Muchas veces la acción de los sindicatos hace menos flexible el mercado de trabajo y favorece a los que tienen empleos a costa de los que no lo tienen
Temo que el público acepte como verdad indiscutible la idea corriente según la cual los sindicatos benefician a los trabajadores en general, suponiendo a la vez que, si les faltase apoyo sindical, los empresarios (empleadores) rebajarían sensiblemente los salarios que pagan a los sindicalizados. Eso no es así, como veremos en seguida. En una economía en que haya a la vez trabajadores sindicalizados y no sindicalizados, los primeros reciben mayor paga que los excluidos de la sindicalización, pero esa diferencia no es atribuible a la falta de protección de los segundos, sino de la habilidad de los sindicalistas para desdoblar los mercados en su beneficio. Sin arreglárselas así, todos los trabajadores en iguales condiciones de productividad recibirían iguales salarios. Esta es la conclusión a que llegaremos al cabo de este artículo, pero antes tendremos que avanzar por partes. La primera será que, para el empresariado, el nivel óptimo del salario de los trabajadores está lejos del nivel cero. Dicho de otra manera, se consideraría la ganancia del empleador una función negativa del nivel medio salarial, con lo que aquél arribaría a un máximo cuando el salario llegase a cero, el mínimo absoluto de la variable.
Para acercarnos a una consideración empírica de este modelo, debemos recurrir a un marco histórico donde rija, o haya regido, la esclavitud. Claro que el régimen de esclavitud no conduce estrictamente a un nivel salarial cero, siendo entendido que las prestaciones alimentarias, de alojamiento y otras análogas se considerasen equivalentes a las salariales, pese a regularse por la voluntad única del "amo". De hecho, esto no representó la situación ideal para los empleadores. Echemos una ojeada histórica a ese régimen.
Nos limitaremos al área del mundo que llamamos Occidente. En la primera etapa esa área es asimilable a Europa, durante el período que conocemos como Antigüedad, cuyo esplendor se sitúa en el período grecorromano, que podría ubicarse entre el siglo VII a.C. y IV d.C. Dentro de ese lapso milenario el progreso en materia cultural es notable, en lo que concierne a la filosofía, literatura, historia y derecho, pero no ocurre otro tanto en la mayoría de las ciencias físicas, químicas y biológicas. La ciencia económica no nace siquiera. Las técnicas agrícolas, junto a las navales, métodos principales en materia de producir bienes, no conocen el progreso. Es difícil dejar de asociar ese estancamiento con la facilidad de la producción basada en la esclavitud. Había mercados de esclavos, en el cual los demandantes eran productores de bienes y servicios y los oferentes eran los captores de hombres y mujeres en áreas primitivas o por efecto de guerras. La producción bajo régimen de esclavitud era sencilla y barata, pero su calidad, estancada.
Más interesante es el caso que se despliega más tarde, donde surge el recurso a los esclavos y trabajadores libres simultáneamente, debido a que monarquías occidentales aceptaban esclavos en sus colonias. Particularmente en el caso de EE.UU., ex colonia inglesa, en donde a mediados del siglo XIX, en el sur había esclavos y no en el norte, en cada caso según el contenido de las leyes en los distintos "estados". A mediados del siglo XIX la población norteña presionaba para que la esclavitud se eliminara en toda la nación, siendo su número el doble del de la sureña, con un presidente de la Unión —Abraham Lincoln— contrario a la esclavitud y, lo más curioso, el general Robert E. Lee, elegido presidente de la Confederación del Sur, también antiesclavista, pero dispuesto a liderar a los sureños por fidelidad a la Constitución Federal, entendiendo que la cuestión en conflicto debía ser resuelta por cada Estado por separado.
Temo que el público acepte como verdad indiscutible la idea corriente según la cual los sindicatos benefician a los trabajadores en general
Pese a que durante algo más de una década EE.UU. se infligió voluntariamente una considerable deflación, con el fin de borrar los efectos de la inflación sufrida durante el conflicto (algo equivalente a un tremendo impuesto), tuvo un crecimiento económico mayor, dentro del siglo XIX, en el período posbélico que en el anterior, sin contar la duración de los combates. Mientras tanto la producción sureña no dio señales de pérdida de eficacia por haber sustituido el trabajo libre por el servil. Todo ello apunta a la conclusión de que la nación en conjunto se inclinaba a favor del trabajo libre. Si a los poderosos la esclavitud les redujera los costos de trabajo en sus plantas y plantíos, su eliminación habría costado mayores esfuerzos. Y la desaparición del trabajo servil habría reducido la tasa de crecimiento de aquel país. De lo cual es preciso inferir que el costo total de producción no se reduce necesariamente por la carestía del costo bruto de la mano de obra.
Desde el punto de vista técnico-económico, se parte del concepto de marginalidad. La idea básica es que la curva que refleja el costo de la producción tiene, en el segmento significativo, un perfil ascendente. El costo crece con la producción. Cuando se completa la producción deseada, el costo marginal apunta al salario de mercado. El ingreso del empresario es un rectángulo demarcado por la recta vertical, de 0 al costo marginal y horizontal desde el mismo punto original hasta el punto del costo marginal. El área bajo la mencionada curva es el costo de mano de obra. El resto del área del rectángulo representa el dinero que va a cubrir los costos de capital y la ganancia del empresario. Si el sindicato presiona con éxito por más salario, el empresario va a reducir la producción, hasta el nuevo costo marginal, lo que implicará una reducción de la mano de obra empleada. Los sindicatos que se sientan debilitados cada vez que pierden obreros sindicalizados, no tienen inclinaciones para ver que esa reducción de trabajadores se concreta. Por eso no presionan más al patrono. Por eso les viene bien que haya trabajadores que se las arreglan con ocupaciones ad hoc —limpiar parabrisas y hacer malabarismos en semáforos, andar en carritos haciendo de cartoneros, etc.— o sencillamente que el gobierno da de comer a los sin trabajo.
El boom económico colosal que asistió al gobierno hasta el año 2008, habría reducido a los sin empleo a un 2% o 3%
El boom económico colosal que asistió al gobierno actual desde su inicio y hasta el año 2008, desconocido en el país, habría reducido a los sin empleo a un 2% o 3%. ¿Por qué seguimos viendo aproximadamente a los mismos sin trabajo? Yo no conozco todas las razones, pero si a usted le interesa el tema, no se olvide de los sindicatos y de los intereses que los mueven.