¿POR QUÉ EDITA UN LIBRO DE HISTORIA ECONÓMICA DE URUGUAY?
Primero, por la oportunidad. Me ofrecieron la cátedra de Historia Económica en la Facultad de Economía de la Universidad de Montevideo. Yo había dejado mis clases en la Universidad de la República y en la Universidad Católica, pues enseñaba economía a estudiantes de Derecho que no estaban interesados. En segundo lugar, influyó mi gusto por la historia. Y tal vez lo más importante: yo discrepo con la historiografía dominante en Uruguay, en buena medida simbolizada por los libros de José Pedro Barrán y Benjamín Nahum, como por ejemplo Historia rural del Uruguay moderno. Colocan el gran crecimiento de la riqueza en un período muy posterior al que yo presto más atención. No necesito decir que la polémica me gusta. Pensé que si yo tenía una visión diferente era mi deber mostrarla.
¿PARA QUÉ NOS SIRVE LA MEMORIA HISTÓRICA?
El hombre es un animal que tiene memoria, dice Ortega y Gasset, y yo creo que es una verdad fundamental. Para comprender un país hay que ir a su proceso histórico. Siguiendo también a Ortega y Gasset, creo en la razón histórica. Para entender algo –una institución, un período, una personalidad– el investigador debe contar un cuento. En el desarrollo del cuento está la esencia de lo que uno quiere conocer
¿NO SIRVE TAMBIÉN LA MEMORIA HISTÓRICA PARA CAMBIAR EL RUMBO, POR MUY TARDE QUE PAREZCA?
Sí. Creo que este país se apartó de la vía recta, como le pasó a Dante Alighieri en cierto momento de su vida, y es necesario retomar el rumbo. Ese camino, en materia económica, pasa por la apertura, la competencia, por un Estado que no se inmiscuya en todo.
¿DE QUÉ AUTORES URUGUAYOS SE SIENTE TRIBUTARIO PARA LA HECHURA DE ESTE LIBRO?
En primer lugar del historiador Eduardo Acevedo (1857-1948), que fue mi guía fundamental para el período que termina en 1903. Me siento muy obligado con Luis Bértola (1954), actual decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la República, cuyos trabajos estadísticos de historia económica me fueron de gran utilidad, en parte porque confirmaban mi tesis sobre el gran desarrollo temprano de Uruguay. También rindo tributo al historiador Juan Pivel Devoto (1910-1997), por quien sentía gran admiración y mucho afecto personal, y cuyo libro Los bancos y otros opúsculos me fueron de gran utilidad.
¿POR QUÉ URUGUAY, TRAS LA INDEPENDENCIA, PERMANECIÓ VARIAS DÉCADAS SIN MONEDA PROPIA?
Por sabiduría, por memoria de la inflación compartida con Argentina a partir de 1825. La gente tenía muy claro que no quería emisión de papel moneda.
EN EL SIGLO XIX URUGUAY TUVO UN CRECIMIENTO DEMOGRÁFICO ARROLLADOR, QUE SUPERABA AL TAMBIÉN MUY ELEVADO QUE MOSTRARON ARGENTINA, MÉXICO Y OTROS PAÍSES. ¿POR QUÉ?
El inmigrante español, italiano o francés apreciaba la ventaja de una cultura afín. Existía una gran libertad, y también igualdad entre los nacidos en el país y los venidos del extranjero. No menos importante: el país ofrecía enormes posibilidades de progreso económico. El ingreso per capita en 1870 superaba en más del 20% al argentino y era comparable al de los países más ricos de Europa.
CHARLES DARWIN HABLÓ EN 1832 DEL “LIBERALISMO EXTREMO” EN MATERIA SOCIAL DE URUGUAY QUE, DIJO, TERMINARÍA POR DAR BUENOS FRUTOS; JUAN BAUTISTA ALBERDI HABLÓ EN 1852 DE UN PAÍS QUE “CAMINA A SER LA CALIFORNIA DEL SUD”; MÁXIMO TAJES SE SORPRENDIÓ EN 1887 DE “LA VITALIDAD PRODIGIOSA DE ESTE PAÍS, MÁS PODEROSA QUE TODOS LOS DESACIERTOS Y EXTRAVÍOS DE SUS HIJOS”. ENTONCES, ¿EN QUÉ MOMENTO SE EMBROMÓ EL URUGUAY?
Creo que se pierde el rumbo con el proteccionismo levantado durante el Militarismo (1875- 1890). Representó un cambio de perspectiva y de sentido. Se trató de hacer autosuficiente a un país que hasta entonces era abierto, dispuesto a recibir gente y a competir, a vender y a comprar. Fue una insensatez.
¿ESA ES UNA ACTITUD TÍPICA DE LA MENTALIDAD MILITAR, PROCLIVE AL NACIONALISMO Y AL ESTATISMO?
Tal vez, pero no me pronuncio sobre eso, pues la última vez que mandaron en Uruguay (1973- 1985) hicieron exactamente lo contrario: la apertura. Me resulta sumamente difícil de comprender. Desde el Militarismo comenzó a predominar una antropología inspirada en Jean Jacques Rousseau (1712-1778), que deposita su confianza en el hombre, en el progreso, y que considera que el Estado es un ente desde el que se pueden predicar ciertas virtudes morales que exceden las virtudes de cada uno de los hombres que lo componen. Mas tarde influyó el socialismo. Aún hoy la religión dominante en Uruguay es el estatismo. La mayoría prefiere una empresa ineficiente como ANCAP a una empresa privada. Un banco arruinado como el República es el que suscita más confianza.
SU LIBRO ES UNA SUERTE DE NEGACIÓN DE LAS VIRTUDES DEL ESTADO METIDO EN LA ECONOMÍA. ¿PARA QUÉ SIRVE ENTONCES EL ESTADO?
El Estado es muy importante para garantizar la seguridad jurídica, aunque en ese plano también hay otras instituciones privadas. Es indispensable para mantener el orden y para salvaguardar la propiedad. Esas cosas son esenciales en una economía de mercado. Ello no quita que el Estado no puede tener una actividad social, en la medida que la población quiera ayudar a los que tienen dificultades. Eso es parte de la democracia y de una virtud: la solidaridad. Pero el Estado no es el rector, no es el conductor. Mucha gente cree que el Estado debe orientar. No, no sabe orientar. ¿El Estado qué es? Sólo hombres y mujeres que han buscado y conquistado una cuota de poder, pero que no pueden orientar a las personas mejor de lo que las personas se orientan por sí solas.
¿QUÉ FIGURAS CONDUJERON AL PAÍS EN EL SENTIDO INVERSO AL QUE HABÍA TOMADO EN SUS INICIOS?
Ya hablamos del Militarismo. La figura de José Batlle y Ordóñez (1856-1929) es fundamental, no sólo porque estaba en el error, sino también por la tremenda fuerza de su liderazgo. Es un hombre que no tiene igual en la historia de este país. Su carisma político no se basaba en la elocuencia, sino en la profundidad de sus convicciones. Tenía afinidad con algo que la gente guardaba, sin saberlo, en algún rincón de su conciencia. Batlle le vino al Uruguay como anillo al dedo. Y cambió el curso del país, que se cerró. La década de 1930 fue funesta. En todo ese proceso llama la atención la falta de sentido crítico de los uruguayos. Por ejemplo, cuando se creó el Banco de Seguros del Estado en 1911, en la Cámara de Diputados se alzó una sola voz contra esa rareza. Había un banco estatal, lo que no era una rareza; había una usina eléctrica, lo que no era una rareza. Pero una compañía de seguros del Estado –porque no es un banco– sí era una rareza. Es insólito que en el país no haya habido una oposición. Lo mismo vuelve a ocurrir con la creación de ANCAP en 1931. También en 1931 una pléyade de eminencias votó por el control de cambios para enfrentar una crisis de balanza de pagos. Sólo dos personas no se sumaron a la corriente. Uno fue el diputado socialista Emilio Frugoni (1880-1969), un hombre aparentemente atípico pero que representaba en Uruguay lo que Juan B. Justo en Argentina: un socialista que se daba cuenta que el crecimiento del Estado no era lo que necesitaba el trabajador.
¿NO ESTABAN LOS LEGISLADORES RECOGIENDO LAS TENDENCIAS PREDOMINANTES EN EUROPA, QUE ENTONCES PARECÍA MARCHAR INEVITABLEMENTE HACIA ELTOTALITARISMO FASCISTA O COMUNISTA?
Hitler aún no estaba en el poder, y Mussolini nunca fue tan intervencionista en materia económica como el Estado uruguayo. El batllismo es en buena medida un fenómeno nacional. Se abastece entre otras fuentes del viejo mercantilismo, que formaba parte del subsuelo cultural del país como herencia del imperio español.
LUIS BATLLE BERRES FUE QUIEN LLEVÓ AL ESTATISMO A SU PUNTO MÁS ALTO A PARTIR DE 1947. ¿PUEDE CONSIDERARSE UN SOCIALISTA?
No tenía las motivaciones de un socialista. Batlle y Ordóñez pudo haber sido un socialista, pero Luis Batlle Berres era un demagogo, que dio a la gente lo que la gente quería, entre otras cosas protección y monopolios. Su peor acto fue restituir en 1947 el control del comercio exterior mediante permisos previos (durante la segunda guerra mundial, en 1939-1945, eso se había mantenido sólo en la forma). El incremento del estatismo a partir del Militarismo es un freno al desarrollo, pero no lo liquida. La calamidad más grande que sufrió el país fue la parálisis económica que se extendió más o menos entre 1955 y 1974. Esos veinte años nos cambiaron de categoría internacional de país rico a otra más baja. Nos convertimos en otra cosa.
¿BATLLE BERRES ESTABA INFLUIDO POR JUAN DOMINGO PERÓN, LÍDER CARISMÁTICO DE ARGENTINA?
Efectivamente, ¿pero a quién copió Perón? Perón sí era indudablemente un gran admirador de Benito Mussolini
¿DE QUÉ URUGUAY SIENTE ORGULLO?
Por ejemplo del Uruguay que se comportó en forma brillante tras la independencia. Había 74 mil habitantes y nadie confiaba en que fuera viable. Sin embargo se lanzaron a la aventura y gestaron un país abierto. Admiro a los inmigrantes. Mi bisabuelo paterno, por ejemplo, vino de Galicia poco después de 1850, con un niño de 10 años que fue mi abuelo. Vendió su molino en El Ferrol y compró un almacén en Uruguay. Su hijo lo continuó y en la generación siguiente hubo dos abogados, que fueron legisladores, y un médico. Entonces había una gran movilidad social. Esa es la verdad del país. Yo discrepo cuando se dice que los partidos políticos hicieron este país.
¿EL GOBIERNO DE BATLLE FRACASÓ?
Estrepitosamente. El no creó los problemas, los heredó, particularmente de la segunda Presidencia de Julio Sanguinetti (1995- 2000). Me refiero al gasto y a la deuda pública. Sanguinetti dejó una deuda mayor que la que en 1990 heredó Lacalle y luego redujo apreciablemente merced a un acuerdo (Plan Brady). El último año de la gestión de Sanguinetti es uno de los peores de la historia en materia de déficit y endeudamiento. Jorge Batlle asume la Presidencia sabiéndolo, y en vez de decirle al pueblo “nos esperan horas de tribulación”, hizo como que no pasara nada. Los legisladores como siempre quisieron aumentar los gastos y él los dejó. Su responsabilidad es enorme.