El gobierno se define

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"El presidente parece haber elegido, para él mismo y para todos, la opción más sencilla"

Indiscutiblemente, el desistimiento del presidente respecto del TLC con los EEUU cierra el capítulo inicial del gobierno del FA. Así lo verá la historia. Así lo estamos viviendo nosotros, los que vivimos esta dramática fase de nuestro país sin falsas ilusiones; pero además, pese a todo, entrevemos una tenue lucecita de esperanza en el borrascoso horizonte; esperanza de que el partido que se presentaba como la opción de cambio, sin la más remota idea sobre qué cambio era el que necesitamos, llegara a comprender que ese cambio no es otro que la ruta de Hesíodo: "Fácil es alcanzar en tropel la miseria. Liso es el camino. Y no reside lejos. Sin embargo los dioses inmortales han colocado antes del éxito, el sudor."

Y sudor era lo que debíamos esperar del TLC. O, más precisamente, mejorar las oportunidades para el sudor. Sudor del cuerpo y de la mente. Esfuerzo. Ingenio. Coraje. Lucha. ¡Qué error gigantesco en los que pedían del TLC, para apoyarlo, facilidades, prebendas, canonjías! ¡Qué olvido del camino que nuestro país recorrió en su alborada, dejando atrás sus menesterosos orígenes, hasta terciar con los más ricos del mundo! Me excuso si dejo de nuevo la palabra al mismo gran poeta: "Grecia ha sido en todos los tiempos un país pobre. Pero en ella funda su areté. Llega a ella mediante el ingenio y la sumisión a una severa ley. Mediante ella se defiende Hélade de la pobreza y de la servidumbre."

Pues a todo eso el gobierno ha cerrado sus ojos. El presidente parece haber elegido, para él mismo y para todos, la opción más sencilla, más segura, más tranquila. Sobre todo más tranquila. Ahora sabemos cuál es el valor supremo de nuestro presidente. Satisfizo a todos los que veían dificultades en las exigencias más sanas, bajo la forma de violaciones a la soberanía nacional, tras haber sustituido el incomprendido concepto de soberanía, a fuerza de pasión, en obsesión disparatada. Y, en general, gracias a su prudente decisión, abriéndole a la muchachada del barrio grande ocasión, todos encogiéndonos de hombros por la pobreza rampante (ya que hechura del imperialismo) de irnos todos a chapotear en las aguas llanas y tibias del Mercosur.

Y sanseacabó. Al fin y al cabo, por fin tenemos una indicación clara sobre dónde estamos parados. O sobre por qué clase de puerta estamos entrando. Que es como la de Dante: Lasciate ogni speranza voi ch'entrate. El día que conocí la noticia, llegando a casa a medianoche, vi a un chico de unos 10 años haciendo malabarismo en un semáforo. Y dije por dentro: que Dios te ayude, a ti y a tus congéneres que vienen detrás, porque si esperan que la sociedad trate seriamente de rescatarles una infancia humana y decorosa, su desilusión será apabullante.

Pues bien, ahora que sabemos dónde estamos, las preguntas que nos hacemos sobre el gobierno son menos, y más fáciles de contestar. Pregunta: "¿Qué significa 'cambio' para el FA?" Pues muy sencilla la respuesta: "Fortalecimiento del poder sindical tanto como sea posible." En las etapas primarias de la revolución rusa, un lema que los comunistas propagaban en las calles (incluso en Montevideo) era "Todo el poder a los soviets", los cuales podían ser comités de obreros, y, por tanto, algo no muy distinto a sindicatos. Hoy es como si aquí el FA propusiese como lema "Todo el poder a los sindicatos." Lo cual, en verdad, hay veces que se siente que la antedicha transferencia de poder ya se verificó. Los sindicatos ocupan todos los locales que les vienen en gana, desde hace tiempo. Declaran la huelga hasta en el ámbito de la inversión mayor jamás recibida, la eventual pérdida de la cual podría costarle muy pero muy caro al FA, y encima por un fundamento absurdo. Recientemente, un piquete de SUNCA invadió un hogar privado y se llevó los materiales con que algunos albañiles estaban trabajando, aduciendo que estaban en paro, mientras los llamados a la policía en defensa de la propiedad privada eran ignorados olímpicamente. Etcétera. Todo esto es harto conocido, pero hay en ello un aspecto que no he visto considerado. Pregunta: "¿Por qué el gobierno favorece tanto al poder sindical?" Respuesta: "Porque estima que la distribución de la renta es una cuestión de justicia." Y, naturalmente, desean que los sindicatos tengan las llaves de esa justicia. Pero eso no es lo esencial. Lo esencial es que el gobierno (digamos, el MPP; no, por así decirlo, Astori) cree que se trata esencialmente de una cuestión de distribución; que el salario real crece a costa de los patrones. O sea una de las tonterías más notorias. Una tesis para la risa de quienquiera haya aprendido el ABC de la economía o el ABC de la historia. Siendo el segundo ABC menos exigente en materia de comprensión, escojamos de allí la ejemplificación. Cuando los capitalistas entraron a ganar dinero en serio, en la segunda mitad del siglo XIX, es cuando el salario real avanza como no lo había hecho desde el siglo XIV, impulsado por la peste negra. Y la pretendida depauperación de los obreros europeos cae en el olvido. En China, en la década de 1980, la política económica dejó de ocuparse de la igualdad entre los individuos, y la desigualdad mostró un avance insólito, al decir de un libro chino que comenté en mi artículo de hace tres o cuatro semanas. Al mismo tiempo, el número de personas bajo la línea de pobreza bajó de 250 millones a 65, en 1995. "La ideología del igualitarismo había sacrificado eficiencia e incentivos y ello condujo a un bajo nivel de eficiencia en la economía" expresan los autores; de los tres, dos chinos ellos mismos.

Pero, ¿valdría la pena hablarle a la gente del gobierno de eficiencia? Tal parece que no entienden bien de qué quiere decir. Una manera de apreciar lo que perdimos al renunciar al TLC es comprender cuánto podía contribuir a volvernos un país eficiente, en vez del que está en 73° lugar del mundo en competitividad, tres lugares más bajo que un año atrás. Comparado con el 27° de Chile. Todo Mercosur con parecidas posiciones, por otra parte, fruto sin duda de sus terribles aranceles externos. En una palabra, optamos por la mediocridad. ¿O es esa palabra demasiado suave?

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