por Ramón Díaz
El producto bruto interno uruguayo creció un 2% el primer trimestre de 1981. Se trata de una tasa claramente inferior a la normal de los últimos años. Si tomamos el cuatrienio previo, y excluimos 1979, por excepcional, la tasa de crecimiento de los primeros trimestres de cada año arroja un promedio del 5%. En otras palabras, este año crecimos 3% por debajo de la tendencia. Probablemente estamos entrando en una recesión.
En la Argentina la tónica recesiva de la coyuntura es notoria. Allí en el primer semestre el crecimiento económico fue negativo; algo así como – 0,6% pero ello a pesar de tener cosechas mucho mejores que las del año anterior, lo que denuncia que el mal es aún mayor. No cabe duda de que la contracción económica allende el Plata es seria.
Brasil atraviesa igualmente una coyuntura recesiva, y Chile también parece haber iniciado una fase de contracción. Los EE.UU., después de un primer trimestre pujante, tuvieron crecimiento negativo en el segundo trimestre, presumiblemente como consecuencia de la lucha frontal que el Consejo de la Reserva Federal está librando contra la inflación. Las perspectivas para el resto del año no son halagüeñas.
Los países de Europa Occidental, por su parte, iniciaron fases económicas descendentes entre fines de 1979 y principios del ‘80, de las que no llevan miras de salir. El paro obrero es particularmente grave en el Reino Unido, empeñado como los EE.UU. en una política monetaria severamente antiinflacionista, pero en Francia fue también lo suficientemente importante como para afectar las posibilidades de Giscard en las elecciones recientes.
Sólo en Polonia no hay recesión. Los polacos tienen ocupación plena. Más precisamente, padecen gran escasez de mano de obra. Y no sólo ahora, sino todo el tiempo. Algo semejante ocurre en la URSS, Bulgaria, Checoeslovaquia, y demás países del COMECON. De manera que si usted es de esos que tienen horror a las recesiones, ya sabe dónde podría tratar de emigrar. Eso sí, no olvide procurarse de antemano la libreta de cupones de racionamiento, y vaya dispuesto a hacer colas para comprar de todo. Trabajo sí, consumo no: ese es el lema que rige en esa zona del mundo.
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La historia del capitalismo en los dos últimos siglos muestra un avance notable en la dirección del progreso material, pero no a lo largo de una ruta exenta de baches. Las pérdidas de nivel, a veces abruptas, dieron en llamarse crisis, y las secuencias de altas y bajas en el camino, ciclo económico. En las profecías de Carlos Marx, las crisis se volverían cada vez más profundas, y desempeñarían un papel crucial en la destrucción del sistema. En los años ‘30 se registró la contracción económica más intensa de la historia, que precipitó a decenas de millones de obreros, en EE.UU. y Europa, a una situación de paro persistente. Muchos creyeron que el pronóstico de Marx se estaba cumpliendo, pero después de la segunda guerra mundial, contra la predicción, las fluctuaciones cíclicas perdieron amplitud. Desde la Gran Depresión (1929-1933), la contracción más grave fue la de 1974-76, y no hay comparación entre los dos fenómenos.
Muchos dan crédito por esta atenuación del ciclo a la obra de Lord Keynes. Curiosamente, Keynes no ofreció ninguna explicación de las oscilaciones del nivel de actividad económica. Lo que sí contiene su teoría es una versión plausible de cómo una economía puede sufrir un proceso acumulativo descendente y encontrar, allí abajo, con mucho desempleo, un nuevo punto de equilibrio. Una teoría del ciclo mostraría cómo la economía zafa luego de tal posición, vía proceso acumulativo ascendente, y recobra su antigua prosperidad, antes de volver a entrar en picada. Esto no ocurre en Keynes. El avión pierde altura, se ve obligado a aterrizar en una hondonada, y ahí se queda. Por sí solo no genera fuerza suficiente para volver a despegar. Hay que llamar al servicio de auxilio.
Los mecánicos que deben asistir a la aeronave son el gobierno, y entre sus herramientas se destacan los instrumentos fiscales (reducciones de impuestos y, más característicamente, aumento del gasto público). Si el aeroplano en panne es un modelo abierto (de los que Keynes no se ocupó explícitamente en su tratado) una herramienta importante para posibilitar el decolaje es la devaluación.
Keynes previó (aunque sólo lo dijo en escritos posteriores a su obra central) que una política que mantuviera el pleno empleo gracias a una secuencia indefinida de inyecciones fiscales en el torrente monetario padecería inflación, pero no dudaba de que ese precio valdría la pena. La idea de una opción entre inflación y paro obrero tomó gran impulso después que A. W. Phillips mostró en 1958 que, desde cosa de un siglo atrás, en su país (Gran Bretaña) la inflación (medida en su investigación por el alza de los salarios nominales) y el desempleo habían mantenido una relación estable, gráficamente describible por una curva descendente de izquierda a derecha, como las curvas I y II de la gráfica. Suponiendo que la curva fuera una sola, se desprendería que el gobierno de un país puede elegir el punto de la curva sobre el cual situar su economía. Un diálogo entre un gobernante (G) y su asesor económico (A) podría haberse desarrollado de la siguiente manera.
G. – Sus números muestran 4% de desempleo. Eso es exagerado. En mi campaña electoral yo sostuve que cualquier tasa de desocupación superior al 2% era obscena, y no sería tolerada.
A. – Es factible bajar esa tasa, pero habría que aceptar un aumento de la inflación. Su antecesor no quería que la inflación subiera del 1%, y entonces…
G. – Así le fue en las elecciones. ¡Al diablo con mi antecesor! Ya no nos ocuparemos más de sus preferencias. Quiero bajar el paro obrero al 2%, y basta.
A. – Tendría que avenirse a una inflación del 7%, señor.
G. – ¿Está loco? 7% es un disparate. 2 o 2½% podría pasar. Usted es economista: dígame qué debemos hacer. 2% de desempleo y 2% de inflación suena muy atractivo.
A. – Podrá ser atractivo, señor, pero no está sobre la curva de Phillips. Lo lamento mucho, pero de la curva de Phillips no podemos salirnos. ¿No le satisfaría 3% y 5%? Esa combinación sí está sobre la curva.
G. – Ya le dije más de 2% de desempleo está descartado. Acepto el 7% de inflación.
Los economistas encontraron enormemente estimulante esa clase de enfoque, pero a la curva de Phillips le pasa algo que también le acontece a las medias de baja calidad: se corre (ver gráfica). Una vez que por un tiempo persiste la inflación del 7%, y la gente se acostumbra a ella, el 7% pasa a ser la misma clase de suelo que antes representaba el 1%, y las cosas se acomodan sobre él igual que antes. Entonces tenemos 4% de desempleo con 7% de inflación, y para bajar el 2% de paro hay que aceptar el 15% de inflación, más adelante el 25%, etc. Buena parte de las economías occidentales en las últimas décadas ilustran bastante bien este planteamiento, que suele llamarse hipótesis aceleracionista (con la que nuestro viejo amigo Milton Friedman tiene bastante que ver). Por supuesto, no todos los economistas la comparten, pero la época de la confianza ingenua en las políticas de estabilización pertenecen al pasado.
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Probablemente, como decíamos, estemos entrando en una recesión. O ya estamos decididamente en una, con la perspectiva de que se intensifique. ¿Qué debemos hacer?
Por de pronto, mirar en nuestro derredor. Informarnos de la coyuntura en la comarca y en el mundo, para decirlo con una locución de gratas connotaciones, en este ingrato contexto de hoy. Esa mirada nos mostrará que la recesión es bastante general. Argentina y Brasil con grandes problemas, los grandes países industriales atravesando fases contractivas, si bien no muy graves. En esas circunstancias, sería milagro que nosotros no encontráramos también algunas dificultades.
En segundo lugar, comprender bien la diferencia entre la coyuntura y la tendencia. No podemos juzgar una estrategia económica por lo que ocurra en un punto en el tiempo. El criterio para nuestro juicio debe tener un espesor temporal adecuado. Un BMW es mejor coche que una Citroneta. Incluso el día en que no arranca, mientras la Citroneta funciona perfectamente. Usted no cambiaría un Rolls Royce con una rueda pinchada por un Fitito con los cuatro neumáticos perfectamente Inflados. Ni trocaría la economía de tos EE.UU., que padece una recesión cada tres o cuatro años, por la economía de Albania, que no la sufre jamás. En el Uruguay desde 1974 venimos usando un estilo económico que nos ha dado un crecimiento del orden del 5%, luego de dos décadas de 0,5%. Ese estilo puede y debe ser mejorado. Lo que no puede ser, es juzgado por lo que acontezca en 1981, ni en ningún otro lapso, favorable ni desfavorable, análogamente breve.
En tercer término, debemos revisar cuidadosamente las opciones de política económica que puedan proponérsenos. Lo más probable es que representen medios expansivos para desplazarnos hacia arriba por una implícita curva de Phillips. Pongamos, una aceleración de la tablita del dólar; pongamos, una devaluación en escalón; pongamos, una refinanciación de las deudas empresariales. (Si le ayuda a usted en el eje horizontal de la gráfica, donde dice “desempleo”, que por ahora no es alto entre nosotros, escriba “endeudamiento”, o “convocatorias de acreedores”, o “máquinas paradas” o “mercados de exportación perdidos”, o algo por el estilo). Revise con atención, como le decía, esas propuestas. Y recuerde que la curva de Phillips se corre. Usted puede terminar con más inflación y el mismo paro, endeudamiento real, número de concordatos, volumen de exportaciones perdidas, capacidad ociosa, etc., que antes.
En cuarto lugar, prestemos la debida atención a la cuestión de cómo capear lo mejor posible el temporal (en lugar de hacernos la ilusión de que podemos trocar el temporal en bonanza por nuestras propias fuerzas). Lo más remunerador va a ser, sin duda, poner en práctica las medidas que se precisan para incrementar la eficiencia de la economía. Un ejemplo: mejorar las comunicaciones. Otro ejemplo: reducir la incertidumbre sobre las futuras medidas del gobierno. Las políticas que se centran en el lado de la oferta de la economía (las Keynesianas se centran en el lado de la demanda) no sólo están de moda; son las únicas que tienen sentido si la curva de Phillips es vertical como la recta AC de la gráfica. Las políticas del lado de la oferta se proponen desplazar esta curva hacia la izquierda y, aunque la oportunidad para hacerlo no tiene que ver con la coyuntura, sus frutos pueden tener un sabor más dulce que nunca durante una recesión.
Por último, saber esperar. Esto quiere decir tener paciencia, pero significa también comprender que si resistimos la tentación de tomar medidas fáciles para intentar a tontas y a locas zafar instantáneamente de la coyuntura, estaremos en realidad haciendo algo positivo: como el atleta que se concentra antes de la competencia, estaremos fortaleciendo nuestra salud financiera para poder dar debidamente el salto adelante cuando llegue la hora.