La izquierda en la historia

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TRAS LA PUBLICACIÓN DE DAS KAPITAL, MUCHOS SINTIERON QUE SU LUCHA ESTABA BIEN FUNDAMENTADA Y QUE LA CAÍDA DEL CAPITALISMO ERA IRREMISIBLE.

¿Qué debemos entender por “izquierda” en política? Ciertamente, se trata de una cuestión insoslayable, ahora que los de esa orientación se ven a sí mismos en el umbral del poder –recuérdese el libro de Mujica y Arocena ya glosado en esta página– y los politólogos en general asignan alta probabilidad a su éxito electoral a fin de año. Tampoco es tema fácil, pero este articulista teme menos equivocarse que eludir su deber frente a sus lectores

¿Por qué “en la historia”? Porque es la única manera de enfocar la cuestión con que se abre este artículo. Intentar una aproximación intemporal conduce a un inevitable fiasco, como demuestra el libro del recientemente fallecido Norberto Bobbio, Destra e sinistra. Decididamente, me inclino a valerme de la razón histórica, siguiendo a Ortega y Gasset; es decir, a sustituir el análisis abstracto por una narración. Tengo que identificar en el devenir cultural algo que reconocidamente sea “izquierda” y seguirlo paso a paso (en grandes zancadas, como es obvio, en este formato) hasta la actualidad.

La primera tarea resulta facilitada porque hay un episodio histórico en que un grupo humano adopta esa descripción, la asume plenamente, y su herencia ideológica prosigue, asociada a nuestra denominación, hasta el presente. No como un tronco compacto, sino en forma de ramaje, pero sin que la unidad del objeto resulte comprometida. Permítaseme ensayar una síntesis. Francia, 1789. Luis XVI ha convocado los “Estados Generales”. Muy pronto, estos se han declarado “Asamblea Nacional”. Desde el principio, los representantes del pueblo deben dejar los lugares de honor –derecha y centro respecto del presidente de la cámara– a la nobleza y al clero y, según progresan los hechos, los grupos más contestatarios se sientan siempre a la izquierda. Quienes hacen la Revolución Francesa son la izquierda. La revolución descarrila, desembocando en una dictadura militar, eventualmente en la restauración de los Borbones. Ella brilla, sin embargo, como uno de los hitos fundamentales de la historia de Occidente. Su episodio emblemático, la toma de la Bastilla el 14 de julio, es aún bandera de todos los grupos revolucionarios. Su centenario es celebrado oficialmente en la Francia ya republicana, y en toda Europa por los grupos de izquierda. La influencia de los movimientos revolucionarios crece sin cesar. En 1865 se publica el primer volumen de Das Kapital, de Marx, y las masas populares sienten que su lucha está fundamentada científicamente, así como que la caída del capitalismo es irremisible. En 1889 –coincidiendo con el centenario de la Revolución Francesa– se funda la Segunda Internacional socialista, de sólida raigambre marxista, congregando las organizaciones de 19 países, incluyendo Alemania, Austria, Italia, Noruega, Suecia, Gran Bretaña, Bélgica, Grecia, España y Portugal. La efervescencia ideológica tiende a desbordar hacia el terreno de los hechos: En 1871 las organizaciones obreras dominan la capital de Francia por una semana (Comuna de París), pero el progreso parece más prometedor del lado electoral. En Finlandia, el Partido Socialista obtiene en 1916 el 47% de los votos en una elección nacional; en Alemania, el 35% en 1912; en Noruega y Suecia 32 y 36% en 1915 y 1914, respectivamente. Como marxistas, todos esperan la revolución proletaria, la dictadura del proletariado, y el reinado de la libertad e igualdad en la sociedad sin clases.

Como en tantas otras cosas, la 1ª Guerra Mundial introduce un quiebre en la curva del progreso histórico. Marx había escrito: “Los proletarios no tienen patria”. Se suponía que los obreros se rehusarían a combatir en un conflicto suscitado por el capital y el imperialismo. No ocurrió así. Al toque de clarín los obreros guardaron la bandera roja en el ropero y marcharon tras la enseña nacional. Los valores de los proletarios diferían de los previstos por Marx. En segundo lugar, la revolución rusa, con el triunfo de los bolcheviques en su seno, es uno de los subproductos principales del conflicto. Esto encendió de esperanza muchos corazones socialistas, pero en muchos otros ardió el repudio a la dictadura sanguinaria de Lenin y Stalin. Sobrevino así la primera escisión fundamental dentro de la izquierda. Otros factores incidieron en su historia en forma gradual. En lo económico, (en una evolución largamente adelantada en EEUU) los salarios reales europeos se pusieron a crecer exponencialmente al promediar el siglo XIX. Con el tiempo, el tamaño de la bola de nieve se volvió significativo. Políticamente, en el occidente europeo, la estrategia de las urnas lució promisoria. Muchos partidos socialistas incluyeron el adjetivo “democrático” en su nombre. Sin por ello abdicar de su fe marxista ortodoxa.

No, sin embargo, por mucho tiempo. Hubo dos episodios claves al respecto. En 1959 el SPD (Partido Socialista-Democrático Alemán) abandona en su congreso de Bad Godesberg el objetivo de una economía centralmente planificada y declara que “el socialismo democrático en Europa tiene sus raíces en la ética cristiana, el humanismo y la filosofía clásica.” En España, donde el PSOE competía en punto a radicalismo y ortodoxia marxista con los comunistas pro soviéticos, en 1979 Felipe González renuncia a la jefatura del partido hasta que éste elimina de su carta orgánica su adhesión al marxismo.

Lo dicho sintetiza lo ocurrido a la izquierda en Europa Occidental. En el este Rusia, con su economía centralmente planificada y estadísticas amañadas, suscita la admiración de las masas, que imputan a la propaganda reaccionaria los cargos de genocidio que se levantan contra Stalin. Con fuerte ayuda material de los EEUU, la URSS derrota a la Alemania nazi. En su avance sobre Berlín, la suerte política de Polonia, Checoslovaquia, Yugoslavia, Rumania y parte de Alemania queda sellada con la hoz y el martillo. En el lejano Oriente, Mao Dze Dong se enseñorea del país más populoso del mundo, y en los años ’60 y ’70 son vanos los esfuerzos de los EEUU para evitar una fabulosa expansión roja en Asia. La izquierda marxista es ya más de un tercio de la humanidad.

Al culminar los años ’80 sobreviene un volte face electrizante. El imperio soviético se derrumba por sus propias debilidades internas, como el romano, pero no, como este, en cuestión de siglos, sino súbitamente. Con naturales dificultades, la propiedad privada y la ley del mercado recuperan los territorios perdidos desde 1917. China, que con mano de hierro mantiene su poder dictatorial, afloja a buen ritmo las cadenas colectivistas que aprisionaban su economía, y acaba de reconocer en su ámbito jurídico, oficialmente, la propiedad privada

Lector: tal vez este artículo no le haya agregado información a la que ya poseía, pero confío en que no habrá sido totalmente inútil, en cuanto a llenar algún vacío y darle una visión de conjunto. Resta mucho que tratar sobre la izquierda. ¿Cómo ha funcionado cuando ha estado en el poder? En el ámbito del “socialismo real” y, sobre todo, en el del socialismo democrático-liberal. ¿Qué rasgos idiosincrásicos hay que tener en cuenta en América Latina y en Uruguay? Son asignaturas pendientes, con las que este articulista procurará cumplir, en el futuro cercano y tan bien como le sea posible.

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