En pocos días se reunirá en Washington la Sociedad Mont Pelerin. Aparte de sus actividades usuales, celebrará su quincuagésimo aniversario
Es decir que, aparte de oír ponencias, y discutirlas, dejará que su memoria colectiva tome ocasionalmente las riendas de las sesiones y la conduzca a rememorar aquella reunión de 1947 (no es que los socios no sepan sumar, pero el año pasado no tocaba una reunión mundial) en que se impartió a la institución su acta de bautismo.
Treinta y nueve hombres procedentes de 10 países (17 de Estados Unidos, ocho de Inglaterra, cuatro de Suiza, cuatro de Francia, y uno de Italia, Alemania, Noruega, Dinamarca, Bélgica y Suecia) se congregaron en Mont Pelerin, Suiza, un lugar turístico junto a la ciudad de Vevey, con una hermosa vista sobre el lago de Ginebra. No les atraía, sin embargo, la belleza del paisaje. Llegaban movidos por una preocupación por el futuro de la libertad en el mundo, con un sentido de misión.
Les convocaba el liderazgo de Hayek. Friedrich August von Hayek, vienés de origen, desde principios de los años de 1930 profesor de la London School of Economics, había publicado en 1944 Camino de la servidumbre, obra de enorme repercusión, en la que denuncia un avance del socialismo y el dirigismo en Occidente, que amenazaba sumir a la humanidad en la esclavitud bajo regímenes totalitarios. Un vasto consenso da crédito a ese libro, junto con los dos principales de George Orwell, Rebelión en la granja y 1984, y tal vez Oscuridad a medianoche de Koestler, aparecidos por el mismo tiempo, por haber difundido ese sentido de alarma. Hayek no se contentó con continuar su lucha individual por el resto de su vida (su última obra, la genial The Fatal Conceit, vio la luz en 1988) sino que quiso además potenciar el esfuerzo individual del puñado de hombres de parecida orientación de que se sentía parte, fundando una institución que fue desde el principio sui generis.
Déjenme darles algunos datos introductorios. Debo hacerlo porque la sociedad es en realidad poco conocida. No es conocida, básicamente, porque no quiso serlo. Con siete premios Nobel entre sus miembros (Hayek en 1974, Friedman en 1976, Stigler en 1982, Buchanan en 1986, Allais en 1988, Coase en 1991 y Becker en 1992) y otras muchas descollantes personalidades, como Karl Popper, Ludwig von Mises, Lionel Robbins, Fritz Machlup, Walter Eucken, Ludwig Erhard, Vaclav Klaus y muchos otros, no le habría sido difícil conseguir notoriedad. Pero la finalidad original no era influir, ni constituirse en un lobby liberal, ni en un think tank. Por eso rechazó siempre todo apoyo oficial y desdeñó convocar a la prensa. Nunca publicó sus ponencias ni sus debates, por más que no esté prohibido a los socios hacerlo por su lado, y muchos lo hayan hecho numerosas veces. Carece de sede y de personal rentado. No es que los miembros de la sociedad se contentasen con contemplar el mundo; una de las pocas cosas que tienen en común con Marx es querer cambiarlo. Es sólo una cuestión de división del trabajo: la sociedad no es específicamente para eso.
¿Para qué entonces se la fundó?
R. M. Hartwell, el único historiador que ella ha tenido hasta el presente, nos dice, citando a Hayek, que su propósito al promover su fundación fue establecer “una especie de academia internacional de filosofía política” con el fin de “regenerar las ideas del liberalismo clásico y refutar al socialismo”. “Él creía”, continúa Hartwell, “que esto sólo podría lograrse merced a los esfuerzos de “una sociedad internacional de especialistas”. La finalidad era educacional, el método a seguirse socrático: fundar la verdad sobre la discusión libre, siguiendo en ella el ethos innegable del liberalismo. La sociedad habría de constituirse en el foro para esa discusión libre; en las palabras de Hayek, “no para difundir una cierta doctrina, sino para forjar, en un continuo esfuerzo, una filosofía de la libertad”.
Todo esto se refleja en la exposición de propósitos de la reunión inaugural, que no puedo dejar de citar en su casi totalidad:
“Un grupo de economistas, historiadores, filósofos, y otros estudiantes de asuntos públicos de Europa y Estados Unidos (…) ha resuelto aprobar la siguiente declaración de fines.
Los valores centrales de la civilización están en peligro. En vastas áreas del planeta las condiciones esenciales para la dignidad humana y la libertad ya han desaparecido. En otras están bajo constante amenaza por el desarrollo de las actuales corrientes de política. La posición del individuo y de los grupos voluntarios resultan progresivamente socavadas por el crecimiento del poder arbitrario (…).
Este grupo cree que estos desarrollos han sido estimulados por el crecimiento de una visión de la historia que niega todos los criterios morales absolutos y por el crecimiento de teorías que cuestionan la deseabilidad del estado de derecho. Entiende asimismo que han sido también estimulados por una declinación en la creencia en la propiedad privada y el mercado competitivo (…). Creyendo que lo que es esencialmente un movimiento ideológico debe ser enfrentado por argumentos intelectuales y la reafirmación de ideas válidas, el grupo, luego de realizar una exploración preliminar del terreno, es de la opinión de que un ulterior estudio es deseable, inter alia en relación con los siguientes asuntos:
El análisis y la explicación de la presente crisis a fin de transmitir a los demás sus orígenes morales y económicos.
La redefinición de las funciones del Estado a fin de distinguir con mayor claridad entre los órdenes totalitario y liberal.
Métodos para restablecer el estado de derecho y asegurar su desarrollo en manera tal que los individuos y grupos no estén en condiciones de restringir la libertad de los demás y los derechos privados no se hallen a la merced del poder predatorio.
La posibilidad de establecer niveles mínimos de bienestar por medios que no sean adversos a la iniciativa y funcionamiento del mercado.
Métodos para combatir la distorsión de la historia para la promoción de credos hostiles a la libertad.
El problema de la creación de un orden internacional conducente a la salvaguardia de la paz y la libertad y favorable al establecimiento de relaciones económicas armoniosas.
Este grupo no aspira a realizar propaganda. No busca establecer una ortodoxia meticulosa y frustrante. No se alínea con ningún partido político en particular. Su objeto es solamente, al facilitar el intercambio de puntos de vista entre mentes inspiradas por ciertos ideales y amplias concepciones compartidos, contribuir a la preservación y progreso de la sociedad libre”.
Hasta 1997 la sociedad realizó 30 reuniones mundiales y 21 reuniones regionales. Hoy en día es una asociación realmente internacional, con aproximadamente 450 miembros de todos los continentes. Desde el punto de vista de sus miembros, el mundo está hoy en condiciones manifiestamente superiores a cuando se fundó. Si su existencia ya ha desempeñado algún papel en el resurgimiento del liberalismo, la historia lo dirá. Entre tanto sus integrantes siguen creyendo que los liberales no deben dejarse estar.