A medida que pasa el tiempo, y nos acercamos a la fecha de las elecciones nacionales, todos seguimos con más atención las propuestas de la fuerza política más numerosa del país. Conforme a ello, no nos perdimos una palabra del discurso del líder de aquella, pronunciado el 5 del corriente, en ocasión de su 31° aniversario. ¿Qué haría Tabaré Vázquez si fuese electo presidente? Eso es lo que todos querríamos saber, por obvias razones, y nada mejor que prestar a sus propias palabras el oído más alerta posible.
Vázquez no dejó duda alguna en cuanto a que es contrario al ajuste presupuestal para nuestro país, no sólo en este momento sino siempre. Habló peyorativamente de una “cultura del ajuste”, que se habría desarrollado durante las presidencias de Sanguinetti y Lacalle, dando claramente a entender que tal operación es esencialmente optativa. Casi como si dijéramos: si uno es neoliberal, ajusta siempre; en caso contrario, por regla general, no.
Supongamos que un país tiene un déficit fiscal, por el motivo que fuere. Es como pensar en un matrimonio cuyos ingresos caen por debajo del nivel de su gasto corriente. Pronto la pareja se encuentra seriamente endeudada: con proveedores, con tarjetas de crédito, a través de préstamos personales, etc. Una noche deciden no encender la televisión y discutir el problema. Concuerdan en que no es posible endeudarse más, porque ahora ya lo están haciendo hasta para pagar intereses, y ello equivale a una bola de nieve que va a sepultarlos. Primera alternativa: reducir el gasto. Vender el auto, enviar a los niños a la escuela pública, cancelar suscripciones a revistas no conexas con su trabajo, y cosas por el estilo. O sea, un ajuste. Pero lo que Vázquez les diría es que no se apresuren.
Así como el líder izquierdista percibe al país con el motor del crecimiento económico apagado, y propone que se le haga arrancar de nuevo, en vez de poner más carga fiscal en el vehículo, al matrimonio del ejemplo le diría que ambos deberían conseguirse empleos mejor remunerados. Consejo inobjetable, excepto que ya se les había ocurrido pero no saben cómo lograrlo. Al país Vázquez le ofrece alternativas. Por ejemplo: construir 10.000 viviendas, un nuevo plan de obras públicas, otorgar subsidios, etc. Pero todo eso cuesta dinero, y el problema del gobierno es precisamente que el dinero que recauda es exiguo en relación a sus compromisos, con lo que debe endeudarse más todo el tiempo. El consejo del conductor frenteamplista sería como si la pareja proyectara tomar un préstamo a fin de que uno de ellos se matriculase en Harvard y obtuviese un MBA, lo que aseguraría un incremento de ingresos. También un buen consejo, sólo que peleado con la realidad.
No quisiera exagerar mi discrepancia con Vázquez. Cuando él dice que el ajuste que impulsa el gobierno no revertirá la situación del déficit ni reactivará la economía, sino que llevará a incrementar el endeudamiento, yo estaría dispuesto a suscribirlo; pero con la reserva de que no es nada más que la mitad de la verdad. La otra mitad es que hay que reducir de todos modos el déficit, y que la única manera de lograr ese objetivo y generar expectativas de crecimiento es con una reducción drástica de la plantilla salarial del gobierno y las empresas públicas. Si él estuviese de acuerdo con esto se acabaría la discrepancia. Pero él sólo se refirió, y sólo a propósito del “costo Uruguay”, que no es sino un aspecto del problema, a una reforma del estado “que no signifique su desmantelamiento”. Eso no vale. Tiene que significar su desmantelamiento auténtico, la liquidación del país onírico en que todos aspiran a ser funcionarios públicos o bancarios, o seguimos cuesta abajo. Una reforma del Estado “a la uruguaya” contemplaría la idiosincrasia nacional, pero no nos libraría de un colapso como el argentino. Es como con la “desdolarización” que Vázquez pide. Que sea tan gradual que no se note. Que se base en una nueva confianza en el peso uruguayo, la cual, de ser gobierno, el FA promovería construyendo 10.000 viviendas, invirtiendo fuertemente en obras públicas y repartiendo subsidios a diestra y siniestra. Con más deuda. En conjunto, a la vez una desdolarización de mentira, lo que en sí mismo no me preocupa mucho, y una reforma del estado de pega, lo cual sí entra a preocuparme en serio. Aunque, en realidad, todas las propuestas que exhiben en vivos colores los beneficios y ocultan los costos bajo un pardo manto de hipocresía me resultan odiosas.
Hay otra área del discurso de Vázquez que merece mención. Hasta ahora lo hemos visto infligiendo castigos severos a la sinceridad y la verdad. Ahora le veremos maltratando a la economía y dándole la espalda a la historia económica, nuestra y del mundo, desde que hay datos hasta la actualidad, del ámbito capitalista y del socialista. El líder del FA incluyó entre sus promesas el proteger a la producción nacional en el mercado interno mediante un aumento de la tasa a las importaciones que cobra el BROU. Obsérvese, al pasar, que Vázquez no proyecta elevar el arancel aduanero, que es la forma honesta de proteccionismo, sino valerse de una tasa estadística, que es una forma, obviamente deshonesta, de disimular una protección prohibida por ciertas normas. Y ello, insólitamente, proporcionándole a los eventuales damnificados la prueba del fraude. Pero, con las excusas del caso por la digresión, regreso al hilo de mi tema.
El proteccionismo tiene una nutrida foja de servicios en el Uruguay. Apenas concluida la 2ª guerra mundial, nuestro país se cerró al comercio mundial, justo cuando éste se aprestaba a concretar el lapso de mayor expansión de todos los tiempos, hasta hoy. El Uruguay quedó fuera de él y –tras un moderado crecimiento “hacia adentro” de unos cinco años– entró en un terrible estancamiento, que duró 20 años y sólo cesó cuando en 1974 la economía volvió a abrirse en alguna medida. Hoy en día el gran éxito económico europeo es Irlanda, fundado en la apertura y la desregulación. En 1980 Irlanda tenía un desempleo que doblaba el de Canadá y ésta tenía un PIB per capita 2,5 veces el de Irlanda. Hoy Irlanda tiene la mitad de desocupación de Canadá y su PIB p.c. es 20% mayor que el de Canadá. Todo a través de la apertura y la desregulación del mercado de trabajo. Pasando al campo socialista, citaré a dos economistas del Banco Mundial. David Dollar y Aart Kraay dicen en un artículo de este año: “Abriendo su economía, China ha logrado la reducción de pobreza más espectacular del mundo entero.” ¿Puede quedar alguna duda de que la estrategia que propone Tabaré Vázquez es diametralmente opuesta al interés nacional?
La prensa resalta que la asamblea del FA rechazó la iniciativa de los ultras, de dejar de pagar la deuda externa. Yo si fuera uno de ellos, no me intranquilizaría. Si gana el FA y su gobierno se orienta según la estrategia del líder, vamos a dejar de pagar de cualquier manera. Y pronto.