Las declaraciones de Carlos Ramela a Búsqueda (28-08-03, p.12) tienen interés en diversos planos. En el plano humano, componen un documento cargado de afectividad, que trasunta una adhesión al presidente Batlle de su asesor de hondas raíces afectivas, así como un dramático sentido de frustración, por representársele la gestión de Batlle, merced a una desgraciada conjunción de factores, como una gran oportunidad perdida. Entre aquellos se cuentan, por un lado, la pretendida estrechez de criterio y falta de patriotismo de políticos integrantes de la coalición; por otro, una confabulación de los hados para sembrar en la ruta del gobierno un agobiante obstáculo tras otro
Su plano político desafía al observador con un enigma de muy difícil solución: ¿por qué razón se ofreció al citado semanario una entrevista en la cual, sin duda con la mejor intención, el asesor plasmó una imagen de su jefe que prácticamente lo muestra sensiblemente disminuido para cumplir sus funciones? En mi opinión la carga emocional que ya mencioné puede haber distorsionado la visión del entrevistado, pero ello no sirve para explicar que Ramela se mostrase dispuesto a formular las declaraciones que de hecho vertió. Concebiblemente, puede haber entendido que estaba defendiendo el honor del Presidente al atribuir a culpas ajenas el colmo de indecisión y debilidad en que se resume, en su atribulada percepción, el cumplimiento por aquél de la primera magistratura a su cargo. Sin embargo, tampoco esa hipótesis disiparía la incógnita, que por el momento ha de permanecer cubierta por impenetrable oscuridad
Si, en lugar de ser de actualidad, la información que brindó Ramela hubiese formado parte de sus memorias, décadas más tarde, habría aportado material del más alto interés para los historiadores de los albores del siglo XXI en el Uruguay. De hecho, pese a que la ocasión no era propicia, más aún, le haría incurrir en graves indiscreciones, sin la menor duda con resultados diametralmente opuestos a sus intenciones, de todos modos la entrevista suministra información clave para la comprensión de la presidencia de Batlle Ibáñez. El observador que, habiendo esperado de éste una acción vigorosa y sin dilaciones para contrarrestar los temibles efectos de la reciente devaluación brasileña, no pudo menos que sorprenderse al ver que la primera prioridad del nuevo mandatario iba hacia dar solución a la cuestión de los desaparecidos bajo el régimen de facto, con una curiosa parsimonia frente a lo económico, encuentra en las palabras de Ramela una pista importante. E igualmente en lo que concierne al comportamiento displicente, más bien laxo, del Ejecutivo frente al presupuesto quinquenal, vuelto de primera importancia a raíz de la fuerte depreciación del real y la recesión argentina. Los perplejos hasta pocos días atrás sabemos ahora que, en las palabras de Ramela, el nuevo Presidente estaba procurando una “apertura hacia la izquierda”.
Curiosamente Ramela usó la misma expresión –appertura a sinistra– adoptada en Italia por el partido Demócrata Cristiano a fines de la década de los años ’50, bajo el liderazgo de Aldo Moro, en ocasión de negociarse una coalición con los socialistas, y es muy probable que se la haya oído al propio Jorge Batlle. En la instancia local, se trataba, por supuesto, de un acercamiento del gobierno al FA-EP. Hasta aquí las declaraciones de Ramela no ofrecen dudas pero luego omite precisar cuál era el programa en torno al cual la apertura se materializaría. La cuestión no está en modo alguna clara, porque la estrategia de Batlle al asumir, según el mismo testigo, se componía de “reformas liberales”, tales como “la reforma del Estado, la reforma política, [y] la reforma de los funcionarios públicos”, sin que quepa imaginarse que fuera en torno a esos objetivos que el Presidente persiguiese “los consensos básicos” con la izquierda. En realidad, se trata de todas las ideas del FA-EP, las que han inspirado todas sus movilizaciones, sólo que con el signo opuesto al que se les atribuiría desde una postura liberal. ¿Habría que concluir que Batlle malogró su programa en aras de un acuerdo imposible? Pienso que la carga afectiva de las declaraciones de Ramela no permite otorgar valor definitivo a su testimonio, pero esa es la insólita conclusión que emana de sus palabras.
Otro plano en el cual el documento no puede dejar de despertar interés, a la vez que honda preocupación, es el relativo al estado de ánimo del Presidente como consecuencia de los reveses sufridos a lo largo de su gestión. Una vez más debo recordar al lector que estamos oyendo la deposición de un testigo sacudido por un tremendo shock emocional, pero el tema es demasiado crucial como para dejar pasar en silencio su versión de los hechos. En un fragmento que este columnista encuentra confuso, supuestamente en el trance de negociar con diferentes sectores de la izquierda a la vez que con la coalición, Ramela presenta a Batlle bajo la forma de un pelele: “En ese momento ... el presidente era una especie de muñeco al que lo tironeaban de todos lados de un brazo y lo llevaban para acá, otros lo agarraban del otro y lo llevaban para allá, y el se movía con una pierna en cada lado...” El asesor, sin abandonar el tono respetuoso, reprocha a su jefe “falta de audacia”, tras lo cual continúa: “No seguimos apostando a ese diálogo con la izquierda que legitimaba al presidente” y “ahí se fue generando una situación que terminó de la misma manera que han terminado los últimos gobiernos: un país dividido que tira ladrillazos de una punta a otra”
El asesor ve a su jefe en ese momento presa del desánimo; pero encima llegarían una calamidad tras otra, como la devaluación argentina y la aftosa, notablemente el episodio Bloomberg, sobre el cual el asesor se extiende: “El fenómeno Bloomberg le quitó (a Batlle) un margen de credibilidad y de autoestima ... Entonces el presidente no pudo dar el zarpazo y patear la mesa como hubiera correspondido y como hubiese hecho en otras circunstancias”. Más adelante Ramela nos ofrece un dramático esbozo de un gobernante reducido a la impotencia: “Muchas veces le dije que había que apostar a lo que la gente quería, y salir ... a generar un impulso. Su respuesta siempre fue: ‘Vamos a esperar que la aftosa se levante, vamos a esperar a que se pueda abrir el mercado tal, vamos a esperar a reconstruir un poquito los números’”.
Esa situación no puede continuar. La concesión a un medio de las confidencias de Ramela, seguida del silencio de la Presidencia, proclaman al país que está sin gobierno. Tenemos todavía un año y medio de presidencia Batlle por delante, un año y medio erizado de dificultades, con algunas débiles luces de esperanza que se encienden en lo económico, pero con oscuros nubarrones sobre el terreno político y social. Es imperativo que Jorge Batlle, no con palabras (que presumo querrá silenciar en homenaje a la devoción de su colaborador) sino con hechos, salga sin demora a desmentir la versión de que ha perdido su capacidad de resolver y mandar, con la prontitud y la firmeza que las circunstancias exijan.