Acaba de concluir en el Uruguay la reunión del GATT.
Más allá del largamente negociado documento final que selló la conferencia, cuya debilidad intrínseca arranca del hecho que hayan quedado "conformes" países con intereses comerciales y políticos tan encontrados, queda atrás la importancia misma de la trascendente reunión.
Uruguay ha vuelto al mapa, la prensa mundial se ha ocupado intensa y largamente de nuestro país, de nuestro canciller, de su admirable paciencia y su infinita vocación negociadora, de la razonable eficiencia con que los uruguayos pudimos cumplir con el complicado compromiso.
Poco más quedará en el recuerdo, salvo los buenos ratos y los altos precios por los que debieron pasar los delegados asistentes, y los ingresos por servicios que entraron en caja de hoteles, restaurantes y afines.
En definitiva, este comentario apunta a señalar que la reunión del GATT puede verse desde dos ángulos: el de la sustancia de los temas debatidos, y el de la forma a través de la cual la misma se corporizó en nuestro territorio.
Decimos que los aspectos formales fueron cubiertos con dignidad y considerable efectividad. Fue dable apreciar en las palabras finales del Director General del GATT, Arthur Dunkel, un encomio al personal actuante y un reconocimiento a la labor realizada que iba más allá de la retórica usual en los cierres de eventos internacionales.
Entendemos que los aspectos sustanciales están condicionados a un futuro incierto.
El documento final recoge una extensa "Declaración Ministerial" donde se incorporan todos los temas que fueron objeto de intensos y desgastadores debates en la corta duración de la reunión. Allí figuran los benditos "servicios", la agricultura, los derechos de Propiedad Intelectual, las subvenciones, los aranceles, los textiles, las salvaguardias, y todo lo que usted quería saber sobre el GATT y no se animó a preguntar.
El alcance de la inclusión de tantos temas en esa "Declaración", ya es otra historia.
Los que propugnaban por la inclusión de los temas agrícolas en el Acuerdo General deben haber quedado sin duda más conformes que los que insistían en incluir los servicios. La agricultura figura como tema expreso en la parte I, Capítulo D de la Declaración ("Negociación sobre el Comercio de Mercancías" — "Temas para las negociaciones") mientras que los servicios figuran en forma exclusiva en la Parte II ("Negociaciones sobre el comercio de los servicios") de una manera tan elíptica que están en el GATT, pero no están: "serán aplicables a estas negociaciones los procedimientos y prácticas del GATT".
Ejemplificaciones las que anteceden exclusivamente destinadas a mostrar cuán lejos está aún el mundo de evaluar estas negociaciones, las que de acuerdo al compromiso asumido deberán concluir en cuatro años.
Y cuánto más lejos está aún Uruguay de extraer de ellas resultados positivos, como no sean los del prestigio internacional recogido, y el de la perpetuación del nombre de nuestro país en la historia de las negociaciones comerciales internacionales, ya que como todo el mundo sabe, se identificará a la "Ronda" que se inicia con el gentilicio guaraní que bautizó al Río de los Pájaros Pintados.
Mientras tanto, se gesta en nuestro territorio otro acontecimiento que concitará el interés ecuménico, y que tendrá lugar dentro de dos meses en Montevideo y en Punta del Este.
El Ministerio de Educación y Cultura, el Instituto Científico Weizmann de Israel, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas de España y el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología de la Argentina organizan para la semana que irá del 30 de noviembre al 6 de diciembre el "Simposio Internacional sobre la Importancia de la Investigación Científica y Tecnológica para el Desarrollo de la Sociedad Moderna".
Los aspectos formales de este acontecimiento no diferirán del que comentamos anteriormente. Las autoridades uruguayas involucradas, el personal destinado a la organización del Simposio, todo el elemento humano que respalda su realización volverá a dejar en alto ese prestigio que caracteriza al Uruguay en su vocación aperturista. Todo funcionará eficiente y solícitamente.
Nuestro enfoque va pues al aspecto sustancial del evento: se trata aquí de sustituir la retórica y la política de la mezquindad negociadora, el egoísmo de los subsidios y la hueca palabrería de las aspiraciones distantes, por la verdadera sustancia del progreso y la esencia misma del futuro de la humanidad: la ciencia y su evolución, la técnica y sus avances.
El Uruguay albergará durante esa semana a hombres y mujeres de ciencia de Latinoamérica, Europa, Estados Unidos e Israel. Entre ellos, varios galardonados con Premios Nóbel en disciplinas científicas.
Vendrán a nuestro país a transmitir un mensaje para el que todos los oídos deben estar abiertos, todas las conciencias alertas, todas las mentes predispuestas. El futuro de nuestro país, y el futuro del mundo dependen de nuestra capacidad de escuchar, digerir, procesar ese mensaje, y poner en práctica sus enseñanzas.
La ciencia y la tecnología son factores determinantes del desarrollo, y quienes han derivado sus avances de la fructífera interacción sinérgica de estos factores, vendrán a discutir ante nosotros y con nosotros sus logros y sus planes.
El Simposio significará pues un acontecimiento académico sin precedentes en nuestro país.
Del contacto con los asistentes, del contenido de los debates, del análisis del apasionante temario a tratarse, nuestro ambiente científico, universitario, nuestra juventud, nuestra sociedad toda habrá de extraer insustituibles enseñanzas y enriquecedoras experiencias.
La mera observación del mundo en que vivimos y sus perspectivas, nos permite ratificar estas conclusiones.
Las sociedades más evolucionadas y progresistas son hoy aquellas que han volcado a la investigación científica y tecnológica ingentes recursos, y recogen ahora los esperados frutos de su inteligente inversión. Es más: muchos de esos países han obrado como poderosos polos de atracción para jóvenes científicos de países en desarrollo que tentados por las posibilidades de desenvolvimiento de su potencial creativo, han dejado sus países para acercarse a esos foros, prestando de tal modo un aporte básico al progreso de sus comunidades.
Este tipo de eventos tiende justamente a corregir esa situación.
Fundamentalmente porque del debate y análisis de la temática propuesta deberán nacer —en este caso en Uruguay— la preocupación y la necesidad de abrir un ámbito especial para la investigación científica y tecnológica.
La misma se ha desarrollado aquí hasta ahora con gran modestia y venciendo enormes dificultades, sistemáticamente a impulsos de unos pocos quijotes que no quieren dejar de luchar porque creen que el brillante material humano que el Uruguay produce es un insustituible capital para esa tarea.
A lo largo de los años, paralelamente, hemos visto partir tras nuevos y promisorios horizontes a cerebros privilegiados surgidos de esta tierra, y los hemos visto triunfar y progresar fuera de ella, aportando a otros medios lo que hubiera sido vital en el ámbito que los vio nacer.
Bienvenido sea pues el Simposio sobre la importancia de la Investigación Científica.
Bienvenida la actualización de nuestros académicos y universitarios en temas tales como la biotecnología y la investigación genética, la informática, el desarrollo energético, las modernas técnicas de la agricultura, la matemática, la física nuclear, la ecología.
Es de esta savia que se nutre el tronco del que deberán desprenderse las modernas ramas de la ciencia que habrán de albergar el verdadero futuro y el progreso de nuestro pueblo.