El Mercosur no nos sirve

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Nos buscamos dos socios caracterizados por una profunda vocación por la clausura comercial

Los argumentos que se manejan a favor y en contra de que el Uruguay siga dentro del Mercosur son harto variados: si los socios menores del acuerdo reciben o no un tratamiento apropiado; si la secesión violaría el más elemental realismo político y económico; si la conducta del gobierno argentino ha vuelto incompatible la asociación entre su país y el nuestro; si la entrada de Venezuela a la unión aduanera la priva de toda seriedad; si, por medio de su canciller, Brasil pretende avasallar nuestra soberanía; y así podría continuar buen rato. Son argumentos de desparejas fuerzas persuasivas, o no se avienen a la cronología del enfoque, que debería descartar el cortoplacismo, o —en cuanto críticos— apuntan hacia renegociaciones y no hacia ruptura. En mi opinión, todas dan por sentado que el proyecto que se plasmó en el Tratado de Asunción era viable desde el punto de vista económico, y veremos que no es así: que, por el contrario, condenaría a los dos socios menores a participar de una estrategia comercial caracterizada por la clausura en un grado inadmisible para economías del porte de la paraguaya y la nuestra.

Toda la cuestión radica en el carácter de unión aduanera que se dio al acuerdo de integración. A su vez, la unión aduanera implica un arancel externo común. En general, un estado soberano es libre para decidir la altura de la muralla aduanera que debe circundar su economía; no, sin embargo, si entra en un proyecto de unión aduanera, pues el convenio dispondrá aquella magnitud para todos los estados miembros, en común, y solo podrá ser modificada por todos ellos, también en común.

Ahora debemos hacer una pausa sobre el Mercosur para sentar dos premisas básicas del argumento que propondré al lector. La primera es que los países grandes tienden a tener menos apertura económica que los más pequeños. La apertura suele medirse por el cociente entre, como numerador, exportaciones más importaciones, y como denominador el PBI. En una muestra (datos de CERES) de 150 países de cinco continentes, los de más de 50 millones de habitantes tienen una apertura media de 43%; los de entre 10 y 50 millones, del 62%; y los más pequeños, del 92%. En segundo término, que los países con mayor crecimiento económico exhiben coeficientes de apertura muy superiores a sus respectivas medias, a la vez que en proceso de ampliación. Veamos algunos casos. El de Irlanda es un buen comienzo. Tiene una extensión territorial inferior a la mitad del Uruguay y 4 millones de habitantes. Tradicionalmente país pobre, caracterizado por enorme emigración. Hoy es el 2.° país más rico de Europa (1.° Luxemburgo). Escasez de mano de obra y abundante inmigración. En el referido lapso su PBI crece a 6,4% anual. Su coeficiente de apertura crece de 112 a 169% (usted ha leído correctamente: 112 a 169%). España. Datos entre 1975 y 2002. Crece a 2,9%. Su apertura aumenta del 19 a 62%. Portugal. En el mismo lapso obtiene parecidas ventajas. Su apertura crece del 31 al 74%. Chile. Su PBI en el mismo lapso creció al 4,1% al año. Su apertura aumentó del 48 al 79%. China. Entre 1970 y 2003, creció al 6.8%. Su apertura comercial saltó del 7 al 66%. India. Mismo período. PBI creció a 2,3%. Su apertura comercial subió del 8 al 31%.

Los dos socios principales del Mercosur, por su tamaño, según ya vimos, tienden a ser menos abiertos, pero lo son, además, mucho más de lo que el tamaño puede explicar. A Argentina, comprendida en el paréntesis de 10 a 50 millones, por promedio le corresponde, como vimos, una apertura de 62%, pero en realidad tiene 19%, menos de un tercio del promedio. Brasil, al que le incumbe la media de 43%, tiene en realidad 13%, también por debajo de un tercio de la media respectiva. Como se ve, nos buscamos dos socios caracterizados por una profunda vocación por la clausura comercial. Nos los buscamos nosotros mismos. Ellos no nos llamaron. Ellos tenían todo el derecho del mundo para diseñar la unión aduanera de su gusto. Fuimos nosotros los que irrumpimos en su ámbito de negociación, arrastrando encima a Paraguay. Y fue una decisión desafortunada, si las hay. Si se hubiese tratado de una zona de libre comercio, como era ALALC, no habría habido problema. La zona de libre comercio tiene sus inconvenientes, pero permite a los países miembros tener la política comercial que les plazca. La unión aduanera, en cambio, presupone la renuncia a la soberanía arancelaria. Nosotros tenemos un arancel, resuelto por Argentina y Brasil, conforme al tratado respectivo, de 25%. El de Chile es del 6%, y el promedio, considerando todos los TLC's que firmó, está por debajo del 3%. Nosotros nos autoimpusimos un régimen arancelario que nos condena a la mediocridad económica, o tal vez peor, a perpetuidad. Uruguay tiene una apertura del 38% frente a la media relevante del 92%.

Hay gente que se queja de que el canciller brasileño haya objetado la negociación por nuestro gobierno de un TLC con los EEUU. Es porque no saben qué cosa es una unión aduanera. Nosotros no podríamos darle entrada libre de derechos a mercancías de aquel origen, puesto que el arancel que nosotros tenemos es del Mercosur y solamente si el Mercosur lo aprueba es que podríamos concederlo a terceros. Este tipo de reacciones me lleva reiteradamente a preguntarme cuánta información en expertos en economía internacional se recabó antes de la firma en Asunción. También viene a cuento inquirir si se recabaron opiniones en expertos antes de la firma. La memoria conserva el hecho de que, cuando se estaba discutiendo el asunto, Ariel Davrieux dictó una conferencia en la que se pronunció en contra, sin consecuencias.

En cuanto a nuestra inserción internacional, me parece evidente que el mundo es la respuesta. Ricardo López Murphy ha dicho que "Chile ve al mundo como su mercado." Y en la misma ocasión, sobre Argentina, y su temor a las importaciones, pronunció también palabras que no son enteramente aplicables: "... el día que dejemos de temer al mundo, el día que volvamos a recuperar la autoestima, ese día empezará nuestro despegue."

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