La Universidad como Instrumento Revolucionario

Descargar PDF

En su tesis primera sobre Feuerbach, Marx expresa: "Los filósofos no han hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo" (énfasis en el original). Podría pensarse que la función del filósofo, que la de poner el conocimiento al servicio de la transformación, está en la Tesis N° 2, donde Marx afirma que el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento.

Algunos entienden este enfoque con un género pragmático. Marx, sin embargo, es claramente dogmático. Para él la proposición X será cierta si, y sólo si, coincide con su visión del mundo y de la historia, y en ese caso la acción para plasmar X en la realidad tendrá éxito; la praxis la confirmará. Pero su condición de cierta no derivará de la praxis sino de su conformidad con la doctrina.

La 1ª tesis sobre Feuerbach, por tanto, se explica en realidad por estas otras dos consideraciones. En primer lugar, la búsqueda de la verdad, la empresa teorética, estaba a punto de agotarse por obra del propio Marx. En segundo lugar, la "verdad" sobre el mundo era una proposición sobre su dinámica, la ley de su forma dialéctica de cambiar, en su tránsito hacia la peripecia revolucionaria final, y su culminación en el millenium comunista.

Por tanto, a la altura de los tiempos en que la verdad fue por fin revelada a Marx, lo único que quedaba por cumplir era la parte profética de su obra. ¿Qué podrían hacer en adelante los filósofos y los científicos sociales? No otra cosa que readaptar sus instrumentos teóricos, vueltos obsoletos por la definitoriedad de la obra de Marx, a la consumación de esa obra en la historia, es decir, convertir cada acto intelectual en palanca del cambio revolucionario. Todo sentido y toda dignidad de su trabajo dependía desde entonces de su participación en la praxis de ese proceso.

La tesis N° 1, entonces, no es sino la afirmación de que la institución que él mismo hoy dirige convierte el estudio de la historia y del derecho en la preparación de los futuros juristas; a través del estudio de las ideologías y las instituciones, esclarece cómo los factores económicos se refractan en las conciencias, y de esa manera prepara a los futuros abogados para comprender la función del derecho, que no es la proclamada en los textos no científico, sobre el cual la enseñanza del derecho se imparte en sólo dos materias del ciclo básico.

Sí, lector, ha leído usted bien: noventa y uno (91). Treinta y tres para Sociología e Historia de las Ideas. Para el Decano, eso es secundario. Lo esencial no es la información positivista y los datos, sino la formación ideológica de los futuros juristas, la que los capacitará para identificar la escuela clásica de economía política que exalta el mercado y reduce al individuo, para comprender la formación histórica de la humanidad, el comunismo primitivo, y llegar a ser, finalmente, instrumentos útiles del cambio revolucionario.

El Decano Pérez Pérez tiene abiertas las páginas de Búsqueda. Si tiene a bien explicar en qué concepto de laicismo se basa su adhesión a él, despejará una incógnita que nos tiene perplejos.

Vista previa del documento