El Senador Eduardo Paz Aguirre criticó a Búsqueda por haber publicado el proyecto de problema preparado por el Partido Colorado para ser leído el 28 de agosto en el acto que se estaba negociando con los demás partidos y el PIT-CNT.
El dirigente colorado contrastó nuestra actitud con la de "El País", cuyos cronistas le habían consultado antes de la publicación, habiendo él retirado su previo pedido de reserva al saber que Búsqueda difundiría de todos modos.
Pensamos que el episodio merece nuestro comentario editorial, por cuanto un principio fundamental de deontología periodística se halla en juego. ¿Qué noticias debe publicar un órgano de prensa? Hay noticias verdaderas y hay noticias confundidas y otras dudosas, y hay los rumores. Hay noticias importantes, e informaciones relativas. Aparte de estas clasificaciones, ¿es pertinente distinguir entre noticias aptas para todo público y otras inconvenientes para el mayor número, que los medios deberíamos silenciar? Y, en ese caso, ¿cuándo, en qué casos, con qué criterios, se trazaría la línea divisoria? He aquí el tema principal.
Antes de enfrentarlo, sin embargo, vamos a tocar una cuestión que, si bien es estrechamente conexa, concierne algo más al estilo que a la sustancia de nuestra actividad. El Senador Paz Aguirre creyó del caso destacar que un órgano de prensa le había consultado antes de publicar el proyecto de proclama y que él, en definitiva, le había remitido su consentimiento.
No nos parece oportuno aclarar que, por nuestra parte, nunca realizamos esa clase de contactos. Nunca le preguntamos a nadie si debemos o no publicar una noticia. Nunca lo hicimos, y no nos proponemos cambiar.
El incentivo para realizar consultas con las autoridades, sobre la publicabilidad o no publicabilidad de una información, fue grande durante años de la dictadura. Si entonces resistimos la tentación, mal podríamos ahora ceder.
A principios de 1983 padecimos una clausura por cinco semanas por haber publicado declaraciones del Dr. Jorge Batlle, a la sazón proscrito. Entonces, el 7 de marzo, bajo el título "No es obvio", escribimos: "Algunos amigos nos han preguntado cómo no nos habíamos imaginado que seríamos castigados... a todos hemos respondido lo mismo: nosotros no nos permitimos esos lujos. El lujo, queremos decir, de callarnos lo que sabemos y es de interés para nuestros lectores, sólo porque puede traernos la animosidad del poder."
La desaprobación de los dirigentes políticos y gobernantes de hoy tampoco es un disuasivo suficientemente fuerte para que nos avengamos a autocensurar nuestro material. En el mismo tiempo que a los gobernantes, la encontramos también a los de la oposición, quienes también merecen la misma actitud.
Tomamos nota de la censura del Senador Paz Aguirre, y recordamos que la crítica tiene sus riesgos. Si nos malquistamos con los centros del poder y la influencia, lo sentiremos. Pero no bajo falsas premisas. No deseamos una prensa uncida a los centros del poder. La desaprobación de los dirigentes, por tanto, no nos convence a cambiar de actitud.
El arte de la autocensura en base a antecedentes a la conducta de los gobiernos es ante todo una técnica de los órganos de prensa débiles. Nosotros no deseamos aprender esa técnica, y lo que permanece como nuestro objetivo es mantenernos en esto como lo hacemos, guiados por nuestra propia brújula, y sin que tengamos que rendirle cuentas al poder por lo que publicamos.
En nuestra interpretación, lo que permanece como nuestro objetivo era simplemente la censura. No deseamos eso: la libertad de prensa no se nos antoja reprensible.