Y de Democracia, ¿cómo andamos?

Descargar PDF

LOS LÍDERES DEL EP-FA, SABIÉNDOSE EN VENTAJA, NO QUIEREN PONER EN PELIGRO EL RESULTADO DE LA CONTIENDA Y OPTAN POR UNA ESTRATEGIA FRONTALMENTE ANTIDEMOCRÁTICA.

Cuando Abraham Lincoln en Gettysburg definió la democracia como el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, dio rienda suelta a su optimismo. Pasemos por alto el primer ítem (“del pueblo”) cuyo significado es impreciso. El segundo (“por el pueblo”) supone que el sistema electoral cumple con su misión de filtrar los candidatos de modo que queden los que mejor se identifican con la ciudadanía; es decir, que el conjunto de reglas que rigen los comicios –en nuestro caso, en grandes líneas, Parlamento y Ejecutivo a la vez, representación proporcional en lo primero, sistema de primarias sin registros partidarios, segunda ronda para el Ejecutivo si la mayoría en la primera es relativa– son tan satisfactorias como sea posible. El tercero (“para el pueblo”) es el que máximamente concentra el optimismo del autor del memorable discurso: implica que se va a utilizar el mecanismo electoral en modo de promover inmejorablemente el interés de la mayoría. El tema no se agota en las urnas, pero –visto el año en que vivimos– nos concentraremos en ese punto.

     ¿Qué supuestos hay que admitir para que tal cualidad deba plasmarse? El primero es que la información al alcance de los electores sea completa y precisa. El segundo –más importante aún– es que los candidatos digan la verdad. El tercero es que las intenciones proclamadas por los candidatos sea estable; sin hacerse humo apenas contados los votos. El cuarto, que podríamos llamar “socrático”, es que los distintos programas se debatan públicamente. El último –crucial– es que, en términos generales, los ciudadanos, en su amplia mayoría, estén en condiciones de entender la información, y cuenten con prensa independiente que los auxilie en el análisis de lo que oigan y lean

     Podría tacharse por exigentes estas condiciones, pero resulta evidente que su negación integral liquida el valor de la democracia como sistema. Totalmente. Los atenienses llenaban muchos cargos por sorteo, concibiendo ser de la esencia democrática que la aptitud de un ciudadano para desempeñar cualquier función se presuma igual a la de cualquier otro. Ese sistema hoy en día no nos resulta muy convincente, pero no cabe dudar de su superioridad respecto al método actual si los candidatos –digamos– en lugar de decir la verdad sobre sus intenciones postelectorales las ocultan, o las deforman con el fin deliberado de engañar al pueblo.

     Mucho me temo que esa desgracia refleje precisamente lo esencial del panorama que los hechos van encargándose de pintar en nuestro horizonte. Mi preocupación fundamental tiene que ver con el comportamiento de los líderes del EP-FA que, sabiéndose en ventaja, no quieren poner en peligro el resultado de la contienda, optando por una estrategia frontalmente antidemocrática. El candidato a la presidencia de la República, Tabaré Vázquez, en un pormenorizado seguimiento de su comportamiento político realizado por el semanario Búsqueda (marzo 4, contratapa), procura imponer una estrategia, según el mismo medio, consistente en “procurar que durante los ocho meses que faltan para las elecciones nacionales todos los dirigentes de la izquierda adopten como base una única premisa: el silencio”.

     No se trata de una conducta compatible con la esencia del régimen democrático. ¿En base a qué estará el candidato presidencial de la izquierda solicitando los sufragios de la ciudadanía? ¿En mérito a su sonrisa, a la suavidad de su decir, a la paz que rezuma un discurso puramente formal, ya que su contenido de fondo está resuelto a ocultar? Al comentar el origen de su carisma, la gente suele sugerir que es a su frecuente contacto profesional con pacientes terminales que debe esa dulzura de sus maneras, con las que ha aprendido a consolarlos. El silencio que ahora impone en sus filas, ¿no será señal de que, cuando sea ya demasiado tarde, con la misma suavidad vaya a anunciarnos el inminente deceso de nuestras libertades?

     El otro personaje del EP-FA por estos tiempos descollante, José Mujica, se sitúa, aparentemente, en el polo opuesto al lacónico del número uno; es decir, en el extremo de la locuacidad. Sin embargo, como les adelantaba hace un instante, la diferencia –contra lo yo que creía hasta hace poco– es puramente superficial. En sorprendentes declaraciones aparecidas también en la misma página más arriba citada, el pintoresco senador, en lo que podría ser un arranque de franqueza, pero también de cinismo, confiesa que su verdadera identidad es la de “lobo vestido con piel de cordero”. O sea que su lenguaje llano, en el cual señalaba que los “proyectos socialistas” estaban fuera de contexto en el Uruguay de hoy, a cuyo pueblo lo que había que darle era trabajo y oportunidad de alimentar debidamente a sus familias, no era más que una cortina de humo. En una nota del semanario Brecha del 27 de febrero, luego de registrar su opinión de que sería inoportuno hablarle de socialismo a los uruguayos, aclaró la postura que en el fondo adopta. “¿Qué querés, que asuste a los burgueses, que los esté corriendo de antemano?” El momento de quitarse la piel de cordero llegaría a su debido tiempo. Y declaró también “Cuando Fidel Castro estaba en Sierra Maestra nunca habló de socialismo y habría sido una estupidez que lo hiciera”. Con lo que no puede dejar de pensarse que el libro que publicó junto con Rodrigo Arocena, comentado en esta misma página –Cuando la izquierda gobierne– no fue, en lo que a él respecta, más que una tentativa de defraudar la confianza del público

     Tal apología de la mentira asombra, y su incompatibilidad con la ética de la democracia mete miedo, pero no agotan lo que su discurso tiene de sorprendente. Mujica quiere engañar, pero anuncia a los cuatro vientos que se propone hacerlo. Afirma que no quiere asustar a los “burgueses”, pero dice más de lo que sería preciso para espantarlos, a poco que los tales “burgueses” tengan dos dedos de frente. Vázquez ordena a sus huestes que se callen, pero con ello está admitiendo que, si hablaran, revelarían cosas que transformaría a la “nueva mayoría” en la vieja minoría de siempre. Es decir, si acataran el ethos democrático, y dijeran la verdad, los ciudadanos uruguayos verían que los líderes del EP-FA, o bien no tienen idea de lo que van a hacer cuando gobiernen, o se proponen transformar al Uruguay en otra Cuba, o cada grupo grande o chico tiene al respecto una idea distinta, con lo que, promovidos al poder, se transformarían en una olla de grillos

     Sea como fuere, los que debían mantener la boca cerrada ya han dicho lo suficiente como para desatar una fuga de capital, y reactivar el éxodo del pueblo oriental, con la sola proximidad de los comicios. ¿Por qué podría ser que Vázquez y Mujica prefieren tomar el poder en una atmósfera de crisis –lo que haría pensar en la preferencia por una política radical– o, alternativamente, que en realidad prefieren perder las elecciones? Esta posibilidad puede parecer peregrina, pero reflexione el lector y verá que es la solución más convincente. En la situación en que encontrarían al país, ganándolas, no demorarían en lamentarlo.

Vista previa del documento