Cómo se detienen las grandes inflaciones

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La inflación en los países desarrollados actualmente reposa. En el Uruguay galopa. En el Brasil vuela. Y para describir las inflaciones de Argentina y Bolivia nos harían falta imágenes tomadas de la ciencia ficción. Pero todas las inflaciones de nuestro rincón del mundo pertenecen a la categoría de las grandes inflaciones. Son distintas categorías la de Argentina y la de Bolivia, pero la de Argentina numéricamente está más cerca de las hiperinflaciones europeas de los años '20. Hay una similitud preocupante, más allá de la cifra, en que el análisis económico coincide con el sentido común: el economista se despide de su propia comunidad monetaria como medio aceptable de poder de compra, y sólo con la carnada de enormes tasas de interés está dispuesto a retenerla.

Como anticipo del interés con que Búsqueda seguirá el experimento, hoy damos una ojeada al tema de cómo se han detenido, históricamente hablando, las inflaciones de gran magnitud.

Las hiperinflaciones

El profesor Thomas J. Sargent, de la Universidad de Minnesota, ha publicado recientemente un estudio sobre las hiperinflaciones. Estudia los casos de Hungría, Austria, Polonia y Alemania en la década de los '20. Estudia también el caso de Checoslovaquia, como término de referencia o test case, porque ese país, en condiciones socioeconómicas semejantes a las de los otros países centroeuropeos, no experimentó ninguno de los síntomas mencionados.

La magnitud de las inflaciones que Sargent estudia queda registrada en el Cuadro 1, al que agregamos la uruguaya —que fue objeto de una política de choque en 1968— no porque hayamos asumido proposiciones análogas, sino porque es la situación más próxima que conocemos a la Argentina y por supuesto a nosotros mismos. [Cuadro 1 excluido — tasas de crecimiento de precios en seis grandes inflaciones]

Todos los casos hiperinflacionarios presentan el mismo perfil de escalada meteórica. El lector podrá advertir que la gráfica sobre Uruguay presenta la misma fisonomía. Todos los casos hiperinflacionarios presentan características comunes. Todos se configuraron luego que los gobiernos de los países respectivos incurrieron en enormes déficits fiscales, en gran medida financiados con crédito de la banca central. En todos los países los agentes locales abandonaron la moneda como medio aceptable de poder de compra. En todos ellos se produjo una "huida" de los agentes locales respecto de la moneda nacional.

Checoslovaquia, en medio de aquella misma hoguera hiperinflacionaria, manteniéndose apegada a la ortodoxia financiera, no experimentó ninguno de los síntomas que hemos mencionado.

Cómo se detuvieron

El Prof. Sargent nos informa que en los países que estudia, el déficit fiscal se redujo drásticamente, y las respectivas Tesorerías dejaron de reclamar crédito de la institución emisora para pagar sus obligaciones. En todos la capacidad de la Tesorería para recaudar impuestos resultó perjudicada.

Otras medidas que Sargent considera esenciales consistieron en la creación de bancos centrales independientes en los cuatro países, con autoridad suficiente como para rehusarle asistencia crediticia a los gobiernos.

La reforma monetaria —es decir, la sustitución de la unidad oficial por otra nueva— no fue una característica general de los cuatro casos. Sabemos que Austria no llevó a cabo una reforma monetaria de manera simultánea a la política de choque, sino varios meses después, cuando el éxito de ésta ya estaba asegurado. En Alemania, en cambio, se produjo la sustitución del Reichsmark por el Rentenmark simultáneamente al cambio del régimen fiscal y monetario. Sargent comenta: "Mientras que suele asignarse significado psicológico a este cambio de unidad, es claro que fue en sí misma una medida puramente cosmética".

Sargent atribuye más peso a la sustitución del Reichsbank por el Rentenbank, un cambio institucional que implicaba mayor autonomía al instituto emisor. Dicho autor afirma que el nuevo Banco Central hizo una demostración efectiva de su autonomía en octubre de 1923, apenas creado, negando su asistencia a la Tesorería.

Una pregunta interesante, que Sargent no contesta explícitamente, es el grado de subitaneidad que mostró la detención de las grandes inflaciones ante los tratamientos de choque. El Cuadro 2 muestra el caso alemán a través del cambio del valor de la moneda en los mercados de bienes y de cambio extranjero. Las medidas básicas se tomaron en octubre de 1923. La fijación de un tipo de cambio se hizo más tarde, cuando el tipo de mercado se redujo a exactamente un billonésimo (10⁻¹²) del marco oro de preguerra. El cuadro muestra que la detención de la inflación fue súbita, pero no instantánea. [Cuadro 2 excluido — aceleración y desaceleración de la inflación alemana en 1923-24]

Finalmente, cabe destacar que ninguna de las cuatro políticas de choque incluyó controles de precios y salarios. Esta es una característica del programa argentino que ha despertado resistencia de los economistas más apegados a la ortodoxia (v. gr. Alvaro Alsogaray, Alberto Benegas Lynch). La idea de implantar controles no como alternativa a la disciplina monetaria y fiscal, sino como complemento de transición, cuenta con apoyo importante en la literatura prestigiosa de Occidente: David Laidler cita en ese sentido opiniones de Lipsey, Tobin, Bodkin y Wirick.

Otra característica común de los cuatro casos fue la de que el público padeció confusión sobre la verdadera naturaleza de la política. Consecuentemente, cuando el gobierno abandonó la disciplina fiscal en 1971, y volvió a emitir para financiar el déficit fiscal mayor en la historia del país, la opinión pública no detectó un cambio de política, ya que los controles sobre precios y salarios se mantuvieron. Cuando la inflación comenzó a acercarse al 100% en 1972, siempre con los controles vigentes, el público simplemente debe haberse sumido más hondo en la perplejidad.

La experiencia uruguaya

Este puede ser el punto en que el ejemplo uruguayo de los años '60 asume relevancia, ya que la imposición de controles a las variaciones de precios y salarios suministró la fachada visible de la política de choque que se introdujo en junio de 1968. El meollo de la política estuvo constituido, como no podía ser de otra manera, por una reducción del déficit fiscal y de la expansión del crédito doméstico del Banco Central (que se redujo de casi seis puntos del PBI en 1967 a menos de uno en 1968), pero las autoridades prefirieron presentar la política básicamente como un conjunto de controles directos, y la opinión pública imputó a éstos el éxito notable de la operación.

Una de las ventajas del método, todo usado en nuestro país, consistió en que la interrupción del proceso alcista fue realmente instantánea, eliminándose el problema de inercia que señalan otras experiencias. Uno de los inconvenientes, por otro lado, radicó en que el público padeció confusión sobre la verdadera naturaleza de la política. Consecuentemente, cuando el gobierno abandonó la disciplina fiscal en 1971, y volvió a emitir para financiar el déficit fiscal mayor en la historia del país, la opinión pública no detectó el cambio de política, ya que los controles sobre precios y salarios se mantuvieron.

Fuerza y debilidad del programa argentino

El núcleo del plan argentino consiste en el compromiso del presidente Alfonsín en cuanto a que no habrá más emisión para pagar el presupuesto. Parece evidente que el Dr. Alfonsín se está jugando en esa promesa su capital político y moral. Es preciso, además, presumir que comprende perfectamente que sólo puede evitar la pérdida catastrófica de ese capital si aquella promesa se cumple.

Estos son elementos que interpretamos como puntales que apuntalan la política. Después de todo, la dureza de corto plazo puede articularse como benevolencia de largo plazo. Y así, la actitud gubernamental que ha sido descripta como la crueldad que ha frustrado a la mayor parte de la población argentina rioplatense, y latinoamericana, deviene comprensible.

Los elementos de debilidad que encontramos en la política giran en torno a la falta de una base institucional que la vuelva autónoma frente a los vaivenes del acontecer político. No se toca el Banco Central. Todo se apoya sobre la decisión del Presidente de la Nación. Sin duda es un cimiento considerable, pero nosotros preferiríamos uno más ancho y profundo.

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