Desacuerdo en la izquierda

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EL GRAN DESAFÍO PARA LA IZQUIERDA CONSISTE EN DISEÑAR UNA PROPUESTA SOBRE LA MANERA DE CONSEGUIR LA CONFIANZA DE LOS INVERSORES, NACIONALES Y EXTRANJEROS.

¿Qué ocurrirá si el EP-FA gana las elecciones en octubre? Es decir, en la primera vuelta, lo que probablemente le reportaría mayoría en ambas cámaras. La hipótesis de máximo poder para el gobierno resulta más interesante que la de una mayoría relativa, con la necesidad de un gobierno de coalición, o algo por el estilo, y la consiguiente variedad de alternativas, lo que no puede dejar de proyectar confusión sobre el análisis. Es sobre esa hipótesis que la inquisición sobre las intenciones de la izquierda puede procurarnos máxima claridad. Naturalmente, nos situamos ante incógnitas que el tiempo irá ayudando a despejar, pero principio quieren las cosas. Hoy voy a intentar una primera aproximación en base a una interesante nota de Búsqueda, aparecida el 8 de este mes, recogiendo declaraciones de dirigentes del PS y del MPP acerca de la estructura económica hacia la cual querrían que el país se orientase. Así oiremos a los del PS, Reinaldo Gargano y Roberto Conde, tañir la cuerda utópica, y, por su parte, al del MPP, Pepe Mujica, la realista, insinuándose divergencias frontales entre dos agrupaciones centrales de la coalición.

Según Gargano, el PS aspira a una sociedad con “menos capitalismo” y “más comunidad”. Sobre cómo haya de ser tal cosa el senador guarda silencio. Es de lamentar que, para aclarar su pensamiento, no se valiese del muestrario que la historia reciente nos ofrece. China es hoy un país en el que el capitalismo y “la comunidad” coexisten, y en proporciones cambiantes. ¿No podría haber usado la experiencia china para precisar sus ideas? Claro que en China es el capitalismo el que avanza y “la comunidad” la que retrocede. Pero Gargano podría haber dicho, por ejemplo, que la evolución que el PS entrevé para el Uruguay sería como la china, sólo que al revés. O lo que fuere; pero cualquier símil histórico habría sido útil.

Asimismo, el ideólogo socialista querría “más modos de producción social” y que “se transfiera a la gente la responsabilidad de la conducción de los asuntos públicos”. Siempre he tenido la impresión de que Gargano no es un fanático de la claridad, pero creo que en esta oportunidad se pasó. Eso sí, hay que reconocerle en la versión difundida de su discurso un rasgo de originalidad. Es sabido que nuestra izquierda trabaja de larga data con una bête noire, criada en su propio laboratorio, a la que adornan todas las estupideces y maldades imaginables, llamada “economista neoliberal”. Ahora Gargano introduce al “capitalista de derecha”, muy semejante a aquel, solo que un poco más hirsuto y un poco más perverso. Gestado en la “realidad un tanto caótica en que vivimos”, el “capitalista de derecha” quiere combatir contra la marginalidad metiendo a todos los marginales en la cárcel. Por ahora no nos ha hecho conocer otras de sus peculiaridades, pero para muestra basta un botón.

El utopismo de Conde es romántico. Para poner a tono a su auditorio, se declara “hijo de la generación de los ’60 y principios de los ’70, ...[cuando] miles de jóvenes [dedicaron su vida a una] lucha hermosa que por todos los medios intentó lograr un mundo más justo”. No nos habla de los frutos de ese esfuerzo, pero sí del entusiasmo de los rebeldes: “Sentíamos –nos participa– la posibilidad histórica del socialismo, es decir, de una sociedad igualitaria, justa y solidaria, ... basada en la razón y en la moral [y la sentíamos] al alcance de nuestras manos, ... de nuestras vidas.” No lograron que el ideal se encarnase en la realidad –hasta ahora nadie lo logró– pero la experiencia existencial, diría uno al escucharlo, fue lo importante; y justifica otra tentativa, que esta vez tendrá que ser eficaz. El diputado del PS convocó a sus correligionarios jóvenes a “luchar –’luchar’ es obviamente su verbo favorito– para construir una sociedad mejor y sobre todo [mi énfasis] la posibilidad de difundir una nueva ilusión.” La ilusión, obsérvese, pesa más que la realidad: el romanticismo de Conde es a prueba de balas.

Darle la palabra a Mujica nos transporta a un mundo diferente. El EP, nos lo presenta Búsqueda diciendo, tiene “una misión que es concreta: que el resto de los uruguayos tengan un laburo y coman [aunque pueda parecer muy poco] para el intelectual que come todos los días”. A una revista le había declarado: “¿De qué socialismo me hablas en medio del subdesarrollo y la pobreza? ... Tengo que ser un país rico como condición ...tiene que funcionar ese capitalismo, pero un capitalismo como la gente.” El senador muestra poca paciencia con los correligionarios que tejen utopías en torno al socialismo real: “Hay que tener la honradez intelectual de decir las cosas como son ... [en lugar de] andar mintiéndole a la gente.” Y en su emisión radial semanal: afirmar que el FA se haya decidido “por un programa de carácter socialista ...[pone en evidencia una] pajosa debilidad intelectual.” El cargo de faltar a la verdad no se le cae de los labios. Por ejemplo: “No acompañamos la idea de que, por que se tenga una visión socializante de la sociedad ... se tenga que andar mintiéndole a la gente y decir que esa es la visión de nuestro frente político”. ¿Debemos, entonces, comprender que, si dirigentes del EP-FA dicen querer una sociedad con “menos capitalismo y más comunidad”, como recién le oíamos decir a Gargano, para Mujica faltan deliberadamente a la verdad, y si afirman que deben “asumir el gobierno para trascender el sistema, ... para generar nuevas condiciones materiales, ... para el florecimiento de una nueva cultura, de un nuevo sistema de valores”, como según Búsqueda dijo Conde, para el senador del MPP también están mintiendo? No veo cómo pueda eludirse esa conclusión.

¿En qué clase de programa económico está pensando Mujica? Obviamente, ha declarado, “para generar puestos de trabajo necesitamos inversión y para generar inversión tiene que venir plata de afuera”. Coincido con cada palabra. Tengo solo un matiz de discrepancia con lo que sigue. Dice Mujica: “Las inversiones van a venir si la economía camina al 6% o al 7%”. Olvida señalar que, para que la economía comience a crecer a esa clase de tasas, es imprescindible que las inversiones ya hayan comenzado a venir antes. Luego, por cierto, el dinamismo de la economía va a convertirse en otro imán para el capital. Pero se precisa un imán inicial para que la inversión comience a llegar. Ese imán no puede ser más que la confianza de los inversores sobre las condiciones objetivas bajo las cuales el capital va a operar hasta la maduración de sus inversiones. Yo no me atrevo a intentar convencer al líder del MPP acerca de cómo puede lograrse esa confianza. Es más, estoy casi seguro de que no lo lograría. Pero sí puedo instarle a comprender que el gran desafío que tiene por delante, para que cuaje su programa de “realismo en la izquierda” –como me parecería adecuado denominarlo– consiste en diseñar una propuesta sobre la manera de conseguir la confianza de los inversores, nacionales y extranjeros, para cuando –parafraseando la fórmula de su libro con Arocena– la izquierda comience a gobernar.

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