París 1968; Montevideo, 199...?

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EN LAS ÚLTIMAS SEMANAS -INCLUSO EN LOS ÚLTIMOS MESES- EL PAÍS SE HA VISTO ENVUELTO EN UNA ESPIRAL DE PROTESTAS ESTUDIANTILES QUE NO PARECE CONDUCIR LA NAVE A BUEN PUERTO. ¿COMO DEBE LA SOCIEDAD OBSERVAR ESTE FENOMENO?

Ante los signos de rebelión estudiantil que se desarrollan frente a nuestros ojos, cabe inquirir qué importancia ha de atribuírseles. ¿Podrán los estudiantes constituirse en la vanguardia de una fuerza revolucionaria?

Marx nunca lo hubiera aceptado. Apenas si imaginó que, al acercarse la plenitud de los tiempos, algunos miembros de la burguesía se pasasen al proletariado, y que eso fueran intelectuales. Pero no específicamente en su etapa formativa.

Sin embargo, los hechos han dicho que sí. Por ahora la historia no tiene para exhibimos ninguna revolución culminada con liderazgo estudiantil, pero ha habido varias tentativas de escala apreciable. La más famosa tal vez sea la llamada "revolución de mayo", designación por la que se alude a violentos disturbios iniciados el 3 de mayo de 1968, en la Sorbona, que se extendieron a toda Francia durante el mes entero. Incluyeron una huelga general revolucionaria, en la que participaron algo así como diez millones de obreros, que paralizó la vida económica de aquel país. Pero la entrada multitudinaria de trabajadores en aquellas jornadas no le quitó el sello estudiantil que habían adquirido en sus orígenes. "No cabe la más leve duda", escribía mientras los desórdenes no habían sido aún plenamente sofocados Herbert Marcuse, generalmente reconocido como el filósofo favorito de los rebeldes, "de que, en este caso, los estudiantes mostraron a los obreros qué debe hacerse y que los obreros siguieron el slogan y el ejemplo establecido por los estudiantes."

¿Cuales eran las banderas que los estudiantes agitaron frente a los trabajadores para lanzarlos al combate? Hoy en día producen una sensación de irrealidad, pero los años finales de la década de 60 fueron una época muy particular. En síntesis, fue la afirmación de que la sociedad industrial avanzada era insoportable, lo que implicaba desde aquel singular punto de vista que era sustituible por una utopía que cada uno podría delinear a su gusto. En la misma ocasión ya aludida, Marcuse, hablando en California, decía: “...ha llegado la hora en que cientos de miles y, como acabamos de ver (en Francia), millones de personas no quieren más. No quisieron levantarse a la mañana e ir a su trabajo y atravesar la misma rutina y escuchar las mismas órdenes y ajustarse a las mismas condiciones de trabajo y representar los mismos roles. Simplemente estaban hartos…

Esto ¿bastaba para una revolución? Más tarde el mismo año, hablando en Nueva York, Marcuse lo confirma: "No podemos esperar y no esperaremos. Sin duda yo no puedo esperar...literalmente no podría soportar más que nada cambiara... " No se trataba sólo de la rutina del trabajo. En aquella misma ocasión se refería a "...todos aquellos que están sojuzgados, esclavizados por sus empleos, ...por la moralidad que se les exige..." Y después de la revolución, ¿qué? Marcuse afecta sensatez y reconoce que no basta decir "vamos a destruir todo y después se verá." Entonces propone una solución muy sencilla: cambiar al hombre, crear al homo novas. Lector: ¿cómo es que a usted y a mí no se nos había ocurrido antes?

Pero los estudiantes revoltosos, ¿participaban realmente en esta insanía? Marcuse ve reflejado ese pensamiento suyo en los graffiti con que los revolucionarios de mayo adornan la Sorbona. Uno dice: "La imaginación toma el poder." Y otro: "Seamos realistas, exijamos lo imposible." Había al respecto algo en el ambiente que estimulaba esta fuga de la razón. El célebre teólogo católico Karl Rahner por entonces escribía sobre “...la invención creadora de un destino humano..." y su colega español José Luis Aranguren reclamaba análogamente "la invención de una vida social mejor..." Era la apoteosis del voluntarismo.

Destruir lo que está, construir lo que uno inventa para reemplazarlo: he aquí una doctrina para adolescentes, una bandera tras la cual no debe ser difícil hacerles marchar. "La juventud de todos" escribe el conservador inglés Michael Oakeshott, es un sueño, una deliciosa locura ... El mundo es un espejo en el cual buscamos el reflejo de nuestros propios deseos." Sí, no debe haber mejor materia prima para producir revolucionarios, o al menos revoltosos. La empresa de hacerlo, sin llegar a la escala de París del '68, ha sido intentada con éxito en muchos otros sitios.

Por ejemplo, entre nosotros. Y justamente en aquel mismo año de explosión juvenil, 1968. En una entrevista colectiva realizada por una periodista cubana a militantes de la izquierda uruguaya -Hugo Cores, Eleuterio Fernández Huidobro y José Korzeniak entre otros- ante la pregunta de quién fue la vanguardia de la lucha contra el gobierno de Pacheco, Huidobro responde: "Yo creo que la vanguardia no fuimos nosotros ni fue nadie. En determinado momento fuimos vanguardia nosotros (tupamaros), en determinado fueron los estudiantes de secundaria, cuando, por ejemplo, en el '68 lanzaron la insurrección estudiantil de secundaria y llenaron de barricadas todo Montevideo. Nos enseñaron el camino a todos, incluyendo a los tupamaros." Y más adelante: "Cuando Pacheco Areco ilegaliza a todos los partidos que habían apoyado las Resoluciones de las Olas comienza la represión y empiezan a morir estudiantes. Antes de morir tupamaros murieron estudiantes..."

Lo que sucedió una vez, puede repetirse. Tal vez, por tanto, lo que estamos viendo como hechos aislados, sean la vanguardia de algo que viene atrás. Quizás estén volviendo a recibir el adoctrinamiento que los puso en movimiento hace casi treinta años. Y el adiestramiento militar. Fernández Huidobro no lo dijo, pero mal podría uno creer que jóvenes que no han llegado en su inmensa mayoría a la edad de imputabilidad penal generen su propia dinámica política. La ideología de Marcuse y la del MLN podrán ser apropiadas para adolescentes, pero eso no significa que los adolescentes pudieran pensarla por sí solos.

Pienso que, de estos acontecimientos que estamos viendo desarrollarse frente a nuestros ojos puede extraerse un par de conclusiones. La primera es que la oposición a la reforma de la enseñanza no es más que un pretexto. Los muchachos sin duda mal pueden comprender el sistema en que se supone que estudian ahora, menos aún uno que no conocen. He oído decir que algunos de los docentes tratan de usarlos para mantener el curro que tienen en Secundaria, como diría Hugo Barrios, el conocido autor costumbrista, pero sin duda lo que los chicos quieren es romper la rutina y lucir su desprecio por el mundo de sus mayores. Tanto ocupando liceos como mostrándole el trasero desnudo a los fotógrafos. Como doctrina, cualquiera les vendría bien. En segundo lugar, hay que pensar que para quienes controlan la dinámica de esta nueva vanguardia, lo que estamos viendo no es más que el principio. Es preciso inferir un plan estratégico en el cual estos jovencitos, un poco más formados, serán llamados a desempeñar un papel importante.

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