Rehenes

Descargar PDF

LAS REPERCUSIONES ORIGINADAS A PARTIR DE LA LIBERACIÓN DE LOS REHENES EN PERÚ AÚN NO CULMINAN. EN URUGUAY, EL DOCUMENTO EMITIDO POR EL MLN-TUPAMAROS GENERÓ NUEVAS POLÉMICAS Y MÁS PREGUNTAS. ¿ES REALMENTE POSIBLE UNA SALIDAD PACÍFICA CUANDO DESDE EL INICIO SE HA OPTADO POR LA GUERRA?

A propósito de la liberación de los rehenes apresados por un comando emerretista en Lima, hay algo que no puedo siquiera empezar a entender: que algunos, sin estar del lado de los guerrilleros, se duelan porque no se arribó a una “solución pacífica”. ¿En qué podía haber consentido, por ventura, una “solución pacífica”? ¿En ceder a las demandas del MRTA? Eso habría garantizado una solución incruenta (si nos atenemos al episodio, al margen de sus presumibles consecuencias), pero en modo alguno pacífica. De lo contrario habría que considerar pacífica la solución a que se arribó en Munich en 1938 al conflicto de los Sudetes. Es cierto que Neville Chamberlain agitó a su regreso a Londres el papel que traía de su reunión con Hitler y Daladier como símbolo de paz, pero la historia se reirá de él mientras guarde memoria de nuestro tiempo.

Una vez que Hitler había acumulado sus tanques y sus batallones pardos en la frontera checa, y con ello había tomado por rehenes a checos y eslovacos, ya no había solución pacífica posible. Confundir la paz con la capitulación ante la violencia es un error trágico, por sus consecuencias y en sí mismo.

O pensemos en un secuestro. Una banda de delincuentes convierte en rehén al hijo de una familia adinerada, para reclamar un rescate. ¿A quién se le ocurre que pagárselo a los criminales fuera una solución pacífica? De hecho sería lo contrario: un incentivo a la continuación de análogos actos de violencia. Una solución dictada por el amor de los familiares por el rehén, por su humana debilidad, que por lo general miramos con comprensión, pero sin que deje de ser obvio que habrían infringido el deber ético de rehusar la aceptación del chantaje y colaborar con las autoridades para la aprehensión de los criminales. ¿A costa de poner en peligro la vida amenazada del ser amado? Pues, por supuesto que sí: pagar el rescate les convertiría en algún grado en cómplices de los secuestradores; la pérdida de libertad y vida por otros futuros rehenes, junto a la angustia de su gente, caería en alguna medida sobre sus cabezas.

Y. ¿es que alguien puede percibir diferencias esenciales entre el secuestro perpetrado por delincuentes comunes y la toma de rehenes por los emerretistas en Lima? Yo, ciertamente, no percibo ninguna. Si acaso, el acto de los guerrilleros, dirigido hacia un resultado revolucionario, me parece, frente al de criminales en procura de dinero, el más execrable de los dos. Este es pecado de hombres malvados; aquél de hombres enloquecidos por la soberbia, al punto de creer que el sufrimiento y la muerte de inocentes se justifica por la promoción de sus propios sueños salvíficos, que, de hacerse realidad, sólo agregarían la miseria y esclavitud de sus destinatarios al dolor y la muerte esparcidos para imponerlos.

Es por tanto regla general que la moral manda resistir y combatir toda toma de rehenes, cualquiera sea el motivo que la inspire. Por ello permítanme ahora que registre mi absoluto repudio al fragmento del documento emitido por el MLN-Tupamaros, con la firma de Eleuterio Fernández Huidobro, Julio Marenales y José Mujica, donde se impugna el método seguido por el presidente Fujimori para liberar a los rehenes, entre otras cosas, por “desvalorizar todo intento de diálogo tolerante”. ¡Dialogar con los secuestradores! Con quienes se han salido fuera de los límites de la humanidad no se dialoga. Si no hay más remedio, se negocia. Diálogo es recíproco discurso conducido bajo el signo de la razón común de los participantes. Negociación es la comunicación cumplida en función de la fuerza relativa de los contendores. Diálogo es medio de llegar a la verdad o a la justicia. Negociación, la vía de determinar cuánto sea preciso conceder a quien no reconocemos derecho a nada.

Pero si selecciono ese pasaje del documento de los tupamaros no significa que no lo encuentre todo abominable. Allí se afirma que Fujimori optó por la guerra. Pero el MRTA, ¿por qué optó antes? Cuando se hicieron guerrilleros, ¿por qué optaron? La guerrilla es, etimológicamente, una guerra pequeña. Los guerrilleros son guerreros al por menor, en busca de ser mayoristas. Y si dan un golpe de mano en la capital de un país y se apoderan de una embajada, tomando a quienes allí se encontraban por rehenes y el gobierno los ataca militarmente, es el gobierno el que opta por la guerra; si no acepta el chantaje, es sanguinario; cuando responde a la agresión con la misma moneda, es asesino. Ah, y no olvidar esto: con exquisita sensibilidad, los tupamaros de aquende los Andes le echan en cara a Fujimori el poner “…además en riesgo las vidas de policías y militares peruanos…” ¿Habráse visto jamás pareja desfachatez?

El gran reproche dirigido a rescatar a los rehenes en Lima, y no sólo por la ultra izquierda, sino por amplios sectores de la opinión internacional, hace caudal de que los liberadores no tomaron prisioneros. Habría habido terroristas que deponían las armas y fueron acribillados. Las dos mujeres que montaban guardia en la puerta de la residencia ocupada, sacudidas por la primera explosión, habrían querido rendirse a las fuerzas que se precipitaban dentro de la casa y éstas les habrían respondido a balazos. Todo ello indicaría el propósito de aplicar a los guerrilleros una especie de pena de muerte ad hoc.

Es curioso cómo el sesgo ideológico puede inhibir el raciocinio. ¿En qué consistieron las demandas del MRTA para entregar los rehenes con vida? Pues en liberar a los centenares de emerretista que se hallan recluidos en prisiones peruanas. Quiere decir que cuando éstos se rindieron no fueron ejecutados. ¿Qué tuvo de particular el operativo de la embajada japonesa? Obviamente, que la presencia de los rehenes en el edificio copado obligó a poner en práctica un operativo de comandos. No se trataba de reducir a los guerrilleros captores de la embajada, sino de salvar a los rehenes que aquéllos habían amenazado matar. Supongo que todos hemos visto decenas de operaciones de comandos en el cine. ¿Alguien vio alguna vez una en que se tomaran prisioneros? Todas las etapas del operativo están planificadas al segundo, cada hombre tiene misiones estrictas que cumplir en cada instante. Cuando las guerrilleras que hacían guardia en la puerta quisieron rendirse (si la versión es exacta) los efectivos que se precipitaban dentro del edificio, ¿qué debieron hacer? ¿Detenerse a desarmarlas? ¿Pasar de largo y dejar que los acribillasen por la espalda? Las preguntas se contestan solas.

El documento del MLN vaticina que en Perú cada guerrillero masacrado se multiplicará por miles. No lo creo. Pienso que las encuestas muestran el sólido apoyo popular al manejo de la emergencia por Fujimori; pero sé demasiado poco sobre Perú para opinar fundadamente. Ahora bien, lo que más me interesa es lo de casa. ¿Por cuántos piensan los firmantes que podrían multiplicarse cada uno de sus militantes si el FA no conquistara la Presidencia en las próximas elecciones? Después de todo su movimiento comenzó sólo porque en 1958 el partido a que pertenecían sufrió un grave revés electoral. Y sus ideas, si de eso cabe hablar, no parecen haber cambiado desde entonces.

Vista previa del documento