El boletín de prensa del BCU correspondiente a octubre contiene un nuevo ítem, consistente en un informe sinóptico sobre, en general, los datos que aparecen numéricamente en los cuadros. A veces se agrega un breve comentario. Por ejemplo, al anunciar que el tipo de cambio había aumentado 59.7% en los últimos 12 meses a setiembre, se indica que ese ritmo es prácticamente igual que el promedio de los dos índices de precios, al mayoreo y al detalle, que se publican dos páginas antes. Es una forma de ahorrar trabajo a los periodistas a quienes la información está dirigida, y tal vez de ayudarles a interpretar los cuadros. Revela una inquietud encomiable por parte del BCU, pero difícilmente podría atribuirse importancia a la iniciativa. El caso, sin embargo, es que de los 14 numerales hay uno que sí contiene información nueva, y además de gran trascendencia.
Se trata de datos sobre el déficit agregado del sector público, o sea sobre sus necesidades financieras. Es una información que nunca se había ofrecido en el Uruguay durante cada año y al sólo retrospectivamente. Por consiguiente, la innovación y la importancia superlativa del tema se unen para volver imperativo el comentario, el cual por lo demás ya había sido adelantado por este semanario en otro lugar.
La significación del acontecimiento resulta realzada por el hecho de que un calificado vocero del gobierno había expresado este mismo año, ante una comisión parlamentaria, que los datos respectivos recién podrían elaborarse después del cierre del actual ejercicio financiero, y sólo serían informados en ocasión de la próxima rendición de cuentas. De entonces ahora ha habido sin duda un considerable avance.
Los comentarios que he leído al respecto destacan el valor de la iniciativa, como corresponde. Al mismo tiempo incluyen observaciones en cuanto a la forma en que los datos son ofrecidos al público. Entiendo que también la objeción procede. Naturalmente, uno desea estimular las buenas prácticas, y además no puede reprimir un cierto temor de que ellas se interrumpan si la prensa no se muestra receptiva; pero al mismo tiempo no es posible olvidar que quienquiera haya registrado protestas por la carencia informativa merece parte del crédito por la mejoría, y —lo que es más importante— no debería cejar en la ingrata tarea de quejarse hasta que la situación llegue a ser plenamente satisfactoria.
A fin de concretar las ideas, voy a transcribir el parágrafo de marras, y proceder al mismo tiempo a su glosa. Comienza así:
"4) En el primer semestre de 1988, el déficit del sector público consolidado alcanzó los 45.325 millones de nuevos pesos, equivalentes a unos 140 millones de dólares..."
Es decir que, tomando un PBI semestral de 3.500 millones de dólares, estamos hablando de un déficit agregado del 4% del producto. Dado el déficit ya informado del Gobierno Central de N$ 27,3 mil millones (unos U$S 85 millones) tendríamos en el resto del sector público un déficit global de unos N$ 18 mil millones (aproximadamente U$S 55 millones). El boletín de prensa continúa:
"Se observa un aumento del desequilibrio de caja del Gobierno Central que es más que compensado por un fuerte superávit a nivel del resto del Sector Público no Financiero."
La redacción tal vez no sea la más feliz posible, pero lo que esto significa es que el Sector Público No Financiero —Gobierno Central más Intendencias, más empresas estatales no bancarias— tuvo superávit. Todo será más claro al incluir el tercer y último párrafo:
"El 85% del déficit consolidado corresponde al déficit del BCU (incluida la asistencia al BHU para el servicio de préstamos externos)."
Esto ya es más claro. Se nos ha dicho que el déficit total es de N$ 45.325 millones. El 85% viene a ser N$ 38,5 mil millones, lo que incluye parte del déficit del BHU; en dólares unos 120 millones.
Conocemos, pues, el déficit del Gobierno Central y del BCU (dejando de lado desde ahora la referencia al BHU), y conocemos el déficit total. Podemos calcular el superávit del resto del Sector Público, que incluye todas las empresas no financieras del Estado. Usando las cifras en dólares, que son más manejables, tenemos un excedente muy importante, no lejos de dos puntos del PBI. Permítaseme que me detenga a formular un par de comentarios.
- La forma de informar sobre este gigantesco superávit es vastamente insatisfactoria. El hecho de que haya que sacarlo por diferencia es sintomático. La resistencia de las autoridades a informar sobre lo que parece ser una excelente noticia es además sorprendente. Nótese que no sabemos aún dónde se generó el excedente ni —lo que no es menos importante— dónde está. No sabemos dónde está depositado, ni de qué manera, por tanto, incide sobre la coyuntura macroeconómica. Y no digamos nada, ya que nuestro interés en la emergencia tiene otra orientación, acerca de que al contribuyente uruguayo se le extraigan 65 millones de dólares en medio año a través del poder monopolista de empresas que se crearon sobre la hipótesis, hoy algo más que desmedida, de que operarían sin fines de lucro.
- La estimación que yo hice del déficit agregado del sector público hace algunos meses, sin contar con los datos del superávit del sector empresarial, sobre el cual no había disponible el menor indicio, están dentro de 10% de las cifras hoy anunciadas. Y no lo digo para jactarme, sino reflexionando que algunos comentarios que de esferas oficiales entonces me llegaron, que atribuían mis cálculos a una supuesta militancia antigubernamental mía me resultan ahora más inexplicables aún que entonces.
Finalmente debo señalar que las cuentas, después de agregar las nuevas cifras no me cierran. Voy a mostrar por qué, no a fin de exhortar a los lectores a que no crean en las cifras oficiales, sino a fin de estimular a las autoridades, ahora que han mostrado una disposición mayor a informar, para que sigan por el buen camino y no se contenten con pasarnos a los observadores de las tinieblas a la penumbra. Ya que ellos tienen la lámpara, que no sean tan renuentes a impartir su luz.
Normalmente calculamos el déficit extrayendo la diferencia entre egresos e ingresos, pero también es posible al menos estimarlo atendiendo a las fuentes de financiamiento.
Si sumo los dos conjuntos de fuentes llego a U$S 344,5 mm. Resto la inversión en reservas hecha en el período y me da U$S 284 mm. Resto el superávit de las empresas (aunque por cierto que me pregunto por qué no están entre las fuentes de fondos del BCU) y todavía me quedan U$S 220 mm., 80 millones arriba del déficit global anunciado.
Ochenta millones de dólares es mucho dinero. ¿Alguien puede dar noticia de su paradero?