Un artículo de Luis Hierro López en El Observador cuestiona previas notas mías en las que aproximaba conceptualmente a Batlle y al actual gobierno uruguayo. Hierro controvierte esa similitud y polemiza con mis tesis respecto del liderazgo de don Pepe. Ha hecho bien Hierro en escribir ese bienvenido artículo. Una república sin polémica es una república coja. Muchos griegos eran devotos de la diosa Peithóo, que significa "persuasión". Y en una república el debate es la mejor forma de intentar convencernos unos a otros. Vayamos juntos, pues, en amistosa discrepancia, a comparecer ante la soberana opinión pública. Y que gane el mejor.
Tengo una sola objeción que dirigirle a la presentación de sus ideas, ejemplar en todo lo demás. Dice Hierro que yo muestro una "especial enemistad hacia Batlle y Ordóñez". No es así. Ante todo, toda mi capacidad de odio se la lleva el montón de ideas que creo falsas, y de las que abomino, pero nunca extensible a sus defensores. En mis clases siempre reconozco señalado mérito a don Pepe por dos valiosas contribuciones a nuestra historia: la pacificación del país, por haber rehusado ofertas negociadoras para lograr una paz transaccional en 1904, y, en segundo lugar, por haber sido un líder populista que respetó la solidez de la moneda nacional.
Pero Hierro me atribuye "el error conceptual de asimilar al Batllismo con el socialismo", aduciendo que "había –y hay– una tajante separación de ambas corrientes de pensamiento". Cito testigos que presentan un cuadro bien distinto. Primer testigo: Pedro Manini Ríos, tal vez el principal líder colorado después de don Pepe a principios de siglo, le plantea al presidente de la República una pregunta que queda sin respuesta: "¿Somos socialistas o somos colorados?". Segundo testigo: Alberto Palacios, joven líder socialista argentino, que preguntó en Montevideo a Batlle antes de su partida hacia Europa: "¿Es usted socialista?" Sin respuesta terminante, Batlle se declara cercano al socialismo. Una nota en un periódico batllista, dirigido por Julio María Sosa, informaba así: "Se habló sobre todo de socialismo. El Sr. Batlle manifestó que él no sabía si era socialista. Que su vida había sido siempre de lucha, no habiendo podido profundizar bien esa cuestión. Sin embargo, dijo (Batlle) he sido desde la cátedra enemigo del individualismo absoluto, y más de una vez he tratado de hacer prácticas ideas socialistas que me han parecido sumamente aceptables". Tercer testigo: Luis Hierro López, que en su artículo expresa: "El batllismo creyó que el Estado era el medio idóneo para impulsar la economía en aquel tiempo". Ello no puede ser más que una convicción socialista, como veremos en seguida. Quinto testigo: Feliciano Viera, sucesor en la presidencia después del segundo período de Batlle, tras un revés sorpresivo, y con visos de catástrofe, algo así para el FA como si lo sufriera Tabaré Vázquez. ¡58% contra 42% (30/7/16)! El mensaje del presidente Viera a la Convención del Partido Colorado decía: "Las avanzadas leyes económicas y sociales sancionadas durante los últimos períodos legislativos, han alarmado a muchos correligionarios y son ellos los que nos han negado su concurso en las elecciones del 30/7. Bien señores, no avancemos más en materia de legislación económica y social, conciliemos al capital con el obrero. Hemos marchado bastante a prisa: hagamos un alto en la jornada".
Hierro afirma que "Batlle creyó que el Estado era el medio idóneo para impulsar la economía en aquel momento". Pero ¿por qué entonces en particular? Hoy se sabe que la economía dirigida por el Estado asegura el fracaso. La URSS ya no tiene otro papel histórico que el de documentarlo. China también lo demostró abandonando el sistema de economía dirigida y pasándose a la economía de mercado con enorme éxito. ¿Quién cree hoy en la economía orientada por el Estado? Corea del Norte, Cuba, y, en medidas varias, algunos líderes de izquierda, sudamericanos desorientados, enfilados a un resultado fatal. Yo dije que Batlle y Ordóñez tenía una fuerte tendencia al monopolio simplemente porque todas las empresas estatizadas lo fueron asistidas por privilegios monopólicos. Y ahora que están perdiendo dinero, con monopolio y todo ¡hasta en juegos de azar! tímidamente están empezando a considerar métodos mixtos. Pero no hay en el mundo empresas tan alejadas del sistema racional de propiedad privada como las estatales de Uruguay, regidas colegialmente por directorios mayoritariamente políticos, y en ninguna parte peor gobernadas.
Todo se resume en los resultados. Uruguay tuvo un gran éxito económico hasta 1875, al nivel de renta por cabeza de Inglaterra, Francia y Alemania, apenas por debajo de los EEUU, 20% arriba de Argentina. El impulso inicial al proteccionismo (1875-88) nada tuvo que ver con Batlle y Ordóñez, pero él lo consolidó en una evolución hacia un mayor cierre de la economía.
En 1931, con control batllista del Ejecutivo colegiado entramos en una etapa trágica con cupos de importación –y me hago plenamente responsable de lo que digo– con 0 crecimiento del PBI y del comercio exterior durante 20 años (1955-1974), por casualidad la etapa más dinámica en la historia económica del mundo; hasta la eliminación radical, notable éxito, a cargo del ministro de Economía de entonces, Végh Villegas. Después ya no se volvió a un estancamiento de décadas, pero el crecimiento, si bien en cierta manera revivió, nunca estuvo libre por largo tiempo de severas crisis financieras. ¿Razón? Básicamente, la clausura estable de la economía, que se consolidó en el desastre estratégico de nuestra incorporación al Mercosur con dos países claramente proteccionistas.
Reconozco que en el terreno laboral, por desastrosa que fue la política batllista –basada en la premisa de que los empresarios ganaban con la explotación de los trabajadores, pese al ejemplo contrario de los EEUU– estamos peor aún ahora, operando sobre la misma plataforma teórica batllista. Peor, pero no mucho peor.