Los pobres y los ricos (I)

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La izquierda política, tradicionalmente, se ha identificado con los pobres, mostrándose a ellos como salvación frente al hambre, y reclamándoles a la vez la ayuda de sus brazos para luchar. Marx, al escribir el Manifiesto Comunista (1848), ponía sus esperanzas en la miseria de los trabajadores para enfervorizar su agresividad anticapitalista, pronosticando que la selva de sus brazos crecería, según más y más burgueses caerían en el proletariado, pero, a la vez que su número se multiplicase, el hambre los tornaría más y más delgados. Vana ilusión la de Karl, porque, una vez que se hubiese completado, en dos generaciones, la transferencia del excedente de mano de obra rural a urbana, el mercado haría que los salarios comenzaran a aumentar, a una tasa estable de 2% al año, lo que multiplicó el salario medio de Europa central por dos veces antes de cerrarse el siglo XIX, de modo que los marxistas se vieron en figurillas para encontrar un terreno hábil en que intentar una revolución, mucho más al Este ahora (Rusia), y eso además gracias a una guerra mundial.

Pero la insistencia en la pobreza como agente revolucionario no concluyó en el siglo XIX. No bien terminada la Segunda Guerra Mundial, como los lectores sin duda lo saben, los ciudadanos británicos le dieron la espalda al colosal Winston Churchill y nombraron primer ministro al mediocre Clement Attlee, socialista. Muy poco después de la paz, el Congreso londinense envió a nuestra región una visita de amistad, compuesta de cinco diputados, cuatro socialistas y un conservador, El PS uruguayo invitó a los socialistas a la Casa del Pueblo, la sede del PS, para agasajarlos y conversar. Había una dificultad: los británicos no conocían el español, los dueños de casa ignoraban el inglés. Ergo, se necesitaba un intérprete. Yo tenía una compañera de clase, en Secundaria, que era socialista, y, sabiéndome angloparlante, me propuso que yo hiciera de intérprete. Encontré la propuesta muy divertida y la acepté, gratuitamente. Habiendo sido el ofrecimiento aceptado, participé en mi carácter en las conversaciones, y también en los festejos. En ellos se cantó, inter alia, La Internacional, de la cual destaco una estrofa. Dice así: "¡Arriba los pobres del mundo! ¡En pie los esclavos sin pan! Cantemos ya todos al grito, ¡Viva La Internacional!" Palabra más, palabra menos, pero las citas con "pobres del mundo" y "esclavos sin pan" les aseguro que están exactamente transpuestas. Tal fue la impresión que aquel canto guerrero me produjo.

La tesis implícita en que Marx y los autores de La Internacional fundaban su política está tremendamente equivocada. El Uruguay, desde la independencia hasta 1875 (militarismo), no tuvo significativamente pobres. Fundamentos para sostener lo que afirmo: 1) En ese lapso (excluyendo la Guerra Grande) fue el país de Iberoamérica que atrajo más inmigrantes. Los inmigrantes nunca se orientan a regiones donde abunden los pobres. 2) Con el militarismo comienza el proteccionismo. La capital comienza a crecer más que el resto del país. Argentina, que crecía detrás de Uruguay, asume el primer puesto de desarrollo. El crecimiento uruguayo se torna más lento. 3) En su segunda Presidencia, Batlle y Ordóñez quiere convertir al Uruguay en un país modelo. Su apoyo al sindicalismo y la intervención estatal en la economía redondean un modelo que normalmente desanimaría la inversión en cualquier lugar del mundo. Se constituyen varias empresas de propiedad estatal. En 1916 el presidente Feliciano Viera, colorado, propone un alto al vertiginoso estatismo. Etcétera. En 1930 todavía se conserva suficiente vigor como para concluir el estadio del Parque de los Aliados, bajo el apremio de tener que jugarse el Campeonato Mundial de fútbol enseguida. Pero después estamos construyendo edificios públicos que llevan décadas y décadas, tal vez medio siglo en construcción, cuyo costo, calculando el interés sobre las inversiones, según se han ido concretando, como habría correspondido, hoy, aún sin terminar, deben totalizar, cualquiera de ellos, un gasto mayor al que insumió el Empire State Building de Nueva York.

Todo ese increíble despilfarro del gasto público se unió al despilfarro en las empresas del Estado (v. gr. centenares de millones de dólares del Banco Hipotecario, y sin duda el despilfarro de ANCAP, cuyas pérdidas el ente oculta siempre hábilmente), lo que explica el gran pobrerío que hoy alcanza números impresionantes. Pero me viene a la cabeza un factor más directo en la generación de la miseria. Se trata de la ley de alquileres, cuyo origen se remonta a la década de 1940, con apoyo general del Parlamento. Yo tengo ese descalabro vinculado al Cerrito de la Victoria, donde por años trabajé como abogado de la gente del barrio. Durante los tres o cuatro años que duró esa modesta asistencia, ni uno solo de la clientela planteó cuestiones sobre reclamos laborales, ni uno solo sobre arrendamientos como propietarios. Ante todo, las consultas y trámites se concentraban en cuestiones de sucesiones. Aquella gente era estrictamente propietarista. Hasta la ley de alquileres, la evolución patrimonial de los hogares del barrio era la siguiente: una pareja que proyectaba casarse compraba un terreno a pagar por mes. Cada fin de semana (ambos novios trabajaban) se reunían con parientes y amigos para construir una vivienda. La levantaban en la parte posterior del terreno, a fin de tener espacio para una segunda vivienda, la mejor de ambas, destinada a alquilar. De allí tendrían recursos para ayudar a los hijos, a fin de que pudieran estudiar, y, llegada la hora de la jubilación, para disfrutar un pasar que la segunda casa les aportaría, justo premio a que su providencia les daba derecho.

Así eran las cosas hasta que los Padres de la Patria dictaron la ley de alquileres, o tal vez hasta dos o tres años después, mientras las inocentes víctimas permanecían ciegas a la catástrofe que les esperaba. El nuevo orden consistía en que los inquilinos pagaban cada vez menos. La ley invocaba la carencia de la guerra mundial, pero era en realidad el alza de precios por la emisión de dinero, la inflación. Se trataba de una salvaje expropiación de los propietarios.

La semana próxima el enfrentamiento de los ricos y los pobres será observado desde un enfoque más extenso, que llegue hasta el presente. Con la diferencia de que entra en la escena la izquierda, que se presenta como campeona de los pobres del mundo. ¿Es realmente así? ¿La defensa será de todos los pobres, o sólo de algunos? Dentro de una semana lo sabremos.

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