Desesperante crisis en la Argentina

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El Austral entró en lo que probablemente constituirá la etapa terminal de su enfermedad, con un tratamiento absolutamente inadecuado para el mal específico que padece.

En una situación hiperinflacionaria, como lo es inequívocamente la argentina actual, los síntomas psicológicos son de primera importancia, porque prefiguran el rechazo final del papel moneda por los agentes económicos. Por tanto, combatir la hiperinflación y restaurar la confianza de los agentes en la moneda son la misma cosa. En todos los aspectos que podrían haber contribuido a allegar ese objetivo, el Presidente Alfonsín se equivocó con notable consistencia.

En primer lugar es obvio que él mismo no debió ser la persona encargada de anunciar el nuevo plan económico, menos aún como "el último gran emprendimiento de (su) gestión presidencial". Es asombroso que a esta altura el Doctor Alfonsín se rehúse aún a reconocer que el enorme capital de credibilidad que tenía al asumir la Presidencia se halla por completo disipado. Él debió limitarse a anunciar el nombre de un nuevo Ministro en cuya personalidad la independencia fuera un rasgo conspicuo, y dejar que éste hiciera el anuncio.

Aun eligiendo para el cargo a alguien como el Licenciado Jesús Rodríguez, que no sólo es de su mismo partido, sino además de su misma facción del Radicalismo —sólo haber reincidido en el Doctor Bernardo Grinspun, también de "la Coordinadora", podría haberse juzgado menos indicado— de todos modos el Presidente debió dejar que fuera él quien se dirigiera a la ciudadanía argentina.

En segundo lugar, puesto que el Presidente Alfonsín se resolvía a formular él mismo el anuncio, al menos debió incluir en su alocución todas las partes esenciales del plan. Por ejemplo, debió expresar el tipo de cambio con que empezaría a funcionar el régimen de tipo único con detracciones y control de cambios que se ha decidido implantar, e igualmente debió informar sobre si el tipo inicial estaría sometido a ajustes, y en tal caso qué método se seguiría. La enorme mayoría de los aspectos cubiertos explícitamente por la exposición presidencial son menos importantes que éstos.

Dentro del mismo orden de cosas, es preciso destacar que uno de los aspectos esenciales del plan —desde un punto de vista conceptual su clave de bóveda— quedó fuera del mensaje presidencial, y relegado a un comunicado del Ministerio de Economía divulgado también la noche del domingo. Dice así:

"A partir de julio próximo, la Tesorería aplicará criterios de caja para atender las obligaciones de pago del mes. Los gastos se cancelarán con recursos genuinos, y no habrá transferencias del Banco Central para cubrir el déficit operativo."

Dicho de otra manera, se abandona la emisión como fuente de recursos fiscales. Si el público creyera esto, la tasa de inflación tendría que amortiguarse de inmediato y fuertemente. Pero, ¿sería razonable que lo creyese? Cabría recordar que un compromiso equivalente, asumido personalmente aquella vez por el Doctor Alfonsín, formaba parte del Plan Austral I, y no sólo fue incumplido dentro del mes de formulado, sino que cayó enseguida en un olvido total.

En tercer término, la parte de la alocución presidencial relativa a medidas fiscales no sólo falla por omisa, sino que las pocas medidas que sí se incluyen hacen desear que la omisión hubiese sido más amplia aún. La privatización de radios y canales de TV, anunciada escuetamente y sin fechas, tal vez podrá aportar recursos al erario, pero ciertamente no en tiempo para resolver el intríngulis financiero actual. Más claramente aún, es sencillamente desalentador que el Presidente Alfonsín haya creído del caso mencionar que el Ministro de Trabajo no asistirá a la próxima Asamblea de la OIT en Ginebra, y que él mismo renuncia a su viaje a Francia para conmemorar el 14 de Julio.

Algo semejante puede afirmarse respecto del ya aludido comunicado del Ministerio de Economía, el cual encuentra oportuno mencionar, a propósito del stock de reservas internacionales, que pronto ingresarán a él U$S 270 millones provenientes de la venta de la Embajada Argentina en Tokio y 125 millones por concepto de un préstamo puente otorgado por tres países latinoamericanos con los auspicios del BID. Si lo que se buscaba era tonificar las expectativas, habría sido preciso cubrir el tema de las reservas con un manto de silencio, pero hasta la confesión lisa y llana de que los cofres del BCA se hallan vacíos —confirmando la reciente declaración del Presidente Electo— habría sido preferible.

Finalmente habría que hacer referencia a las ociosas —mejor aun, contraproducentes— amenazas contra los demonios causantes de la hiperinflación ("especuladores") que recurrieron a lo largo del mensaje, y a las no menos frecuentes alusiones a la sensibilidad social del gobierno, que permitirá ahora viajar gratis a jubilados, pensionistas y estudiantes en el subte porteño, implantará un sistema de tarifas sociales, y establecerá un tipo de cambio social para la importación de medicamentos y sus insumos. ¡Cuánto más eficaz habría sido que el Doctor Alfonsín asumiese la responsabilidad por la desastrosa situación, y consiguientemente por las indecibles angustias y crecientes tensiones sociales que ella está causando!

Descontando, pues, la absoluta falta de credibilidad del plan, su pronto fracaso no puede ofrecer dudas. A ello hay que agregar que el tipo de cambio de partida, conocido el lunes, de A175 por dólar, hace que el programa carezca hasta de elemental coherencia interna. Desde el punto de vista fiscal su clave habría sido el rendimiento de las retenciones a las exportaciones (30% para las agropecuarias y 20% para las industriales) pero con los tipos implícitos que resultan para unas y otras (A123 y 140) es previsible que las exportaciones se enlentezcan y la Tesorería tenga que funcionar nuevamente a base de emisión, con lo cual la crisis terminal de la hiperinflación será inevitable, más bien en términos de semanas que de meses.

Con lo cual la declaración del Doctor Menem en el sentido de que está listo para asumir funciones cuando ello se vuelva necesario, no puede sino resultar tranquilizadora.

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