En este país, alguien que se autodefine conservador es rara avis. En general, la expresión adquiere un sentido peyorativo. Pero para los anglosajones la cosa es bien distinta.
El último artículo lo titulé igual que éste, salvo el numeral romano, pero me faltó tiempo para comentar más allá de la izquierda. Le toca hoy, entonces, a la derecha. En la historia de la Revolución Francesa, tenemos una verdadera izquierda, la de quienes quieren cambiarlo todo, como hace una semana oímos a Rabaud de St. Étienne así proponerlo, y gente deseando poner fin a la Revolución una vez que se cumpliera un programa de reformas aprobadas por ellos: Fuldenses (Feuillants), Monárquicos, Girondinos. Sentados a la derecha del presidente de la Asamblea, de donde, como decíamos hace una semana, combatían por lograr algún cambio social, pero no todo el posible —posible, en el corto plazo, porque en el largo Dios dirá— que es cosa de locos.
A los que así piensan, se les llama "de derecha", o, lo que preferiremos hoy, conservadores. En este país, alguien que se autodefine conservador es rara avis. Atribuirle a alguien la condición de tal viene a ser un acto agresivo, máxime si, como puede hacerse, se intensifica la calificación anteponiéndole un "muy", con lo que ya deja al destinatario a la altura de un felpudo. Para los anglosajones la cosa es bien distinta. En Inglaterra, la vieja tradición era distinguir los dos partidos que había entre whigs y tories (singular tory), pero actualmente la separación opera entre socialists y conservatives, de donde el lector podrá inferir que el nombre que sustituye al de tories no es agravante. Es el nombre que los propios miembros del partido eligieron para distinguirse. En los EEUU no hay un partido que se caracteriza igual, pero entre los políticos no escasean los que se autodefinen como conservatives, sin excluir el presidente más exitoso de las últimas décadas, es decir, Ronald Reagan.
¿A qué debe atribuirse esa diferencia? Diferencia con los uruguayos, pero también con los franceses y con muchas otras naciones. Podrán invocarse distintas culturas, pero, seguramente, hay un factor mucho más concreto que está influyendo. Me refiero a una persona, mejor dicho, a un personaje, que diagnosticó fracaso a la Revolución Francesa desde el primer momento. Asombrosamente. Sobre lo cual nos ocuparemos en seguida, pero antes debemos revelar su personalidad que, llegado el momento de ocuparse de la Revolución Francesa, ya estaba sólidamente consagrada.
Primero, sus datos básicos. Nombre: Edmund Burke. Lugar y año de nacimiento: Irlanda (a la sazón una dependencia de Gran Bretaña) en 1729, hijo de irlandeses, padre protestante, madre católica. Su religión: educado primeramente en el catolicismo, al llegar a mayor, orientado hacia la actividad pública, protestante, única posibilidad para una carrera de hombre público, tanto en Irlanda como en Inglaterra, adonde emigra en 1750. Primer libro: "Vindicación de la Sociedad Natural", 1756. Actividad política: Milita en el Partido Whig, el más liberal de los dos existentes. Es elegido secretario privado del marqués de Rockingham, uno de los principales líderes Whig, 1765. Es elegido diputado (miembro de la Cámara de los Comunes) y pronuncia su discurso inaugural, 1766. Aspectos salientes de su vida: mencionados a continuación. Muerte: 1798.
1) Rebelión de los norteamericanos. La relación de los norteamericanos como colonias de Inglaterra es comparable con la de los latinoamericanos y España. Como en las colonias inglesas no se habían descubierto metales preciosos, no sorprende que la intervención de la metrópolis fuera mucho menor. Apenas si el rey de Inglaterra nombraba un gobernador en cada una de las doce colonias y obligaba a los colonos a exportar siete artículos exclusivamente a la metrópolis. Frente a los colonos de España, los de Inglaterra gozaban de enorme libertad. Cada colonia tenía su parlamento, el cual votaba los impuestos necesarios para cubrir el costo de sus respectivos gobiernos. Es natural que tácitamente se aceptase desde los orígenes que los colonos no debían tributos a la metrópolis. Pero, reinando Jorge III, so pretexto de gastos por la guerra con Francia por Canadá, dispuso que se cobrara a los colonos un impuesto que llamó "Stamp Tax", al que nosotros llamaríamos "impuesto a las ventas". Los colonos reaccionaron inmediatamente, aduciendo que, siendo hombres libres, aplicarían el principio "ningún impuesto sin representación". Burke le dedicó su primer discurso en la Cámara de Comunes, con lo que lideró, junto con Pitt padre, la lucha defendiendo a los colonos en su derecho de ser autorizados que duró años, hasta que el episodio se clausuró con la independencia de los EEUU, y para Burke con la fama y el odio del Rey.
2) Defensa del pueblo indio contra la rapacidad de Warren Hastings. El segundo gran asunto que ocupó a Burke fue el juicio político promovido por él contra Warren Hastings, asunto mucho más extenso, de unos veinte años. Burke tuvo información sobre un latrocinio que se había abatido sobre la India Sudoriental (capital Calcuta). Como es natural, el gobierno de la India y la compañía privada y monopólica mantenían estrechas relaciones. Gerenciaba la compañía un hombre sumamente competente, inglés por supuesto, llamado Warren Hastings. Llegó el momento en que la Casa Central empezó a presionarlo para que remesara más dinero. Así que obedecía; notó que no le preguntaban cómo lo procuraba. Ése fue el minuto fatal para los naturales de la región, de todos los niveles económicos, cuyas finanzas fueron succionadas. Naturalmente, ya que nadie le preguntaba, parte para la Compañía, parte para sí mismo, con lo que amasó una enorme fortuna. Entrar en detalles, en un asunto que insumió más de veinte años, es imposible en este ámbito. Habremos de contentarnos con tener certeza que quien veremos criticar a la Revolución Francesa dedicó gran parte de su vida a defender a gente sencilla. En cuanto al resultado final del proceso, la justicia, a cargo de la Cámara de los Lores, declaró a Hastings inocente, predominio de las influencias sobre la justicia; pero una investigación judicial en 1815 reivindicó la tesis de Burke, entonces ya fallecido.
3) La Revolución Francesa. Mucha gente tomó posición contra ella, pero ninguno tan pronto como Burke. En el medio whig en que se movía, particularmente, las primeras noticias se recibieron con reacción positiva. El jefe de la bancada whig, Charles Fox, enfrió su relación con Burke por bastante tiempo. William Windham, su amigo, que había viajado a Francia un mes después de la toma de la Bastilla, le escribió a Burke en tono optimista. "Mi predicción es que todo quedará muy pronto perfectamente ordenado." Ni hablar que Burke lo rechazó todo. Muy pronto publicó un libro en el cual pronosticó que pronto tendrían un golpe de estado militar, que terminaría con la Revolución, y, sin duda, ello aconteció, dándole la razón a Burke, con Napoleón Bonaparte. Insistiré en breve sobre el tema.