¿Será en serio?

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El viernes pasado —13 de noviembre— el matutino "El País" difundió un documento cuya autoría atribuyó al "gobierno", donde se proyecta una reforma radical del transporte ferroviario en el Uruguay a la vez que se enuncian inversiones de gran significación. El tema, como se ve, es intrínsecamente grave y adusto. Al mismo tiempo, una diversidad de circunstancias hacen sospechar que podamos hallarnos ante una broma de enormes proporciones.

Por de pronto, el texto aparece bajo el logotipo de "El Duende", titular de una columna de chismes políticos —gossip column, como dicen los norteamericanos— escrita en un tono convenientemente liviano, donde los fines de informar y entretener al público se entremezclan con reconocida destreza. En el copete del documento ferroviario, precisamente, se informa: "A pesar de la reserva con que se manejó el documento de AFE, 'El Duende', luego de golpear varias puertas, tuvo acceso al documento gubernativo..." ¿Podría ser semejante estilo el usado para revelarnos oficialmente que el gobierno planea una inversión de 9 dígitos en dólares para reflotar los ferrocarriles nacionales?

En Gran Bretaña, cuando las autoridades desean enunciar a la ciudadanía determinada iniciativa, y suscitar de tal manera los comentarios de partidos políticos, grupos de interés, expertos y periodistas, se recurre a una publicación a la que suele conocerse como "libro blanco" o "libro verde", etc. —según sea el color de la cubierta— sobre el tema tal o cual. Naturalmente, el gobierno uruguayo no está en manera alguna obligado a adherirse a la tesitura británica, y es incuestionable su derecho de encontrar voceros y modos de comunicación más acordes con su personalidad. Con todo, encargar la gestión de sus comunicaciones a un espíritu travieso congénere de Puck, arriesga, con presentar su propia imagen bajo un sesgo excesivamente festivo, carente de la compostura que la dignidad nacional parecería exigir.

Por otra parte, las sospechas de que podamos hallarnos ante un simulacro humorístico de documento burocrático se multiplican en el propio texto difundido. Este, por ejemplo, incluye un pantallazo histórico, donde el autor cree del caso hacernos saber que "hasta la aparición del ferrocarril el transporte se realizaba propulsado por caballos o bueyes". Si la publicación se hubiese efectuado un 28 de diciembre, no habríamos tenido duda en cuanto a la clase de texto que teníamos por delante. Pero, ¿un 13 de noviembre? ¿Alguien sabe que el 13 de noviembre sea otra fecha dedicada a reírse de los incautos?

Después está el estilo en que el documento está redactado. O tal vez habría que decir "el idioma" en que se halla vertido, que es exótico e innominado. Por ejemplo, refiriéndose a los servicios de pasajeros, el texto declara que ellos "no sólo no aportan posibilidades más que de aumentar el déficit, sino que fundamentalmente aumentan el riesgo del éxito de todo el proyecto". No se entiende, ¿verdad? Pero pruebe el lector a sustituir la palabra éxito por su antónimo, fracaso, y verá que el fragmento adquiere cierto grado de inteligibilidad. Tal vez se trate de alguna suerte de acertijo.

Eso sí, si el documento resulta en definitiva ser una gigantesca broma, habrá que reconocer al autor un talento humorístico que pondrá verde de envidia a Kid Gragea. La locución "riesgo de éxito de todo el proyecto" pasaría entonces a engalanar las antologías humorísticas del mundo entero. Pero el siguiente pasaje no le iría en zaga, en caso de tratarse de un pastiche de jerga técnico-burócrata; esta perla —lo es en cualquier hipótesis— dice así:

"VIII. Sensibilidad del proyecto. Como era de esperarse las diversas pruebas de sensibilidad muestran que el proyecto está muy optimizado, y que en especial es extraordinariamente sensible al ritmo de reducción del personal (una disminución de personal a un ritmo de 500 por año, que es más lento que el esperado, supondría un aumento en el subsidio del Estado en un 71%)."

Hay otros pasajes que confiamos en definitiva revelen la presencia de un genio del humorismo en nuestro medio. Uno de ellos, entre comillas en el original sin que pueda saberse a quién se atribuye la cita, dice así: "Este alto nivel de eficiencia es la única esperanza real de AFE para el futuro. Si no se lograra este nivel de eficiencia AFE no sobrevivirá y tampoco merecerá hacerlo." ¿No es sencillamente delicioso?

Con los números hay varios otros divertimenti regocijantes, si bien es preciso reconocer que son menos sorprendentes. Considérese, por ejemplo, este fragmento:

"III. Inversión propuesta. En atención de la red propuesta y la recuperación se identificó (sic) un Plan de inversiones de US$ 91,4 millones de 1988 a 1992 a un ritmo de US$ 46,2 millones serán incorporados (sic) de 1988 a 1992, a un ritmo de US$ 10,0 millones anuales".

Luego sigue una lista de inversiones proyectadas: en vías 33,1 mm., en material rodante, 28,8 mm., en señalización, 4,3 mm., y en puentes, 4,8 mm., todo lo cual suma 71,0 mm., todo en dólares. El acertijo tal vez ahora sea: encuentre el lector los 20 millones mal contados que están escondidos en alguna parte; pero esto no es más que parte del problema, porque en seguida viene este azorante pasaje (literalmente citado):

"VII. Subsidio. En el marco de un contrato programa, el Gobierno seguiría apoyando a AFE. Esto supondría, sin incluir lo aportado este año de 1987, ni los déficit acumulados que el Gobierno deberá aportar de 1988 al 2004 US$ 153,7 millones si se cumple el programa propuesto."

Aquí la adivinanza se complica. ¿Qué significará la expresión "déficit acumulados", es decir, pasados, el gobierno tendrá que aportar entre 1988 y 2004? ¿O es que el autor usa el vocablo "acumulados" sólo por amplificar? Porque si lo eliminamos, la oración resulta comprensible. Pero entonces se plantea esta interrogante: si las inversiones planeadas suman 91,4 millones, y las listadas 71,0 millones, si por separado se le financian a AFE los déficit, ¿para qué demonios se precisan 153,7 millones? ¿No es verdad que ésta es difícil?

Hemos mirado y remirado el documento, y hay momentos en que pensamos que todo puede ser la descomunal chanza de un espíritu burlón. Pero cada vez que eso pasa terminamos topándonos con un parágrafo que nos convence de que sí lo es. Esta es su transcripción, siempre verbatim:

"IX. Organización. La clave del proyecto supone un profundo cambio en general en la organización interna de AFE, que le permita operar con una eficiencia hoy desconocida, con una agresividad comercial, y nuevas formas de operativa comercial (como tratar la carga general en itinerarios fijos y con agentes de carga), que supondrá un esfuerzo muy importante, que se refleja en los planes de acción encuadrados."

Evidentemente, esto no puede ser más que una broma colosal. ¡Loor al genio! Un nuevo nombre, hasta ahora tal vez ignorado, será en breve inscripto en letras de oro entre los grandes del humor universal. Sólo faltó un ingrediente para que la obra fuera realmente inmortal: que el documento declarara que por su intermedio el gobierno está confiriendo contenido concreto a su compromiso de modernizar al país.

Pero, supongamos, con fines puramente metodológicos, que el texto difundido fuera, no sería porque, evidentemente serio no lo es en ningún sentido de la palabra, pero sí auténtico, salido de una fuente genuinamente gubernamental. En esa hipótesis sería muy interesante seguir la reacción de la opinión pública. Porque si ésta se sintiera insultada, y rechazara airadamente el documento, y no sólo éste, sino la iniciativa in toto, reclamando un nuevo enfoque —nuevo de raíz— de cualquier iniciativa referente al transporte ferroviario en la República, todavía habría esperanza para ésta. De lo contrario, si una reforma en un tema de importancia tal pudiera efectivamente tener esta clase de origen, lo que no se podría tomar ya siquiera en serio sería nuestro pobre Uruguay.

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