La Presidencia de ANCAP ha divulgado la puesta en marcha de su tentativa para formar alguna clase de asociación con una petrolera del exterior, a fin de preparar al organismo para desempeñarse cuando pierda la condición de monopolista. Encuentro difícil comprender lo que se trata de hacer, y ello principalmente por dos razones
En primer lugar porque, casi simultáneamente a dicho anuncio, el ministro de Economía, Alberto Bensión, aseguraba que los días del monopolio de combustibles están contados, y que la liberalización proyectada no es compatible con “el mantenimiento sin plazo de una situación de monopolio en la refinación de petróleo a favor de una empresa de capital mixto.” Es muy claro, pues, que ANCAP no podría, aunque quisiese, prometerle a un futuro socio el mercado uruguayo, para esquilmarlo a voluntad. El compromiso enfático del gobierno nos deja ver un mercado libre para la importación de combustibles ya refinados. Sin monopolio la propuesta de ANCAP a los eventuales interesados, de los cuales se habrían acercado ya dos –Repsol y Pérez Companc– no parece ser atractiva
Sobre la segunda razón se apoya directamente la imposibilidad del acuerdo. Con fecha 5 de marzo ANCAP publicó un folleto titulado “Situación actual y propuesta estratégica” donde se afirma sin ambages que la explotación de la nueva refinería sería deficitaria. Luego de señalar que la nueva refinería se basa en el objetivo de refinar 50 mil barriles de crudo al día, en lugar de 38 mil, lo que implicaría una producción excedentaria respecto del consumo uruguayo, el documento dice: “...Si pretendemos vender en Argentina los combustibles deben tener a nivel Refinería el mismo precio reflejando costos al mismo nivel que la Argentina. De no ser así, habrá que subsidiarla, y la única forma para esto sería obtener más recursos para ANCAP a través de precios más altos en el Uruguay.” Y esto, el documento lo reconoce, es inviable
Al mismo tiempo el documento amontona argumentos que abonan la extremada implausibilidad de la hipótesis de un apareamiento de los precios uruguayos ex refinería con los argentinos, y en general con los del Mercosur, o del mundo entero. Según sus números, el Uruguay excede el promedio de precio de las naftas en los tres países restantes en 68,8%, en gas oil en 52,2 %, y en la media ponderada de ambos precios según el consumo relativo de uno y otro destilado en el área (32% y 58% respectivamente) en 57,5%.
O sea que, para poder usar la refinería a su plena capacidad, so pena de ser más ineficiente aún, ANCAP tendría que mejorar su productividad de manera espectacular. Con una rigidez absoluta en su fuerza laboral, entre otras restricciones también influyentes en la situación catastrófica actual, una mejora del orden de la necesaria requeriría un verdadero milagro. Pero eso no es todo. El mismo documento amontona argumentos disuasivos respecto del propósito (que él mismo auspicia) de que ANCAP (y no digo el Uruguay, que es otra cosa) siga refinando petróleo. Los parámetros que reproduce de un informe que ha recabado de la consultora Solomon Brothers son demoledores. Dicha empresa compara a ANCAP con las demás de América Latina de parecida escala, agrupando a las plantas en buenas, regulares y malas. De ello resulta que La Teja está en la zona media en “intensidad de energía” y “expansión volumétrica”; toca la zona buena en “utilización de la refinería”; está en el peor extremo de la mala en “retorno sobre la inversión”, y luego, en cuando a “margen neto de caja”, “mantenimiento” “disponibilidad mecánica” y “personal”, ANCAP está fuera de la escala. Es decir que en una ordenación de mejor a peor respecto un vasto universo de refinerías de las mismas zona geográfica y capacidad, de un total de 9 parámetros, ANCAP está en el borde inferior en uno de ellos, y en 4 queda fuera de la ordenación por haber una discontinuidad entre el borde inferior de la escala y el índice aplicable a ANCAP. El informe no deja ninguna duda a que La Teja es la peor usina refinadora de América Latina, y no parece aventurado inferir que del mundo
¿Qué es lo que ANCAP espera de un socio extranjero? ¿Un milagro? ¿Una generosa disposición a venir al Uruguay a perder plata? (Con libre importación de combustibles refinados, se sobreentiende, de lo contrario no tiene gracia) ¿Está esperando a alguien realmente, en serio, o sólo visitas de cortesía para ganar tiempo? ¿Creen que Santa Claus se va a entreverar con los petroleros? ¿O será el Mago Merlín a quien aguardan?
Veámoslo desde otro ángulo. ¿Qué tiene ANCAP para ofrecerle al socio salvador? El documento oficial del ente a que vengo refiriéndome, que reitera el objetivo de seguir destilando crudo, resume la posible contribución de ANCAP a la asociación en estos términos: “Contamos con la Refinería, la Boya Petrolera, depósitos en José Ignacio, el oleoducto, un muelle....” Noten que todo esto presupone que los refinados de La Teja podrían competir con los importados. De lo contrario, esos activos serían sólo chatarra… Seguimos: “...214 Estaciones de Servicio en el Uruguay, (el 40% del mercado uruguayo bajo sello ANCAP) y abastecemos al 100% del mercado.” Claro está, el 100% del mercado lo abastece ANCAP porque es un monopolio. Cuando sea libre la importación de destilados ciertamente bajaría de 100%, y podría llegar a 0% en tanto ANCAP no comenzase a importar destilados ella también. Probablemente el sello ANCAP se habría vuelto un recordatorio de la expoliación a la que el consumidor uruguayo ha sido sometido por tanto tiempo, y sus estaciones sólo podrían vender reconvirtiéndose el ente en una empresa puramente comercial. De lo contrario, veríamos estaciones vacías de clientela y otras en los cuales los vehículos estarían haciendo cola para ser atendidos. Hasta que la cordura volviera a recuperar su largamente perdido lugar en nuestra sociedad.
Resta encarar la actitud del Poder Ejecutivo en todo esto. El punto de partida del análisis me parece que tiene que ser el incomparable potencial de la liberación de la importación de derivados del petróleo como palanca para cambiar rápidamente las expectativas de los agentes económicos. Aun siendo importantes varias de las medidas restantes anunciadas por el ministro Bensión, ninguna otra puede tener la virtud de convencer a la población de que el Uruguay se está transformando en un país diferente. Hay un antecedente significativo. En 1974, cuando el Uruguay completaba 20 años de estancamiento absoluto, Végh Villegas eliminó el control de cambios y rápidamente colocó al país en una senda de crecimiento superior a la media de la región. No es que la gente reclamase la medida. Al contrario, muy pocos creían en ella. Pero, en cuanto vieron que funcionaba, y que por fin el gobierno había hecho algo que mejoraba sensiblemente sus vidas, se convencieron de que el país había cambiado, y de que había una nueva economía en cuyo seno valía la pena esforzarse y arriesgar. En el presente caso el impacto sobre los bolsillos va a ser mucho más inmediato y más sensible; consiguientemente, ¿por qué esperar? Si lo van a hacer de todos modos, ¿por qué no ya?
Hay una sola respuesta posible: para demostrar que se hizo un esfuerzo importante y no se abandonó la destilación de petróleo con corazón alegre. Yo no creo en un apego duradero del pueblo por un ente que desde 1931 no tuvo otro efecto que esquilmarlo (por algo Emilio Frugoni votó en contra del proyecto en Diputados), pero pongamos que sí lo haya. De todos modos, hay que poner eso en un platillo de la balanza y en el otro el salir pronta y vigorosamente de la recesión cruel que nos aflige. Vista así la cuestión, nadie debería dudar.