"Entiendo que hay que ser cauteloso en la privatización de (las empresas de ANCAP)" declaró el Brigadier Jorge A. Borad luego de anunciarse que sería reemplazado en la Presidencia del ente por el Brigadier Hebert R. Pampillón. La declaración es característica del Brigadier Borad, y se conecta con las demás facetas de su personalidad, que le llevaron a polemizar más de una vez con nosotros. Para el Brigadier Borad, el tema de la privatización está abierto, y si bien él no se cansa de arrimar argumentos contrarios a tal cambio, dista de pretender mantener sobre este tema trascendental el silencio que sus colegas de los otros entes parecen querer perpetuar.
El Brigadier Borad puso sin duda en su tarea un enorme empeño y una sincera devoción. Se aleja del puesto sin ocultar el pesar que ello le causa, y nosotros lamentamos verle partir dejando su obra sin la culminación que habría presentado una reorganización del conglomerado de empresas que es ANCAP.
Este es el desafío que enfrenta su sucesor: repensar el ente y dotarlo de una estructura que le permita llegar a convertirse en una verdadera empresa industrial, deslizándose de la pesada burocracia gubernamental de que hoy forma parte, dentro de lo cual el abandono de los monopolios legales no puede dejar de desempeñar un papel protagónico. Hacemos votos para que esté a la altura de las circunstancias.
Se ha afirmado que es mera coincidencia que otro oficial de la Fuerza Aérea haya sido designado para relevar al Brigadier Borad. Sea como fuere, conceptuamos que el hecho es desafortunado. Será difícil que deje de transmitirse a la opinión pública la impresión de que existe un acuerdo entre las distintas Fuerzas para el reparto de los cargos de dirección en las empresas estatales. Y es obvio que todo criterio para la selección de ejecutivos en esas empresas que difieran de la aptitud de cada candidato para el cargo respectivo debería desecharse.
Una vasta experiencia mundial apoya decisivamente la conclusión de que la eficiencia de las empresas estatales es por regla general marcadamente inferior a la de las empresas privadas, pero las empresas públicas uruguayas han debido soportar una carga extra de ineficiencia, derivada de la alternación en sus cargos de dirección de personas sin la capacitación profesional ni la experiencia más adecuadas, por períodos demasiado breves para posibilitar el aprendizaje que los mejores dotados de entre ellos podrían realizar con una vinculación más prolongada.
Recientemente el gobierno del Reino Unido debió buscar un presidente para British Steel, y creyó encontrar el candidato ideal en Nueva York, a un ciudadano de los EEUU, que tenía un contrato con una empresa financiera, Lazard Freres, en cuya dirección participaba. El gobierno británico estuvo dispuesto a pagar varios millones de dólares para desinteresar a Lazard Freres, y poder conseguir su candidato para la empresa siderúrgica del estado británico. Esto da idea del valor pecuniario que poseen los recursos de alta capacidad gerencial, de los cuales nosotros nos privamos sistemáticamente.
Naturalmente que el gobierno del Reino Unido pudo haber resuelto el problema de una manera más sencilla: otorgar a British Steel el monopolio de la producción e importación de acero a Gran Bretaña. Ello hubiera convertido a la empresa en un centro de poder, como el Brigadier Borad reconoció que es ANCAP, en lugar de una unidad productora que debe cifrar su supervivencia en su capacidad para competir. Ello habría vuelto ociosa la búsqueda de un gran dirigente de empresa y habría ahorrado al Tesoro británico una gruesa suma. Pero al mismo tiempo habría asestado un golpe tremendo al bienestar de la población de aquel país y a la capacidad de crecimiento de su economía.