Relaciones con el dinero y el crecimiento real

Descargar PDF

La inflación, ¿qué relación guarda con el incremento de la circulación monetaria? Y entre la inflación y el crecimiento del producto en términos reales, ¿qué vinculación existe? La actual coyuntura inflacionaria presta a estos interrogantes una vigencia muy especial.

La explicación monetaria de la inflación no se limita a afirmar que el dinero tiene que ver con la inflación, en cuyo caso no excedería de un nivel trivial. Afirma que no hay otras causas que no tengan que ver con el dinero, o con su oferta —particularmente el incremento del circulante— o con su demanda —es decir, con la inclinación mayor o menor del público a conservar activos monetarios como depósito de valor—. Afirma asimismo que la demanda por tales activos se comporta de manera predecible, desalentada sobre todo por las perspectivas de más inflación en el futuro, y fortalecida por el crecimiento real y por los indicios de mayor estabilidad. Como la inflación para este enfoque es esencialmente un impuesto, el déficit fiscal es a la vez un origen de la emisión presente y un presagio de la inflación futura, factor inflacionista, por tanto a la vez del lado de la oferta y de la demanda de dinero.

Nadie niega que el dinero puede causar inflación. Por ejemplo, nadie pretende que el gobierno podría renunciar al cobro de impuestos y financiarse sólo con la imprenta monetaria sin suscitar una hiperinflación, antes de mucho el colapso total del sistema. De modo que lo que caracteriza la teoría monetaria ortodoxa, como decíamos, no es la afirmación de que la emisión desmedida causa inflación —proposición trivial— sino que sólo los factores monetarios causan inflación. Por lo tanto, para refutar esta teoría no es necesario mostrar que ninguna expansión monetaria puede causar inflación —lo que sería misión imposible— sino que basta probar que otras causas, de índole no monetaria, pueden causar el alza sostenida de los precios.

¿Cómo podría someterse la teoría tradicional a prueba empírica? Por ejemplo, de esta manera. Tomemos una muestra de países, y veamos qué grado de correlación guardan la inflación y el crecimiento monetario. Si hay otras causas aparte del dinero, encontraremos en la muestra cierto número de casos en que las inflaciones no coincidan con expansiones de la oferta de dinero. Y por lo tanto la correlación entre ambas variables será débil. Si la correlación es relativamente fuerte, la hipótesis de causación múltiple pierde credibilidad. Tanto más cuanto más fuerte sea la correlación.

Considérese el gráfico I. Cada punto representa la observación correspondiente a un país latinoamericano de una muestra de 16 durante un lapso de dos décadas (1950-69), en relación a crecimiento monetario medio (medido sobre el eje horizontal) y tasa media de inflación (sobre el eje vertical). Como puede verse, los puntos se ordenan a ambos lados de una recta de pendiente positiva (ascendente de izquierda a derecha), dentro de una banda sumamente estrecha. Esto es indicativo de una correlación muy elevada. Si el lector examina ahora el gráfico II, que inquiere sobre la relación entre el crecimiento (variable dependiente) y la inflación (variable explicativa), puede verse que los puntos, igualmente representativos de sendas observaciones de los 16 países de la muestra, se ordenan a ambos lados de una recta de pendiente negativa, indicativa de que la inflación entorpece el crecimiento, pero la dispersión de los puntos en torno a la línea imaginaria que deja aproximadamente igual número a uno y otro lado de su omitido trazado es mucho mayor que en el gráfico I, señal de que la correlación es mucho menor en este caso.

Volviendo al diagrama inicial, señalemos que una expresión cuantitativa de correlación es el estadístico R2, que para la muestra es de 0,972, mientras que es de 0,447 en el caso ilustrativo por el gráfico II. Estas cifras son interpretables en el sentido de que el crecimiento monetario explica el 97,2% de las variaciones de la inflación dentro de la muestra, mientras que la inflación sólo explica el 44,7% de la dispersión muestral de las tasas de crecimiento real.

Incluyendo a la vez la expansión monetaria y el crecimiento real se ve confirmada la hipótesis tradicional de que el efecto del crecimiento real sobre la inflación es negativo (por ser positiva su influencia sobre la demanda de dinero) y la relación entre la inflación y la expansión monetaria es de estricta proporcionalidad. Más aún, cada 1% de crecimiento de la oferta de dinero, dado el crecimiento del producto, conduce a 1% más de inflación. El estadístico R2 se eleva en ese caso a 0,986. Solo el 1,4 o/oo de la variabilidad de la inflación en la muestra deja de ser explicado por el modelo.

El ejercicio asociado al gráfico II se incluye para evaluar las hipótesis de que la inflación pueda ayudar al crecimiento real, y por lo tanto una política antiinflacionaria se convierte en un entorpecimiento para el proceso de desarrollo. Dentro del marco cronológico implícito en la muestra esa hipótesis resulta totalmente desacreditada por la investigación.

Yo siento verdadera pena por que cosas tan claras como éstas sean aún presentadas como tesis propias de determinadas ideologías. En una entrevista radiodifundida, que se glosa en otro lugar de esta página, el Senador Alberto Zumarán tiene el acierto de citar a Felipe González en cuanto a que la inflación no es de izquierda ni de derecha. En efecto, es inconcebible que sobre un tema científico tan trabajado como éste se persista en considerar que la teoría tradicional, que hoy domina sin discusión en el terreno académico mundial, representa un punto de vista asociado a una orientación política conservadora. No es en modo alguno el caso.

En primer lugar parece oportuno señalar que en el Uruguay la tesis a veces llamada monetarista en modo alguno posee una identificación política sencilla. El apego de Batlle y Ordóñez a los principios de la moneda sana es bien conocido. En el período interbélico, sin la menor duda, el principal defensor que tuvieron esos principios fue el líder socialista Emilio Frugoni, mientras que en la Argentina su colega Juan B. Justo desempeñaba el mismo papel. Al mismo tiempo si el gobierno surgido de marzo de 1933 se reconoce, como es usual, como representativo de una orientación de derecha, es significativo que, a través de los reavalúos de 1935 y 1938, y de las disposiciones sobre emisión contra redescuentos sancionadas en 1939, aquél dejó expedito el camino para la gran inflación que comenzaría un par de décadas más tarde.

En segundo lugar, en la actualidad, y visto la indudable retirada del keynesianismo en el campo de la teoría monetaria, convendría que la hegemonía del enfoque tradicional lograra el reconocimiento de su sólida fundamentación científica que por lo general no se le retacea en el mundo entero.

NOTA: La información estadística manejada en este artículo proviene del trabajo de R. C. Vogel "The Dynamics of Inflation in Latin America, 1950-1969", aparecido en American Economic Review, marzo de 1974, p. 103. Los datos de interés técnico sobre las investigaciones estadísticas de que se da cuenta, omitidos por razones de brevedad, serán suministrados por este articulista a quienes se lo soliciten.

Vista previa del documento