Evolución de la izquierda (II)

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¿Por qué Marx no se avino a intentar la revolución con el proletariado ruso, que ganaba mucho menos que los del resto de Europa? Por orgullo, tal vez, por temor a tratar con el Lumpenproletariat.

El sábado pasado dejábamos a Marx falleciendo sin haber podido lanzar la revolución proletaria que había pronosticado y justificado 35 años antes. ¿Por qué el fracaso? Pues, en la opinión de este articulista, porque el capitalismo que reinaba en Europa Central en 1883 había elevado el salario real hasta, prácticamente, duplicar el que los obreros percibían el año del Manifiesto marxista, contra el pronóstico de aquél en 1848. Pero, por supuesto, no todos los trabajadores de todo el mundo ganaban lo que los de Europa Central. En Rusia, sin ir más lejos, todavía dentro de Europa, sólo que un tanto hacia el Oriente. ¿Por qué Marx no se avino a intentar la revolución con un proletariado clase B? Por orgullo, tal vez, por temor a tratar con el Lumpenproletariat. O vaya a ser por otra cosa; pero no ciertamente por falta de mercado, porque todos sabemos que la oportunidad existió y hubo ciertamente quienes la aprovecharon.

El que tuvo la visión fue un alemán —otro alemán, tal vez habría que decir—, en promover la revolución que Marx no había logrado encender; pero en Rusia, donde los trabajadores ganaban mucho menos. Fue en tiempo de la Primera Guerra Mundial, cosa de 30 años después de la muerte de Marx. El alemán que tuvo la visión de encender la revolución en Rusia era militar, no político. Era militar él mismo, tal vez de la rama de inteligencia; sabía de sobra que, desde fines del siglo XIX la temperatura política de Rusia estaba a nivel de ebullición. Si el líder revolucionario, que había tenido que refugiarse en Suiza, pudiera ser reintegrado a Rusia, una guerra civil liquidaría el esfuerzo bélico de Francia e Inglaterra. El interés de regreso del jefe bolchevique a Rusia era obviamente de primera importancia para el Ejército alemán, que no dudó en comprometer sus recursos para lograrlo. El guerrillero ruso se llamaba Vladimir Ilich Ulyanov. Su nombre de batalla era Lenin.

El zar y familia pronto fusilados, en Rusia ya mandaba Lenin, dictatorialmente. Él se consideraba discípulo de Marx, pero la dureza de su palabra contrastaba con la sutileza de aquél. Los siguientes entrecomillados son citas literales suyas: "En principio nunca hemos renunciado al terror ni podemos renunciar a él." "La definición científica de la dictadura es un poder que no está limitado por ninguna ley, ni restringido por ninguna regla, y basado directamente sobre la fuerza." Pero si el comunismo —que de eso se trataba— necesitaba un gobernante realmente salvaje, lo encontró en el georgiano José Vissarionovich Yugashvili, alias Stalin. ¿Sabe el lector a cuántos seres humanos mandó matar Stalin? Usted puede pensar que el número de ellos está asociado por las famosas condenas a muerte a los acusados "por traición" en los años 1936 a 38, pero esos apenas aportan cosa de 700.000. En el Libro Negro del Comunismo, de Stéphane Courtois y otros, se estima que unos 20 millones murieron ajusticiados, o en condiciones insoportables en regiones árticas, muchos en el "Gulag", es decir, los campos de concentración que estaban en toda la URSS. A la muerte de Stalin, las condiciones de vida de los rusos mejoraron, pero nunca superaron la mediocridad ni los estrechos límites de su ambiente, en una palabra, el infinito hastío. Finalmente, la URSS colapsó y el comunismo se hizo humo en el mundo, a no ser en regiones de extremado retardo.

Concluyamos con un pensamiento sobre Uruguay. Habrá de elegir un nuevo gobierno en el último trimestre del año en curso. En grandes términos, tendrá una opción dual para que su ciudadanía elija. ¿Qué clase de política es la que llamamos "libre" o "liberal"? Pues es la política de la libertad. El gobierno liberal no se inmiscuye con las decisiones de los ciudadanos. El gobierno se ocupará de que el poder de compra de la unidad monetaria sea estable. Esa es su incumbencia: pero no de la mercancía que va a adquirir Juan, Pedro o Diego. Ése es un asunto personal. Los asuntos personales son de la incumbencia de cada cual. Los asuntos que conciernen a la comunidad son los globales, en los cuales se inmiscuyen todos colectivamente, votando, discutiendo, de todas las maneras que prevé la Constitución. ¿Y los precios? En una política libre, al gobierno sólo le incumbe la totalidad de la masa monetaria y el nivel medio de los precios. Las demandas por bienes finales operan a partir de los consumidores, tratándose de bienes finales o de comerciantes minoristas o de bienes en proceso entre empresarios diversos, y las ofertas de todas clases de bienes y servicios, incluyendo la mano de obra de distintos niveles, todo ello en una enorme cantidad de mercados. Por eso donde la política es libre se consigue un nivel extremadamente más amplio y detallado en los informes que genera.

La política de izquierda, en comparación, ¿en qué consiste? En la URSS consistía en la política de un solo operador, el Estado. Desaparecida la URSS, ya no puede haber un solo operador. Para la izquierda post-URSS, la solución es doble: en parte comandar las empresas estatales (entes autónomos y órganos estatales y departamentales) concentrando las decisiones, y en parte orientar las empresas privadas mediante un conjunto de instrumentos. Es claro que esa orientación condiciona la perspectiva de operadores autónomos, atribuyéndola a una escuela de economía que llaman "neo liberalismo". En realidad deberían denominar a esa orientación "liberalismo", porque su base data esencialmente del siglo XVII, comenzando con Adam Smith. Pero no cabe duda de que las dos son iguales. Por su parte, los liberales llaman a la política económica de izquierda "mercantilismo", por ser la política que los economistas de los siglos XVI y XVIII, en algunos casos, como España, practicaron, con la misma orientación de la izquierda actual.

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