Fisiología de la mano invisible

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POCAS PERSONAS DEBIERON ENFRENTAR TANTOS CUESTIONAMIENTOS HACIA UNA SOLA IDEA COMO ADAM SMITH SOPORTO CON SU IMAGEN DE LA “MANO INVISIBLE” PARA EXPLICAR EL LIBERALISMO.

EI credo de los liberales tiene un soporte esencial y básico, que consiste en la creencia en un orden económico que requiere al Estado, pero que no es del Estado. En otras palabras, el liberal cree que si la economía no es caótica, sino ordenada, inteligible, sistemática, no es porque el soberano se ocupe de ordenarla, sino porque, existiendo un soberano que se organice él mismo para cumplir ciertas funciones indispensables como declarar el derecho y hacerlo cumplir, los distintos agentes que componen la sociedad, por si solos espontáneamente -palabra que va a damos mucho que hablar, cada uno persiguiendo su propio interés, sin que los resultados globales estén en la mente de ninguno, de todos modos suscitan un estado de cosas en que el consumidor sabe que podrá conseguir los bienes que necesita a precios previsibles, y los productores saben cómo y por cuánto podrán comprar las materias primas que demandan, y cómo podrán contratar mano de obra y tomar prestado capital, cómo podrán transportar las mercancias, hacia o desde orígenes que les son por completo desconocidos, cubrirse contra una gran variedad de riesgos y una infinidad de otras cosas por el estilo.

Sólo porque el liberal cree en la existencia de ese orden es que puede abogar por un gobierno limitado, que cumpla sus funciones indispensables sin inmiscuirse en los asuntos propios de cada uno y rechazar la idea de un plan central de la economía, por oposición a un plan central del gobierno mismo, ni acepta que el gobierno adopte metas como la tasa de crecimiento global de la economía, ni de las industrias individuales, ni cree que tenga sentido que siente objetivos sobre el nivel de desempleo, etcétera, etcétera. Es decir que el liberal cree que todas esas cosas, y otras como, pongamos por caso, en que el crecimiento relativo de la industria manufacturera y de los servicios, o la tasa de empleo o desempleo, o la magnitud del ahorro y de la inversión, se resuelven por la comunidad, espontáneamente, de una manera que no requiere la intervención de una autoridad central, excepto para hacer cumplir las leyes y los contratos. Al contrario, de una manera que se plasma óptimamente si la autoridad central se atiene a sus quehaceres específicos, como el zapatero a tus zapatos, y respeta la libertad de cada agente sobre qué es lo que va a consumir, y cuánto va a ahorrar, y si va a aceptar o no un empleo al salario tal o cuál, sobre la industria en que va a invertir sus recursos, en el país o en el extranjero, y así sucesivamente.

El símbolo proverbial de este orden es la imagen de una mano invisible que se encarga de compatibilizar el interés individual con el colectivo. Vale citar literalmente el pasaje. Hablando en principio del objetivo de cada agente de obtener el máximo rendimiento posible de su capital, Adam Smith afirma que el individuo, al aplicar sus recursos en la manera en que espera optimizar sus ganancias, "resulta, en ese como en muchos otros casos, guiado por una mano invisible a promover un fin que no formaba parte de sus intenciones. Y no es que la sociedad vaya a sufrir por no haber sido tenida en cuenta. Al perseguir su propio interés promueve el de la sociedad más eficazmente que cuando se lo propone en forma deliberada...”.

Pocos pasajes de la literatura universal han sido piedra de escándalo y objeto de incomprensión como el que se acaba de citar. Quienes han encontrado que la burla era la única reacción posible ante semejante pretensión son incontables. Más aun son los que la han vituperado como una doctrina de lobos dirigida a la credulidad de los corderos. En los lectores mejor dispuestos, solemos encontrar la interpretación de la mano invisible como la manifestación del optimismo ingenuo que reposa sobre la fe en la providencia activista, afanada por hacer de la economía no regulada el mejor de los mundos posibles. Un espíritu tan fino y perceptivo como el teólogo protestante Rheinhold Niebuhr escribía: "Smith cree que cuando un hombre se deja guiar por el autointerés, también es conducido por una mano invisible hacia el cumplimiento de un fin que escapa a sus intenciones. Esta mano invisible es, por supuesto, el poder de una armonía social preestablecida, concebida como una armonía de la naturaleza, lo cual transforma los conflictos que emergen del autointerés en un vasto esquema de servicio mutuo". Antes ya había afirmado que la doctrina smithiana representa una "versión secularizada de la providencia".

Niebuhr, como tantos otros en este campo, parte de la distinción que introdujeron los griegos clásicos en el concepto de orden (kosmos) entre el orden natural y artificial, éste resultado del designio humano, y en tanto esa dicotomía se acepte se sigue que la existencia de orden económico espontáneo, que por definición no es artificial, tiene que formar parte del orden natural, lo cual sólo podría ocurrir por dispensación de la Divina Providencia, que es la interpretación de aquel autor, y el motivo del rechazo y el escario de tantos otros. De modo que una tarea insoslayable para el que quiera entender qué significa el liberalismo económico es saber en qué falla la dicotomía "natural-artificial", y a ello hemos del abocamos en una próxima ocasión. Entretanto señalemos que el medio más sencillo de superar el error que entraña esa interpretación consiste en la lectura de La Riqueza de las Naciones, el libro de Smith donde se habla de la mano invisible, porque allí, lejos de postular una armonía preestablecida entre el interés individual y el social, basándolo en fuerzas sobrenaturales, ni de ninguna otra manera, esa coordinación de intereses se explica. La mano es invisible, pero no misteriosa, por la razón que permite descubrir cómo funciona, por más que los ojos materiales no la detecten. De modo que podría afirmarse que La Riqueza de las Naciones es una fisiología de la mano invisible, y que no otra cosa es esencialmente desde entonces el objeto de la ciencia económica.

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