El fin y los medios

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Sabemos que tenemos un gobierno de izquierda; pero, en lo esencial, ¿qué significa tal cosa? Podemos responder atendiendo a los fines que el gobierno persigue. "Procurar una mejora sustancial y progresiva de las condiciones de vida de los trabajadores" me luce una expresión cabal en tal sentido, susceptible de una general aceptación por sus seguidores, aparte de merecedora de aprobación por todo el mundo. La situación se complica si, sin olvidar los fines, tratamos de caracterizar el izquierdismo del gobierno en función de los medios con los cuales él se propone promoverlos. Al respecto, creo imposible encontrar una fórmula consensual. Comenzaré, por tanto, con la enumeración de los medios que parecen contar con apoyo en el liderazgo del FA, o ya se han evidenciado en su gestión gubernamental, sin preocuparme demasiado por el orden de las menciones.

La Revolución, con mayúscula, no puede descartarse in limine de un programa de izquierda. No hace mucho Julio Marenales declaró que la Revolución es el único valor absoluto para él en el mundo, sobre el cual no está dispuesto a transigir. Pero el sentir de un puñado de radicales no lograría ir muy lejos, visto que los regímenes que en el mundo surgieron de la Revolución le dieron ya la espalda, con dos insignificantes excepciones, impedidos sus pueblos, por lo demás, de expresarse. Queda a su favor el factor igualdad, que resulta de eliminar la propiedad privada, lo que a muchos cautivaría; pero eso nos retrotrae a los fines: la meta de la izquierda consistiría entonces en lograr una igualdad perfecta; ahora bien, sí, como la experiencia enseña, ello implica la pobreza extremada y perpetua, es improbable que suscitase mucho apoyo. De hecho, los países donde se ensayó consistentemente –la URSS y sus filiales– son los únicos donde los guardias fronterizos apuntaban sus metralletas hacia adentro.

Otro medio con que la izquierda podría identificarse sería el de organizar la economía del país de manera tal que se atrajera un gran volumen de inversiones, de adentro y de afuera, haciendo que una demanda por mano de obra en constante expansión elevase persistentemente los salarios reales. El ministro de Economía y sus principales asesores han mostrado una clara inclinación en ese sentido, y según creo, asimismo, el propio presidente de la República. ¿Será esta la expresión de medios que debamos asociar a los fines de mejora de las condiciones de vida de los trabajadores? La experiencia de la civilización occidental es francamente favorable a esa opción. La teoría económica tal como se enseña en las principales universidades, otro tanto. Es siguiendo esa pauta que las comunidades del norte de América, el oeste de Europa, Australia y Nueva Zelanda, Hong Kong y Singapur, se enriquecieron. Los trabajadores y los empresarios para quienes ellos trabajan también. Al mismo tiempo. Mas, aparte de las declaraciones de miembros descollantes del equipo de gobierno, ya aludidas, el método que en la práctica se está utilizando para promover el bienestar de los trabajadores, que es el fin esencial del gobierno, es otro. Y antitético de aquel. Tal vez porque tales medios se consideran insuficientemente izquierdistas. Pero ya veremos. Antes tenemos que examinar cuáles son esos otros medios que de hecho se están ejercitando.

La diferencia entre unos y otros métodos parte de una diferencia filosófica. No digo científica, porque en el terreno de la ciencia ella se desmoronaría al instante. Filosófica, pues, o, tal vez mejor, histórico-filosófica. Una de las herencias con que nos dotó España fue el mercantilismo, una de cuyas facetas consistía en una visión estática de la riqueza global; de modo que, a fin de que A se enriqueciese, los demás, globalmente, de la B a la Z, tenían que empobrecerse en igual monto. De modo que el patrón y los obreros tironean de una tela a ver donde se corta la parte de aquel y la de estos. El que hace más fuerza saca ventaja. Por eso son tan importantes los sindicatos. Por eso han conseguido del FA, como primer testimonio de gratitud por sus votos, el derecho a ocupar los locales de las empresas en que trabajan. Violando flagrantemente la Constitución, en tanto el derecho a ocupar es clara e indubitablemente incompatible con el derecho de propiedad que aquella garantiza. Y minando la confianza de los inversores.

En los años '60 la proporción de obreros sindicalizados en los EEUU era del 40%. Hoy es de 10%. En California y la costa oeste en general no hay un solo sindicato en funcionamiento. ¿Cómo hacen por allí los trabajadores para evitar que los empleadores no le recorten indebidamente el salario? Es muy sencillo. Si no les pagan el salario de mercado, se van, olímpicamente, a otro empleo. Si aquí el nivel de paro forzoso estuviera en lo que los economistas llaman la "tasa natural", que es la proporción normal de gente que está cambiando de empleo, alrededor de 5 ó 6%, ocurriría lo mismo. A quienes les interesa que el nivel de desempleo no baje a la tasa natural es a los sindicatos, para cuyos miembros perder el empleo es un accidente grave, aparte de la ley de "fueros" que ellos se procuraron, y que ha extendido notablemente su poder y su fuerza financiera.

En mi opinión, tanto la ley de "fueros" como el régimen de ocupación libre de locales de trabajo están minando, y terminarán contrayendo fuertemente la demanda por mano de obra, y no digo nada sobre sus efectos si la bonanza internacional se interrumpe. Temo, por tanto, que no estemos en vías de satisfacer el objetivo natural de un gobierno de izquierda. En otras palabras, pienso que este período no va a dejar a los trabajadores ninguna ventaja sensible. Podrá haber algunos trabajadores que disfruten las ocupaciones, la posibilidad de tratar abiertamente de "hambreadores" a sus empleadores, como vi en una foto de prensa hacerlo a los obreros de una curtiembre días atrás. Otros preferirían trabajar y progresar en un ambiente tranquilo. Aun para los sensibles a la diversión, la satisfacción no será más que transitoria.

Tal vez sería utópico esperar que los trabajadores uruguayos se contentaran con un gobierno de izquierda que no hiciera más que adoptar un régimen de economía libre. Sin embargo, déjenme que les dé el resultado de una encuesta de Globe Scan a 21.000 personas de distintos países, pidiéndoles su opinión sobre la proposición "la economía de mercado libre es la mejor". El 71% de los encuestados de EEUU dio una opinión favorable. Pero los chinos, que se criaron en el socialismo real, se pronunciaron igual en un 74%. Los argentinos en un 42%. ¿Se dan cuenta que lo que nos está pasando tiene raíz cultural? Eso es lo que va a haber que investigar antes que nada.

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