adelantos del reino mesiánico que traerá la revolución apenas si ya se mantiene. Pero la fuerza religiosa de la doctrina persiste, gracias a la necesidad de esperanza que palpita en el corazón del hombre sin fe. Los pastores cristianos no deberían por un instante poner sobre el mismo plano a una doctrina razonable como el liberalismo y a una religión, o una idolatría, como el marxismo. Como lo ha expresado un católico eminente, Daniel Villey, con cuyas palabras concluyo: "El socialismo moviliza fervores. Jamás será el capitalismo objeto de entusiasmos. La economía liberal no es una solución exaltante. Es una solución razonable y eficaz. La doctrina socialista se propone como sucedáneo de la religión. El liberalismo es la doctrina que rehúsa hacer del sistema económico una religión."

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