Ante la iniciativa del Ministro de Salud Pública, Dr. Alfredo Solari, el gobierno ha decidido construir un gabinete social", compuesto por los ministros cuyas competencias poseen un contenido especialmente social, tales como los de Vivienda y Trabajo, y presidentes de entes análogamente orientados, tales como OSE y BHU.
No se ha anunciado aún el objetivo de ese nuevo cuerpo, pero en términos generales no puede ser otro que promover el bienestar de los estratos económicamente más débiles. O luchar contra la pobreza, como convendría decir si lo que se desea es que eventualmente el "gabinete social" pierda su razón de ser.
Tampoco, por consiguiente, se hizo saber cuál sería la agenda del nuevo órgano, y hacernos cuestión de ello nos suministrará el tema de hoy.
Se abren al respecto de inmediato dos posibilidades. Una es que se trate de coordinar acciones dentro de las competencias actuales; de aprovechar, dicho de otro modo, alguna forma de sinergia que se esperaría surgiera de la presencia física de un conjunto de funcionarios con competencias conexas en torno a una misma mesa. De ser así, no deberíamos esperar gran cosa de la iniciativa. Las oportunidades de comunicación ya son amplísimas entre los integrantes del nuevo cuerpo, y la necesidad de coordinación en muchos casos, obvias. Lo que se ganara en estos dos planos seguramente se perdería en el tiempo insumido por las reuniones. Ya se sabe lo que dicen los italianos: Volete fare niente? Fate una commissione. Se me ocurre que la idea tiene que ser otra: tal vez la de repensar la política social, quizá hasta de diseñar una estrategia anti-pobreza. Es decir, que se metan en un territorio inexplorado, y se embarquen en una tarea nueva. Dentro de ésta, se despliega nuevamente un cruce de caminos. Por uno de ellos se va, no a la supresión de la pobreza sino hacia su alivio, a través de subvenciones. Es la ruta que han transitado los países más ricos, sobre todo Estados Unidos, a través de transferencias en dinero (welfare) y entregas en especie, de atención médica (medicare) y alimentos subsidiados (foodstamps).
Nosotros hemos transitado incipientemente por ese sendero, y podríamos sentimos tentados de adentrarnos más en él. La situación precaria de las arcas fiscales sería, sin embargo, un disuasivo poderoso. Sobre todo dado el nivel exorbitado que ya ha alcanzado la tributación, toda expansión de la cual tenga por fuerza que agredir peligrosamente la economía, como aconteció recientemente con el incremento del Imaba. Que nos sirva de consuelo, entonces, el que esa política haya representado un gran fracaso. Desde que el Presidente Lyndon Johnson precipitó a Estados Unidos en esa dirección, confiado en que si gastando se podía poner hombres sobre la luna también se podría eliminar la pobreza, lo único que se consiguió fue poner el déficit fiscal cerca de los astronautas, mientras el número de personas por debajo del nivel de pobreza crecía sin cesar.
Por fortuna quedan muchas otras cosas por hacer, y de seguro resultado. Walter Williams, distinguido columnista norteamericano, por ser él mismo de raza negra con directa experiencia de los programas anti-pobreza, nos asegura: "A través de toda nuestra historia, un crecimiento económico rápido ha sido el arma antipobreza más eficaz."
Sobre los programas de transferencias pecuniarias y en especie Williams se úne a Thomas Sowell y Marva Collins, otros intelectuales de su misma raza, en señalar su fracaso. El programa de "welfare" escribe el primero, ha tenido efectos devastadores sobre la familia negra. En 1960 20% de los niños negros crecían en familias abandonadas por sus padres. Ahora (dice en 1986) esa proporción es del 60%, La dependencia de los programas de ayuda gubernamental se vuelve crónica. Sus supuestos beneficiarios se hacen inmunes a la prosperidad.
¿Qué es entonces lo que se puede hacer? En primer lugar, advertir cuál es el lastre que impide crecer normalmente a la economía uruguaya. Esto no interesa sólo a los estratos socialmente más necesitados pero mirarlo desde su punto de vista es iluminante. El peso del Estado es sin duda el principal obstáculo para que el país crezca. Si se presta atención podrá apreciarse que los beneficiarios del gasto público son en su mayoría de clase media, o en todo caso de mucho mayor nivel que los destinatarios de la preocupación del gabinete social. Este debería convertirse en el gran achicador del aparato burocrático, en beneficio de los más necesitados. Aparte de ello, en el gran promotor de la calidad de la enseñanza y de la flexibilidad del mercado de trabajo, a fin de superar los dos obstáculos principales a la obtención de empleo por los jóvenes de los medios sociales más carenciados.