Salarios y Desempleo

Descargar PDF

EN LOS AÑOS '20 Y '30, KEYNES Y PIGOU SOSTUVIERON UN PROLONGADO DEBATE QUE TUVO COMO TELÓN DE FONDO EL TEMA DEL DESEMPLEO. UNA DISCUSIÓN HISTÓRICA QUE PUEDE ARROJAR LUZ SOBRE LA COYUNTURA.

Durante las décadas de los años '20 y '30 se desarroll6 un debate entre Maynard Keynes y Cecil Pigou que reviste acusada actualidad. Aunque se trató de un intercambio teórico, su telón de fondo fue inicialmente el desempleo asociado al esfuerzo inglés por restaurar el patrón oro a la paridad de preguerra. Por lo tanto, un paro forzoso directamente imputable a la sobrevaluación de la libra, y por lo tanto muy semejante al caso argentino actual, y en alguna medida al uruguayo.

Pigou había sostenido la tesis tradicional, clásica según la terminología keynesiana, que atribuía la desocupación a un precio de la mano de obra superior a su nivel de equilibrio en el mercado de trabajo. Es decir que éste vendría a ser igual a cualquier otro mercado. Si la oferta de un bien cualquiera no puede colocarse íntegramente y se percibe por tanto un desequilibrio por oferta excedente, la variable de ajuste es siempre el precio. Si la producción de lana no puede colocarse y las existencias en manos de las empresas superan los niveles deseados, el precio tiene que bajar para que los consumidores estén dispuestos a comprar mayor cantidad de tejidos de lana y los industriales textiles mezclen mayores cantidades de la fibra natural con sintéticos. Análogamente, si el precio de la mano de obra supera su nivel de equilibrio habrá un exceso de oferta, equivalente al flujo de servicios que los trabajadores querrían vender al precio de mercado, sin lograr de hecho hacerlo. Sólo porque artificialmente se traba ese mecanismo es que el desempleo va más allá de ser un problema transitorio. 

La tesis de Keynes abarca dos aspectos. En primer lugar, sostiene que la tesis de Pigou, válida desde el punto de vista micro, no lo es desde el ángulo macro, en el cual el gran tamaño del mercado de trabajo cobra decisiva significación. Si el precio de la mano de obra cae, y lo demás permanece igual, los empresarios demandarán más mano de obra; sin embargo, observó Keynes, si la caída de los salarios es general, la demanda agregada y los precios de los bienes también estarán cayendo. La caída de los salarios por un lado incentivará a los empleadores a ocupar más mano de obra, pero por el otro la caída del precio de sus productos surtirá el efecto opuesto, y en definitiva el efecto sobre el nivel agregado de empleo no será significativo.

Hay un segundo aspecto. La tesis de Keynes es que la caída de los salarios no ayudará a corregir el paro, pero subsiste otra cuestión: ¿cómo es que los precios de la lana bajan cuando la fibra está sobreofrecida pero no ocurre lo mismo con la mano de obra? La respuesta de Keynes consistió en sostener que, de hecho, el salario era un precio "viscoso" ("sticky") reacio al cambio excepto al alza en condiciones próximas al pleno empleo. Este comportamiento "observado" (no "explicado") por Keynes no hace sentido presumiendo, como lo hacen todos los modelos microeconómicos, el comportamiento racional de los agentes. Los trabajadores saldrían gananciosos aceptando una rebaja de sus remuneraciones a cambio de no correr el riesgo de quedar desocupados y sin embargo estarían rechazando esa opción.

Sólo puede intentarse una explicación introduciendo una política de los sindicatos no orientada hacia el bienestar de los trabajadores, pero desde el punto de vista keynesiano la cuestión pierde importancia ya que, según acabamos de ver, la baja de los salarios no contribuiría a elevar el nivel de empleo. Keynes sostuvo que la rigidez salarial era una feliz anomalía, ya que de otro modo el nivel de precios se comportaría con superlativa inestabilidad cada vez que el

mercado laboral entrase en desequilibrio, concretamente, en la hipótesis de oferta excedente, los precios entrarían en caída libre.

Replicando en la controversia, Pigou demostró que ése no sería el caso ya que según fueran bajando los precios, la cantidad de dinero iría creciendo en términos reales, las tasas de interés serían arrastradas en sentido descendente y la demanda agregada tanto por el rubro consumo como el de inversión crecerían pari passu. Este es el efecto Pigou, contra el cual ni Keynes ni sus discípulos encontraron una contrarréplica, excepto la discutible de que cuantitativamente él no es muy importante.

Tratándose de economías abiertas, como lo son la mayoría y ciertamente las del Río de la Plata, la cuestión pierde importancia, porque, como Keynes no dejó de percibir, en ellas la caída de los salarios no surtiría ningún efecto contractivo sobre los mercados del exterior, de modo que ciertamente sí ejercería una influencia positiva sobre el nivel de empleo. Cabe distinguir entre los bienes transables internacionalmente, cuyo precio se mantendría, por una parte, y por la otra los servicios y otros bienes no transables internacionalmente, cuyo precio sí caería. Con tales transformaciones se recanalizarían los recursos de trabajo y capital hacia la producción de exportables y bienes competitivos con las importaciones, contrarrestando la tendencia del auge anterior. Es decir, si se les permite actuar, los mercados lograrían la restauración del equilibrio general. En Argentina esto debe estar aconteciendo, porque con cerca de 20% de paro, las empresas deben estar licenciando a los trabajadores más caros y contratando a otros a costos menores. Por esa vía es que debemos suponer que el desempleo va a corregirse junto con los demás síntomas de desequilibrio macroeconómico.

Vista previa del documento