En la década de 1930 se destrozó el otrora famoso "peso oro uruguayo", y se inició el control de cambios y del comercio exterior, que se extendió por 40 años. También se creó ANCAP, un monopolio deficiente
En 1931 el país atravesaba una crisis económica profunda; si hemos de juzgar por las medidas adoptadas con el fin de superarla, mayor que la actual. En efecto, esas medidas destrozaron el otrora famoso peso oro uruguayo, y en la práctica tal vez más importante, se implantó el control de cambios, y del comercio exterior, que, más que cualesquiera otras medidas, destrozó la vitalidad de la economía uruguaya. Solo nos hemos visto libres de ellos con el decreto que debemos al entonces ministro Alejandro Vegh Villegas, en 1974. Pero nuestra preocupación de hoy se plantea en 1931, cuando se origina nuestro episodio.
Como decíamos, en 1931 estábamos en crisis, y, como siempre en tales circunstancias, había desempleo. Asimismo, como era de esperarse entre nosotros, había políticos que tenían la experiencia de crear empresas para dar empleos a los correligionarios (ya habíamos empezado en serio con el Banco de Seguros del Estado) y esos políticos habían aprendido a coaligarse entre sí para conseguir las mayorías deseables en las Cámaras. El Ejecutivo debía coordinar a los legisladores, y también sobre eso no se carecía de pericia. Por entonces teníamos la Constitución de 1917, cuya iniciativa provino de José Batlle y Ordóñez, durante su segunda Presidencia (1911 a 14), concebida durante un viaje a Suiza, proponiendo un riguroso colegiado, pero aprobado en definitiva escindiendo el Ejecutivo en Presidente unipersonal, que manejaba Interior (Policía), Fuerzas Armadas y Relaciones Exteriores, así como un colegiado bajo la designación de Consejo Nacional de Administración, que se ocupaba de todo el resto, incluso las Finanzas. Un desastre de Constitución, como el lector habrá apreciado, que pronto, en 1933, culminaría en un golpe de Estado.
Pero ahora tenemos que retrotraernos a 1931 para enfrentar la creación de ANCAP. El Partido Colorado, siguiendo las tendencias de Batlle (que había fallecido en 1929), está, por supuesto, dispuesto a liderar la creación de una empresa del Estado y ponerla a funcionar en el sector privado de la economía. Batlle ya lo había hecho con los seguros. Asimismo, había expresado, en diversas oportunidades, sobre la ideología socialista: lo hizo al periodista y legislador argentino Alfredo Palacios, al embarcarse hacia Europa luego de culminar su primera Presidencia (1907) y, más adelante, elogió ampliamente las ideas de Lenin, en El Día, su diario, en ocasión del fallecimiento del primer dictador comunista ruso. Es digno de mención que, entre los votantes contrarios a la creación de ANCAP, se contaron los dos diputados abiertamente marxistas, el socialista Emilio Frugoni y el comunista Eugenio Gómez, aduciendo ambos que, según sus maneras de ver, la iniciativa de ANCAP tendería a perjudicar el nivel de vida de las familias obreras.
Pero los votos colorados no iban a ser suficientes para fundar la nueva empresa. El Partido Blanco estaba escindido en dos facciones: la mayor, acaudillada por el Dr. Luis Alberto de Herrera, y una menor, caracterizada por la militancia en ella de varios oradores brillantes. Los batllistas "netos" hicieron su oferta a la segunda, llamada Nacionalismo Independiente, ya que numéricamente le alcanzaba para hacer aprobar la ley que les interesaba. El interés en ambas facciones era el de expandir el empleo, y, cuantos menos los votos, más atractiva la repartija. El nombre de la nueva empresa se forjó en parte por las primeras letras de las actividades a producirse. Inicialmente, el nombre iba a ser ANCA. A por Administración, por la actividad genérica a desempeñar, N por Nacional, jactándose del carácter público del emprendimiento, C por combustibles, lo principal, y A, por alcohol, que se trataría de bebidas. Mas en el último momento se incluyó P, por Portland o cemento, para la construcción.
La dirección de la empresa enarboló la conocida leyenda, ANCAP defiende al País, pero la verdad es lo opuesto
Pasadas tres cuartas partes de un siglo desde la creación de ANCAP, ¿qué clase de resultado ella ha dejado para nuestra gente? ¿Desde el punto de vista del empleo, de la producción, de la generación de flujos de ingreso? Desde todo punto de vista, ese resultado ha sido deficiente. La dirección de la empresa enarboló la conocida leyenda, ANCAP defiende al País, pero la verdad es lo opuesto. La única salvedad cabría en cuanto a las personas que cobran sueldo, aunque no tengan trabajo a cumplir. Eso no podría estimarse como una promoción genuina del nivel de ocupación. Hace 5 o 6 años un presidente de ANCAP me decía que había dos mil personas en la nómina de empleados que no tenían funciones que cumplir. En resumen, desde el punto de vista industrial, la decisión de destilar petróleo crudo en el Uruguay, por el momento es indefendible, ya que su mercado no posee el volumen que le permite destilar todas las variedades que cubrieran sus costos. Hace unos años un directorio intentó resolver esa dificultad extendiendo su mercado mediante la compra de estaciones de nafta en Buenos Aires, operación que arrojó una pérdida de centenares de millones de dólares, que no puede creerse sean recuperables.
Aparte de los errores cometidos por los empresarios de ANCAP, ellos frecuentemente se sienten habilitados para desprenderse de millones de dólares del ente, para beneficio de algunos que tienen empresas en dificultades, o se encuentran en apuros, a costa del pueblo, incluyendo en ello a pobres, ricos y medianos. Echamos una mirada sobre la planta de cemento portland de Minas, donde no tenían piedra caliza aceptable, pero sí en el vecindario gente con ansias de disfrutar un empleo en una planta como la que desde 1919 luce en las colinas vecinas a Minas; privada, primero uruguaya, luego norteamericana y finalmente española. ANCAP invirtió en una planta de extracción de piedra y molienda, pero sin piedra aceptable. Se pusieron a trabajar. Empezaron a producir, diría de memoria que hace unos veinte años, y ya el primer año perdieron varios millones de dólares. Y así se sigue allí, hasta hoy. Las pérdidas subieron algo, a pesar de que mejoraron el abastecimiento de piedra. Pero lo que es espectacular es que, siempre, todos los años, los trabajadores saben que la producción se hace, y se hizo siempre, a costa de la empresa. Y tener conocimiento de que no son trabajadores reales, sino que viven de la caridad pública, debe ser deprimente. Sobre todo si llegan a captar que algunos de los contribuyentes de impuestos que los mantienen son más pobres que ellos.
ALUR es una empresa de caña de azúcar y alcohol en la que ANCAP ha volcado a la fecha unos 55 millones de dólares
Semejante caso es el de ALUR, una empresa de caña de azúcar y alcohol, que, presumiblemente por alguna vinculación con los cañeros revolucionarios, a la que se han volcado a la fecha 55 millones de dólares de ANCAP. En la edición del 19 de enero de este año de El Observador, pág. 3, encontrarán los datos respectivos. ¿Y quién sabrá si existen algunos otros casos singulares? Probablemente mucha gente. La cosa es grande. Pertenece a las cosas que nos arrastran barranca abajo.