Hoy insistiremos sobre el modelo básico que presentamos en el artículo anterior, pero el terreno adelantado entonces nos permitirá enfocar de inmediato el concepto de costo social, y ampliarlo tomando en cuenta una hipótesis algo más compleja sobre la producción de bienes.
El concepto de costo social es absolutamente central en estas cuestiones. En nuestro medio no se lo ha tenido en cuenta, al menos en las discusiones que se han desenvuelto fuera del ámbito académico. Se discute sobre impuestos finalistas o neutralidad fiscal. Hay partidarios de unos y partidarios de la otra. Como de Nacional y Peñarol. Saberlo ayuda muy poco a decidir quién tiene razón. Hay quienes están en principio a favor de los subsidios, y quienes están en principio en contra. Una vez más, la oposición de ideas se agota en una expresión de inclinaciones opuestas, tal vez entre dirigistas a favor y liberales en contra. Aquí estamos tratando de introducir un instrumental analítico capaz de superar el impasse. No de eliminar toda discrepancia. Frente a una medida concreta podrían de todos modos subsistir diferencias. Tal vez aún las opiniones se dividieran a ambos lados de una línea ideológica; pero la cuestión en sí ya no debería parecer ideológica, sino algo reducible a números, una cuestión a resolver mediante el trabajo y el cálculo, más que a fuerza de pura retórica.
La idea básica, como podíamos apreciar en el último artículo, es que, si los mercados son perfectos, entonces asignan los recursos de manera óptima. Esta proposición no es ideológica, en razón de su naturaleza condicional. No estamos afirmando que los mercados sean perfectos en ningún lugar ni en ningún tiempo determinado. Estamos describiendo un modelo donde los mercados son perfectos por definición, y con relación a ellos la proposición es incuestionable. Oskar Lange y Abba Lerner, marxistas y a la vez economistas destacados, aceptaron la idea. Únicamente sostuvieron que era más promisorio simular el resultado de la operación de mercados perfectos mediante un socialismo cibernético, que hacer que los mercados imperfectos de la realidad funcionaran con algunos retoques. Por ahora debemos tener paciencia y contentarnos con seguir trabajando en un modelo muy sencillo, dentro de cuyo ámbito la proposición es cierta por definición.
A continuación proseguiremos afinando la percepción acerca de cómo la intervención del gobierno en ese modelo ocasiona un costo para la sociedad como un todo. Para más adelante quedará el análisis de las fallas del mercado, que serán entonces las que percibamos como generadoras de costos sociales, abriéndosenos entonces la perspectiva de considerar intervenciones gubernamentales cuyo costo pueda ser menor al que genere el mercado librado a sus solas fuerzas, con la consiguiente ganancia social.
La Figura 1 reproduce la Figura 4 del artículo de una semana atrás, y nos servirá para refrescar la memoria. La curva de demanda por alimentos está representada por la línea DD', y la curva de oferta es SS', cuya horizontalidad refleja el supuesto de costos constantes que más adelante abandonaremos. Sin intervención gubernamental el equilibrio se establece en E, donde los consumidores compran OA quilos de alimentos por mes, a un precio de OS pesos por quilo. El costo total de su erogación está representado por el rectángulo SOAE (a la vez igual al costo de producción en la presente hipótesis) pero la utilidad que los consumidores derivan del consumo equivale a toda el área bajo la curva de demanda entre O y A. Por lo tanto, el triángulo DSE representa el excedente del consumidor, o sea el remanente de la utilidad sobre el costo.
A continuación hacemos que el gobierno ponga un impuesto de ST unidades (quilos de textiles) por unidad de alimentos que los consumidores adquieren. El consumo se contrae en AB quilos por mes, y el gasto total pasa a ser TOBE', compuesto de una fracción SOBC que va a los productores y una fracción TSCE' que es recaudada por el fisco. El excedente del consumidor se reduce en una magnitud que está representada por el área del polígono TSCEE'. Todo él no representa, sin embargo, un costo social. El rectángulo TSCE' es una transferencia de los consumidores de alimentos (en cuanto tales) a la comunidad, y no lo computamos por tanto como un costo para el conjunto de la población.
En cambio el triángulo E'CE sí representa un costo social, a veces llamado también peso muerto del impuesto. Esa parte de la reducción de la renta del consumidor (renta = excedente) no tiene ninguna contrapartida de beneficio para el grupo, y debe computarse como un costo neto.
En el último artículo supusimos que el fisco devolvía el impuesto a la comunidad mediante pagos por cabeza, de modo que el costo no está representado por ningún consumo de recursos por el gobierno. En realidad el gobierno no consume nada en este modelo, al menos tal como está definido por el momento. Sin embargo, el costo social se concreta y afecta el nivel de bienestar de la población, sólo por distorsionar el patrón de consumo de los habitantes del "país", haciendo aparecer los alimentos como más costosos de producir de lo que en realidad son. Ante esa información falsa los consumidores retraen sus compras de alimentos y las sustituyen por consumo del bien alternativo (textiles) en la pérdida de utilidad que muestra el triángulo sombreado.
El costo social de la medida puede apreciarse alternativamente mirando al mercado restante, o sea el mercado de textiles. Es lo que hacemos valiéndonos de la Figura 2.
Antes del impuesto el equilibrio está en E. La erogación de los consumidores (SOAE) se corresponde (en la hipótesis) con el costo de producir los respectivos bienes. De hecho el costo unitario OS es constante por definición. Cuando asistimos a la implantación del tributo a los alimentos, el precio relativo de los textiles baja. En términos de alimentos, el precio unitario desciende a OB, o sea en SB quilos de alimentos por quilo de textiles. Los consumidores reaccionan sustituyendo alimentos, vueltos más caros, por textiles, vueltos más baratos. Expande por tanto sus compras de textiles en AF quilos por mes. Ahora su erogación global está representada por el rectángulo BOFE'. Obsérvese que el excedente de los consumidores de textiles ha crecido en una magnitud representable por el polígono SBE'E, lo que computamos con signo positivo en el balance social que estamos practicando. No obstante éste termina arrojando un saldo negativo, como enseguida podremos apreciar.
Recordemos que OS quilos de alimentos es el costo (constante) de producir un quilo de textiles. Por tanto, cuando los consumidores expanden su consumo de textiles en AG quilos, el costo total de la producción de textiles aumenta en el rectángulo EGAFE'C. Es decir, esta área representa el flujo de alimentos de que la comunidad se priva para consumir más textiles. De ese mayor costo los consumidores sólo aportan la parte cubierta por el área GAFE'. En realidad toda el área SBE'C está cubierta con un subsidio implícito en el impuesto a los alimentos. En ese subsidio implícito distinguimos tres partes. El rectángulo SBGE es la contrapartida de la recaudación del impuesto a los alimentos, con la cual se compensa. En segundo lugar, el triángulo EGE' representa un incremento del excedente de los consumidores de textiles, de modo que los recursos que la comunidad dedica a abaratar los textiles tiene, en esa medida, una contrapartida de beneficio social. Sin embargo, la sociedad soporta un costo que excede de esas dos fracciones en el triángulo EE'G, que representa el costo social de la medida, visto del ángulo del mercado del bien no gravado.
Debe destacarse que ambos costos no son sumables, sino distintas maneras de computar el mismo costo. Acabamos de ver éste como la corriente de alimentos de que la comunidad se priva para elevar el consumo de textiles, en la parte que no resulta compensado por transferencias intracomunitarias. Antes lo habíamos percibido como la pérdida de utilidad derivada de la restricción del consumo de alimentos en la parte no compensada por las transferencias (que representan el aumento del consumo de textiles). Confiamos en que resulte claro que se trata de las dos caras de una misma moneda.
Costos variables
La Figura 3 se compara con la N° 2 del artículo anterior. En aquella TT', ahora una curva cóncava hacia el origen, era una recta. Aquélla indicaba que al movernos de T hasta T', el incrementar la producción de alimentos en un quilo por mes insumía siempre la misma cantidad de textiles, una cantidad que se reflejaba en la pendiente constante de TT'. Ahora la pendiente de TT' cambia en cada punto de su recorrido. Aumentar la producción de alimentos en una unidad insume ahora una cantidad de textiles que varía según el punto de TT' sobre el cual la producción de hecho se encuentra. Más concretamente, insume una cantidad creciente de textiles por unidad de tiempo a medida que expandimos la producción de alimentos. Y viceversa: ambas industrias tienen costos crecientes. Supongamos que partimos de E en la Figura 3 y nos movemos, pasando por E' hasta T. La curva TT' se va achatando progresivamente, lo que indica que por cada unidad en ascenso vertical es preciso un movimiento más pronunciado de derecha a izquierda (decremento mayor de la producción de textiles). Es esto que hacemos referencia cuando hablamos de costos crecientes.
¿A qué se deben los costos crecientes? Supongamos que ambos bienes se producen a partir de los mismos dos factores de la producción: capital y trabajo. ¿Qué ocurre cuando la producción de una de las dos industrias crece? Pues que la producción de la restante se contrae. Como el modelo no admite desempleo (es parte de su perfección) no hay otra fuente posible de oferta adicional de factores de la producción para la industria que crece que la industria restante, que tiene que decrecer. Ahora bien, las dos industrias, ¿combinan los factores en proporciones iguales? Si fuera así, en ese caso muy particular, el traslado de recursos productivos de una industria a otra podría hacerse sin repercusión sobre los costos unitarios. En realidad, ese era el supuesto implícito en nuestro desarrollo inicial, mientras mantuvimos la hipótesis de costos constantes. Si las proporciones en que los factores se combinan varían entre las dos industrias, es evidente que la expansión de una a costa de la contracción de la otra no permitirá a ambas conservar las mismas proporciones de factores que hasta entonces. He aquí la raíz de la variabilidad de los costos, sobre la que volveremos en una próxima oportunidad. Por el momento nos atendremos al hecho en sí mismo.
Mirando las Figuras 4 y 5, podemos ver que la curva de oferta de alimentos SS' asciende en ambas de izquierda a derecha, mientras que sus correspondencias en las Figuras 1 y 2 eran curvas horizontales. Ello traduce el cambio de supuestos sobre los costos.
Centramos ahora nuestra atención en la Figura 4, y dentro de ella en la curva de oferta de SS'. Su ascenso de izquierda a derecha es el equivalente de la creciente pendiente de TT' en la Figura 3, según nos movemos en la misma dirección. La pendiente de TT' en la Figura 3 la interpretamos como la razón o cociente de los costos marginales de los dos bienes:
Pendiente de TT' = costo marginal de alimentos / costo marginal de textiles
La Figura 4, por su parte, expresa el costo marginal de los alimentos en términos de textiles —la misma cosa— por la altura de la curva SS'. Pero ¿qué significa "costo marginal"? Para un flujo de producción cualquiera, se trata del costo que insume producir la última unidad que compone el tal flujo. En la figura hemos dibujado una colección de rectángulos debajo de la curva SS'. Cada uno de ellos describe el costo marginal de producir el número de unidades que está indicado en el eje de las abcisas. Ahora bien, supongamos que la industria de alimentos está produciendo 6 unidades por mes, caso en que la faja indicada con ese número. Si enseguida suponemos que se producen 7 unidades por mes, nos movemos una faja hacia la izquierda, y así sucesivamente. Y otro tanto, mutatis mutandis, empezando de cero y moviéndonos hacia la derecha. Ello nos revela que el costo total de un flujo cualquiera de producto es representable por la suma de las fajas. Como las unidades están arbitrariamente definidas, y pueden imaginarse tan delgadas como se desee, se advierte sin dificultad que podemos hacer que la suma de las fajas coincida prácticamente con la superficie debajo de la curva de oferta (SS'). Veremos enseguida que ello nos conduce a otro concepto de excedente —ahora excedente del productor— análogo al de renta del consumidor, que desempeñará en nuestros desarrollos un considerable papel.
Antes de enfrascarnos en esta nueva noción realicemos una gira de observación general por la Figura 4. El equilibrio se concreta en E donde los consumidores compran OA quilos de alimentos al precio de OP (quilos de textiles) por quilo de alimentos. Recordemos que el triángulo DPE representa el surplus de utilidad sobre costo de que disfrutan los consumidores, a lo que denominamos excedente, o renta, del consumidor. Recién cuando nos movamos más hacia abajo encontraremos diferencias con los casos de costo constantes.
En efecto, ahora debemos distinguir entre erogación y costo, en el caso de los productores. Antes ambos coincidían. Ahora la erogación de los consumidores (SOAE) se corresponde (en la hipótesis) con el costo de producir los respectivos bienes, pero los ingresos brutos de la industria se representan por el rectángulo OPAE, que excede al polígono del costo total, OSAE, en el triángulo OPS. Esa diferencia es el excedente o renta del productor. Resulta del hecho de que el mercado le paga el costo marginal por toda la producción dejándole a la industria una ganancia sobre todas las unidades intramarginales.
Es preciso aclarar que no estamos en modo alguno refiriéndonos a las ganancias del empresario, sino de los factores que contribuyen a generar el flujo de producto. El beneficio del empresario colide con el supuesto explícito de mercados perfectos y con los implícitos en la naturaleza estática del modelo. En realidad éste no deja cumplir al empresario ningún papel, de modo que no es extraño que las ganancias empresariales sean ajenas. Por tanto, al hablar de excedente del productor nos referimos a los ingresos de los factores aplicados a la industria, que gracias a la tal renta son mayores de lo que de otro modo serían.
Pasemos ahora finalmente a la Figura 5, en la que volvemos a asistir a la creación de un impuesto al consumo de alimentos, que en este caso es de VW unidades (quilos de textiles) por quilos de alimentos consumidos. Las consecuencias son fáciles de advertir. Nuevamente se observa un triángulo sombreado que representa el costo social, pero ahora éste tiene una interpretación doble.
Como en el caso anterior, el impuesto separa las curvas de demanda y costo marginal en el nuevo punto de equilibrio. Quiere decir que la utilidad marginal del consumo queda por encima del costo marginal, con el consiguiente detrimento sobre el bienestar social.
Yendo a un análisis más pormenorizado, encontramos:
Una reducción del excedente del consumidor en el polígono UVHEF. Una parte de este polígono está representada por recaudación —el rectángulo UVHF— por lo que no representa parte del costo social. En cambio el triángulo FHE es la parte no compensada de la pérdida de excedente del consumidor, y como tal parte del peso muerto del impuesto.
Una reducción del excedente del productor equivalente al polígono HVWGE. Parte de esta pérdida también es ganancia de la comunidad a través de la recaudación —rectángulo VWGH— pero hay un exceso de pérdida sobre beneficios en el triángulo HGE, que de tal modo se suma al costo social consistente en la pérdida de utilidad de los consumidores.
Ambos triángulos se funden en uno solo —FHGE— que consolida las dos fuentes de costo para la comunidad en conjunto: las falsas señales que los precios distorsionados por la intervención gubernamental imparten a los consumidores, haciéndoles reducir a unos el consumo socialmente óptimo, y a los otros restringir la producción por debajo de la que socialmente reditúa máximas ventajas.