¿Política Marxista?

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“EL PROLETARIADO SE VALDRÁ DE SU DOMINACIÓN POLÍTICA PARA ARRANCAR A LA BURGUESÍA TODO EL CAPITAL Y CENTRALIZAR LA PRODUCCIÓN EN MANOS DEL ESTADO”

El senador Gargano, al registrar desde las pantallas de TV su protesta por la designación de su colega Astori para ministro de Economía, en caso de conquistar el EP-FA la Presidencia de la República, afirmó en forma terminante que la coalición debería gobernar sobre la base de una “política marxista” (sic). Pero, tal cosa ¿en qué consiste?

Quiero decir: lo que conocemos es qué consecuencias políticas Marx preveía tras el éxito de la revolución proletaria. Conocemos, al mismo tiempo, cuál fue la política leninista después de la Revolución de Octubre, porque eso es historia. E igualmente lo son, y por tanto nos constan, la política de Fidel Castro una vez proclamada la revolución marxista leninista en Cuba, y otro tanto la de Mao Zedong, Pol Pot, Tito, etcétera. Las circunstancias varían de un caso a otro; pero en todos la política de marxistas en el gobierno consistió, yo diría, en la aplicación de medidas tales que fueran reproduciendo las consecuencias que habría deparado una revolución proletaria victoriosa, lo que en ninguno de estos casos se dio en la forma prevista por Marx.

Pero, ya que la historia no nos muestra nada que podamos llamar “política marxista”, abramos los libros donde Marx y Engels estamparon su legado político para ser aplicado cuando la revolución proletaria hubiese alcanzado su triunfo final. Henos aquí ojeando el Manifiesto Comunista, que es la obra adecuada para nuestra averiguación. Allí encontramos lo siguiente: “...el primer paso de la revolución obrera es la elevación del proletariado a clase dominante, la conquista de la democracia.” Por supuesto, el vocablo “democracia” está usado en un sentido distinto del que le damos, y les dan los demás países, en la actualidad. Ya veremos, con lo que sigue, qué significa “democracia” en este contexto. El Manifiesto continúa:

“El proletariado se valdrá de su dominación política para ir arrancando gradualmente a la burguesía todo el capital, para centralizar todos los instrumentos de producción en manos del Estado, es decir, del proletariado, organizado como clase dominante, y para aumentar con la mayor rapidez posible la suma de las fuerzas productivas.”

Lector: ¿Habremos leído bien? El señor senador Gargano ¿realmente exige al EP-FA que se valga de la dominación política que proyecta conquistar en las urnas para arrancar gradualmente a los propietarios los instrumentos de producción? Lo ha dicho muy claro, pero uno se resiste a creer que es eso lo que efectivamente está propugnando. Y, ¿cómo es que hará para apoderarse de todo ese capital? Marx vuelve a decirlo con notable franqueza: “Esto, naturalmente, no podrá cumplirse más que por una violación despótica del derecho de propiedad.” Noten, por favor, que esto de perpetrar en nombre del marxismo la “violación despótica del derecho de propiedad” no es este articulista que lo escribe, sino que él se limita a reproducir los mismísimos dichos de Marx y Engels que, al establecer cómo han de comportarse sus partidarios una vez que tomen el poder, lo declaran con sorprendente candor

Me asalta una duda: ¿contará el EP-FA con suficientes agentes dispuestos a violar el derecho de propiedad con el adecuado grado de despotismo, cosa de desembarazarse de eventuales complicaciones? A uno le cuesta aceptarlo, pero el senador Gargano, que encabeza uno de los grupos más numerosos del EP-FA, debe constarle que sí, de otro modo no estaría reclamando que fuese la política marxista aquella en que la izquierda debe inspirar su política, tras el esperado éxito que descuenta conquistar en las urnas. Lenin, por de pronto, se las arregló. En Tiempos modernos, Paul Johnson describe cómo cada empresa, comercial o industrial, o de servicios públicos, contaba con “comisarios que lucían camperas de cuero negro, con poderes ilimitados y una voluntad de hierro, portando revólveres y otros medios de intimidación, que se afeitaban poco y dormían menos.” Lenin, continúa Johnson, dependía por completo de esas bandas armadas, que Trotsky había entrenado en el Soviet de Petrograd, para organizarlo todo. Creyente como era en la violencia, Lenin no se hacía tiquismiquis en cuanto al recurso al terror. Marx le había conferido al método su endoso terminante. “No hay”, había escrito “más que un método para abreviar, simplificar y localizar la sangrienta agonía de la vieja sociedad, y los sangrientos dolores de parto de la nueva, solo un método –el terror revolucionario”.

No sé si habré interpretado bien la reivindicación de una política marxista por el senador Gargano. No puedo menos que pensar que la obra es demasiado cruenta para representarse en un teatro uruguayo. Pero fue él mismo quien se refirió a la política marxista en relación a la que debería aplicarse en este país de ganar el FA las elecciones. Yo lo oí con mis propias orejas, y estoy seguro de que dijo “política marxista”. Tan fuerte impresión me causaron sus palabras, así como el tono firme y adusto con que las pronunció, que no me cabe la menor duda al respecto. Si hubiese hablado de “política progresista”, que nadie sabe bien qué cosa significa, sería algo bien distinto. Pero repito que pidió que se efectivizase una política marxista. Naturalmente, él podrá aclararle lo que quiso decir al público compatriota. Pero, por el momento, lo dicho, dicho está

Por supuesto, Marx no previó un régimen de terror permanente. Eventualmente, sus profecías se dulcifican en alto grado. En el propio Manifiesto sus autores cambian sensiblemente de tono. Allí leemos: “Una vez que en el curso del desarrollo hayan desaparecido las diferencias de clase y se haya concentrado toda la producción en manos de los individuos asociados, el poder público perderá su carácter político. [ ... ] En sustitución de la antigua sociedad burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clase, surgirá una asociación en que el libre desenvolvimiento de cada uno será la condición del libre desenvolvimiento de todos.” Suena bonito, ¿no es verdad? Un tiempo duro puede resultar tolerable si al cabo del lapso total aguarda un final feliz. Es cosa, obviamente, de inquirir acerca de qué clase de tiempo es el que estamos considerando. Lamentablemente, la duración del ensayo marxista mejor conocido no llegó a cubrir la totalidad del período difícil. Al parecer llegó un momento en que la sociedad soviética arribó a un consenso, en cuanto a que no valía la pena continuar con el experimento, y sí en cambio permitir que volviese a haber propiedad privada de todos los recursos, y economía de mercado, como en la mayor parte del mundo. Y el consenso fue tan general, incluyendo a muchos dignatarios del Partido Comunista, que la propia URSS colapsó. ¿Cuánto tiempo insumió lograr ese consenso a partir de la Revolución de Octubre? Unos setenta años. El período sangriento que Marx predijo, ¿cuántas víctimas cobró? Alrededor de 20 millones de personas, ateniéndonos a la URSS exclusivamente. (Pero no se inquiete el lector: en el Uruguay no podríamos alcanzar cifras de parecido calibre).

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