Dos idiomas diferentes

Descargar PDF

Las autoridades acaban de reaccionar ante la reagravación de la inflación reconociendo con franqueza que ella exigía medidas drásticas, incluso gravosas desde el punto de vista del nivel de actividad, a fin de evitar que el proceso escapara por completo a su control. Su reconocimiento implicó de manera inequívoca el de su mayor responsabilidad por haber diferido sin motivo racional una acción que desde todo punto de vista era inevitable y cuya drasticidad habría podido atenuarse con mayor prontitud de su parte.

Esto lo hicieron a fines de la semana pasada, cuando anunciaron la elevación de 4 puntos en las tasas de rendimiento de las letras en pesos que emite el BCU y en las tasas de interés que ofrece y cobra el BROU. No sólo el hecho implica una elevación significativa del precio que rige en un área tremendamente mayoritaria del mercado de crédito, sino que su efecto se extenderá, a través de la acción inductiva de los bancos no oficiales, a la totalidad del mercado.

Tomando la tasa de inflación a través de un lapso de 12 meses, esta se situaba a fines de setiembre, fecha de las últimas cifras oficiales sobre el IPC conocidas, cuatro puntos arriba de la tasa de un año atrás. Frente a ella, las tasas de interés de las letras se situarán 7 puntos por encima del nivel de octubre pasado. Para un economista, el mensaje de la sola medida es claro: se requiere tonificar la demanda por activos expresados en moneda uruguaya y estabilizar la decisión de las autoridades para restringir la oferta de dinero doméstica aun a riesgo de agravar transitoriamente una coyuntura que no se presenta particularmente propicia. Para los observadores calificados es igualmente transparente la confirmación que las autoridades han hecho de su convicción de que la inflación es en esencia un fenómeno monetario, cuyo manejo es de directa incumbencia de la política monetaria.

Pues bien, aparte de hablar de inflación con el lenguaje de los hechos, el gobierno lo hizo asimismo, en la misma semana, por medio del lenguaje convencional de las palabras. Lo hizo a través de un portavoz de inmejorable representatividad: el Ministro de Economía, entrevistado en un programa de televisión. Por más que el lenguaje de las palabras es accesible a un público mucho más amplio que el de los hechos de la política monetaria, el mensaje directamente propalado por el Ministro fue mucho menos nítido que el que aproximadamente al mismo tiempo transmitieron decisiones en cuya formación sin la menor duda el propio Cr. Ricardo Zerbino había participado decisivamente.

El Ministro Zerbino pareció preocupado por asegurar que todo iba bien económicamente. Incluso, mirabile dictu, con la inflación. Para ello el Ministro se permitió afirmar que la extrapolación que dimos a cabo este semanario dos números atrás —"La inflación de 1988 tiende a situarse cerca del 70 %", pág. 1, N° 455— será desmentida por los hechos. "La inflación", expresó el Cr. Zerbino, "entendemos que va a estar muy por debajo del 70 %, diría que más cerca del 60 %". Sin embargo no es esa, obviamente, la verdadera cuestión. Es perfectamente posible que la inflación sea del orden del 64 %, que estará sin duda más cerca del 60 que del 70 %. Pero eso no obstaría a que el resultado se sitúe casi 70 puntos por encima de la previsión oficialmente adoptada para 1988, cuya fijación y posterior abandono todavía está a la espera de una explicación de las autoridades. Asimismo, la tesis de que tout va très bien choca frontalmente con las medidas de política monetaria a que hace un momento nos referíamos.

No sólo porque lo esencial es que el gobierno hable sobre un mismo tema con dos voces recíprocamente antagónicas, sino además porque la adición en lenguaje convencional del Cr. Zerbino restó tersura al mensaje intrínsecamente inequívoco de las medidas monetarias.

El Ministro se dolió de que los observadores multiplicaran los pronósticos sobre la tasa de inflación, como si se tratase de participar en alguna suerte de lotería. Y si con ello objeta la extrapolación que nosotros mismos nos permitimos hacer 15 días no está totalmente desprovisto de razón. La extrapolación es un procedimiento carente de verdadero rigor, no es posible negarlo. Sin embargo, posee más sustento técnico que extraer los números de un bolillero. Y nosotros no podemos menos que inquirir si el procedimiento que el gobierno usa para fijar sus previsiones en la materia es esencialmente distinto al de generar cifras aleatorias. Porque nunca nos ha dicho por qué razón en cierto momento previó 45 %, ni qué fue lo que determinó que los hechos se apartaran de manera tan espectacular de aquel pronóstico.

Si el gobierno actúa con la competencia técnica que su personal en el área respectiva hace suponer, debe generar sus metas a través de algún modelo. Pero, con su característica renuencia a informar, no lo comunica. Las declaraciones del Ministro de Economía en el programa de TV recién aludido no suministran ninguna pista. Su énfasis en tratar el tema salarial, según nuestra comprensión, dentro del tema de la inflación, hace pensar en un modelo keynesiano de los que estaban en boga hace 20 años, pero no resistimos a creerlo. Los hechos de la política monetaria dicen otra cosa.

De hecho nuestro director, y habitual editorialista, se comprometió con un pronóstico de la coyuntura de 1988 que apareció, inter alia, en una publicación del Banco Central del Uruguay (Uruguay '88, II, pp. 623-48). La previsión estimaba la inflación al inicio de ese año de 55 %, resultando embarazosamente inferior. Frente a la inflación, nos asiste la menor tentación de exagerar nuestros pronósticos. No tenemos esa tentación; y confiamos y esperamos que si la tuviéramos, nuestros lectores confiarían en resistirla. El trabajo aludido respondía afirmativamente a la pregunta de si las autoridades monetarias estarían dispuestas a permitir que las tasas de interés treparan hasta un nivel del orden de 12 %. De ahí que el autor del modelo atribuya su fracaso al predecir la inflación que estamos padeciendo, y considere las recientes medidas un paso en la dirección correcta, si bien demasiado tardío y, por tardío, desgraciadamente insuficiente.

Vista previa del documento