El choque de civilizaciones

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«La historia humana es la historia de las civilizaciones. Es imposible pensar sobre el desarrollo de la humanidad en cualesquiera otros términos»

Samuel P. Huntington, el autor del libro cuyo título, en su parte nuclear, he tomado prestado para encabezar este artículo, murió el 24 de diciembre del año que, él también, acaba de extinguirse. Por tanto, este articulista, que ha sido un lector atento y frecuente de esa obra, la más importante de todas, piensa que estamos ante una ocasión oportuna para dedicarle un recuerdo junto con sus lectores. El título completo es El Choque de Civilizaciones y la Reestructuración del Orden Mundial. En la edición que poseo, impresa en el idioma original, abarca 367 páginas. Desde el título, toda cita en español con que el lector se encuentre, es de mi exclusiva responsabilidad.

Huntington comienza el segundo capítulo con la terminante aseveración que sigue: "La historia humana es la historia de las civilizaciones. Es imposible pensar sobre el desarrollo de la humanidad en cualesquiera otros términos." Nótese lo terminante de la afirmación. Claro que, si alguien lo deseara, podría investigar sobre los Estados, y nadie se lo iba a prohibir; pero el fruto que su esfuerzo haría nacer sería pequeño y soso. Desde la antigüedad, los libros de historia tenían por tema la evolución de un Estado o los enfrentamientos de Estados. El autor prevé más adelante que puede haber Estados en conflicto dentro de una civilización —Huntington se refiere a ello como "relaciones entre Estados"— mientras "las relaciones entre civilizaciones y grupos de diferentes culturas" son las que interesan realmente a los historiadores. Un ejemplo sería el libro del filósofo y ensayista inglés Roger Scruton, titulado The West and the Rest (Occidente y los demás), muy recomendable, dicho sea de paso; en cambio, el del conocido arabista, también inglés, Bernard Lewis, titulado The Arabs in History no contemplaría los requisitos de Huntington, ya que los árabes, por más de ser muchos, e importantes, en la civilización respectiva, están lejos de representar por sí solos a los islámicos, cuyo conjunto sí representa a los componentes de una civilización, que aparte de árabes incluye a los persas, turcos e infinitos grupos de Asia Sud-Oriental, Europa, África y hasta algo dentro de América Latina.

Pero, ¿cuántas civilizaciones existen en la actualidad? Antes de responder, aclaremos que el sustantivo "civilización" tiene dos significados: en singular, es una palabra de origen francés, que se opone al barbarismo, con lo cual un agregado humano puede ser "civilizado", en tanto una cantidad de sus integrantes posean un nivel cultural apreciable, y en caso contrario, el conjunto humano será bárbaro. En el sentido plural dicha distinción queda sin interés la distinción de refinamiento y barbarie. Las definiciones de los pueblos, en uno u otro, tiene en cuenta la religión, la zona geográfica en que su mayoría habitan, y, sobre todo, si su cultura es común en grado apreciable. La enumeración que aprueba Huntington es de seis clases, según veremos a continuación.

1) Chino. Todos los investigadores están acordes en que componen una unidad desde hace 1.500 años, tal vez hasta 2.500 años.

2) Japonés. Esta unidad es de antigüedad mucho menor, del orden de 400 años. Algunos historiadores intentan integrar el Japonés con el Chino pero la mayoría insiste en la diferencia.

3) Hindú. Antigüedad de no menos de 1.500 años.

4) Islámico. Originada con la aparición de la religión dominante en la península arábiga, luego extendida generosamente desde el siglo VII.

5) Ortodoxo. Civilización derivada de la separación de los cristianos orientales de los occidentales, desde hace 600 años.

6) Occidental. Data de la Iglesia Católica desde la afirmación de las instituciones a partir de la Edad Media (aproximadamente, por tanto desde el año 700, o la coronación de Carlomagno).

Una característica general que el autor enfatiza en el capítulo 3 es la comparación del incremento poblacional. Particularmente lo hace entre las Civilizaciones Occidental e Islámica, que comparan las dos civilizaciones con religiones inclinadas hacia la búsqueda de prosélitos. En el largo plazo la Islámica está ganando ampliamente. El Cristianismo está ganando por convicción, la Islámica por convicción y por reproducción. El porcentaje de cristianos en el mundo alcanzó un máximo de 30% en 1980, y el autor estimaba que estará en el 25% en 2025, mientras los Islámicos el autor estima que alcanzarán 30% en el mismo año. Cabe agregar que los inmigrantes musulmanes en Italia y Alemania van camino de ser mayoría en la población antes de mucho tiempo. Aparte de ello, el Islam supera de lejos en agresividad a los Occidentales. La Nación de Buenos Aires, en un artículo sobre la muerte de Huntington, del 28 de diciembre, escribe así: "El inesperado atentado a las Torres Gemelas, el 11 de setiembre de 2001, recolocó la obra cumbre de Huntington en las librerías de todo el mundo. Cuando nada era claro todavía, el ataque parecía materializar su teoría respecto de la reconfiguración del orden mundial." En declaraciones formuladas en aquella ocasión, decía: "Los fundamentalistas islámicos se acercan muy bien a la imagen del nuevo enemigo: son fanáticamente agresivos, intolerantes y atacan por atrás. Los gobiernos deben hacer algo con ellos. La amenaza del choque de civilizaciones puede ser evitada."

No debe caber duda de que la visión de Huntington sobre las relaciones que debemos esperar entre Islam y Occidente es problemática, por decirlo más suave que sea posible. En el capítulo 8 escribe así: "Algunos occidentales, incluyendo el presidente Bill Clinton, han sostenido que el Occidente no tiene ningún problema con el Islam, a no ser con extremistas violentos. Catorce siglos de historia demuestran lo contrario... El conflicto del siglo XX entre la democracia liberal y el marxista-leninista no pasa de ser un fenómeno histórico transitorio y superficial comparado con la relación continua y profundamente conflictiva entre el Islam y la Cristiandad." Y comienza un repaso inquietante de las luchas entre el Islam y el Occidente, iniciada en el siglo VII y extendida a través de múltiples confrontaciones que cubren vastas regiones del mundo, de todo lo cual Huntington hace un racconto impresionante. Tal visión suele ocultarse u olvidarse con facilidad, en parte siguiendo los falsos conceptos de la calaña del discurso de Bill Clinton. No por cierto es la conducta de George Bush, que sufrió las consecuencias de su conducta con respecto de Irak, pero que tiene sin duda la conciencia limpia. Sólo me queda esperar que, como algunas señales de que ha tenido ocasión de reflexionar, el presidente electo escuchará con atención las ideas que se le arrimen del lado del profesor Huntington, antes que del lado de su futura ministra de Relaciones Exteriores.

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