Me refiero, naturalmente a Jose Batlle y Ordóñez El, por lo pronto, no lo sabía con certeza. La pregunta viene a cuento en razón de la cuestión que nos hacíamos una semana atrás sobre la pérdida azorante de vitalidad que experimentó la economía uruguaya, probablemente ya a fines del siglo pasado, pero sin duda durante la corriente centuria. Y si hay algo que pueda afirmarse sin hesitación a esta altura de los acontecimientos, es que el socialismo, de cualquier tipo que fuere -el socialismo "real", del partido único y la planificación centralizada, el de Stalin y Mao, Ulbricht y Castro, pero también en apreciable medida el socialismo democrático de Palme y Atice, basado en el sistema fiscal y la "nacionalización" de las industrias básicas, con el aditivo a veces del dirigismo de Blum- es un gran triturador de vitalidades económicas.
Pero tornemos a nuestro tema inicial. La pregunta del título se suscitó durante la primera presidencia de Batlle, cuando Pedro Manini hizo resaltar una discrepancia con el primer mandatario en un artículo que tituló "¿Somos colorados o somos socialistas?" Batlle dejó sin respuesta esta pregunta pero fue más explícito con Alfredo Palacios, líder del socialismo argentino. Milton Vanger, el biógrafo de Batlle, transcribe una reseña aparecida en un periódico orientado a apoyar la candidatura de Williman, dirigido por Julio María Sosa, sobre una entrevista entre los dos hombres públicos rioplatenses. "Sobre todo", leemos, "'hablaron de socialismo. El señor Batlle expresó al doctor Palacios que no sabía si era socialista; que la suya había sido siempre una vida de lucha, lo que no le había dejado tiempo para profundizar en la cuestión. Sin embargo, el señor Batlle manifestó que había sido siempre un enemigo del individualismo absoluto, y más de una vez había intentado poner en práctica ideas socialistas, que le parecían muy aceptables." Vanger comenta: "La respuesta de Batlle... muestra ante todo que no había realmente leído a Marx y a otros destacados autores socialistas." Pero, si ningún socialista había sido su mentor, preguntó por fin Palacios, ¿qué libro había desempeñado máxima influencia sobre el? El artículo cuenta que Batlle se tomó unos segundos para reflexionar, y contestó: Curso de Derecho Natural, de Ahrens."
¿Sabe el lector quién fue Ahrens? Pues, un discípulo de Krause. Pero... ¿y Krause mismo? La Fundación Prudencio Vázquez y Vega publicó en 1988 un cuaderno con algunas páginas de uno y otro, aparte de algunos ensayos explicativos, de modo que es posible que sus nombres no sean totalmente extraños en el Uruguay. En la nativa Alemania de ambos, bien poco se les recuerda. Sólo en España ha habido krausistas, y ello, como observa Menéndez Pelayo, por pura casualidad.
En efecto, en 1843 el ministro de Educación de España resolvió enviar a Julián Sanz del Río a Alemania, en un esfuerzo de puesta al día de los estudios filosóficos. Dio la casualidad de que se topara con un par de discípulos de Krause - Ahrens, Timberghien - y ya no fue más allá. Menéndez Pelayo lo atribuye a sus escasas luces y a su pereza intelectual.
Es fácil vincular la proscripción de la pena de muerte, insertada en la Constitución en 1917, y de las corridas de toros en 1912, con el libro de Ahrens, que trata expresamente de ambos temas. Pero sin duda la influencia cala mucho más hondo. Ahrens trata del Estado como un ente éticamente superior y capaz, de trascender las limitaciones culturales de la comunidad que lo puebla. En las sociedades primitivas, sostiene, el Estado debe cumplir "un deber de tutela o de curatela", y ser "no solamente también maestro, sino también agricultor, industrial comerciante...." Todo lo cual ha sido, y en su mayor parte aún es, en el Uruguay. ¿Influencia de Ahrens sobre Batlle? No es seguro. El socialismo tutelar, por ende provisorio, de Ahrens, parece tener un origen paternalista. El de Batlle, centrado en el odio a las grandes empresas y sobre todo a sus ganancias, parece inspirado más bien en Proudhon; pero Batlle sólo reconoció la influencia de Ahrens.
Lo que sí es cierto es que a Ahrens no se le caía la palabra "Estado" de la boca. "...tiene el Estado el deber de hacer que se respete todo trabajo ejecutado para un fin o una necesidad racional..." y debe propender a que "los beneficios y la propiedad recaigan, cuanto sea posible sobre los trabajadores." Luego de enumerar dos funciones reconocidamente esenciales: "Hay una tercera función señalada al Estado por su fin, y consiste en que favorece directa y positivamente todo el desarrollo social", por lo que alude a la "producción de bienes materiales en la agricultura, la industria y el comercio, o de bienes espirituales en...la moral, las ciencias, las artes y la instrucción." ¿Queda algo fuera por hacer?
¿Consigue el lector imaginarse cómo sería hoy el Uruguay si el destino hubiese depositado en manos de Batlle la Riqueza de las Naciones de Adam Smith en lugar del libro de Ahrens? La buena y la mala estrella en la historia, he ahí un tema que luce apasionante.